Archive for Mayo, 2009

Alguien en quien creer.

            Dijo Vicente Del Bosque en una entrevista reciente que la clave del éxito de Josep Guardiola había estado en que los jugadores habían creído en él desde el principio. Y no cuesta encontrar las razones para ello: Guardiola forma parte del Olimpo azulgrana, ha pasado por todos los escalafones del club y fue, junto a Johan Cruyff, el icono de un estilo que ha finiquitado definitivamente la satrapía madridista en el fútbol español. Por si eso fuera poco, su carácter austero, moderado y sensato casa perfectamente con la idiosincrasia de una masa social que quiere tanto a su entrenador como detesta a su presidente. Guardiola entró en el complejo vestuario del Camp Nou con galones de general laureado y nadie se atrevió a rechistarle. Él, el entrenador, era el Barcelona y por su boca hablaba el barcelonismo.

 

            350 kilómetros al sur, la situación fue bien distinta. Lastrado por la indefinición de su propia identidad y el caos que generó la desaparición de
Juan Soler, el Valencia CF decidió contratar a un joven e inexperto entrenador. En una arriesgada decisión, que el efímero y clarividente Villalonga quiso revertir tras unas horas en la ciudad, y utilizando palabras de Fernando Sanz, el club puso a un grupo de orgullosos propietarios de una flota de Ferraris en manos de alguien que todavía tenía que ganarse su primer Mercedes. Se buscaba repetir la fórmula Benítez, sin tener en cuenta que el bueno de Rafa es un caso único e irrepetible.

 

            Con esos condicionantes, Emery se puso a trabajar. Sus primeras señales fueron preocupantes: insistió en tener una plantilla corta, aún a costa de poner a los pies de los caballos a jugadores, como Albelda, Maduro o Zigic, con los que luego tuvo que trabajar. Con todo, un calendario favorable, dosis adecuadas de  fortuna y la buena racha del trío Mata-Joaquín-Villa, llevaron al VCF a un inicio de Liga fulgurante en resultados (que no en juego). Unai, poco ducho en las altas cumbres, sacó  pronto a relucir el pecho y no tenía reparo alguno en reclamar su cuota de alta cilindrada por las ánimas nocturnas de la ciudad. “Heredé un solar y he construido un rascacielos”, decía cuando los micrófonos se apagaban. Pero entonces se torció el rumbo y el equipo empezó a perder. Y al entrenador le entraron las dudas. Un día jugaba con extremos, otro sin ellos. Un partido dos medios centros, al siguiente tres. Jugadores olvidados recobraban, sin explicación, protagonismo. Para perderlo justo después de haberse ganado el puesto. Su política de personal resultaba incomprensible.  El míster perdía a marchas forzadas el escaso predicamento con el que contaba entre la plantilla. El reglamento de régimen interno entró entonces en barrena y el equipo se cayó de los puestos de Champions.

 

            El adorno último contra Barça y Madrid no fue más que un espejismo que hay que anotar en el haber de la afición. El equipo ha llegado al final de campaña roto, desorientado por las decisiones de un entrenador que se ha pasado toda la temporada intentando encontrar un sistema de juego, quitando y poniendo piezas sin ton ni son, presa del pánico más extremo. Sólo queda por ver si es capaz de meter al equipo en Europa. Lo consiga o no, su descrédito en el seno del a plantilla es evidente y, de cara a la próxima campaña, habrá que ver si se cambia de plantilla o se contrata a alguien en quien creer.

 

Cuando no sabes a qué juegas.

Si Javi Venta, el lateral con la zancada más corta del país, se reencarna en Garrincha y supera con contundencia en velocidad a todo tu costado izquierdo (me pregunto dónde estaba Pablo Hernández -Javi Venta era su par- en los dos primeros goles del Villarreal, por cierto)…

Si Robert Pirès, que cuenta 35 años pero viene traqueteando a ritmo de cuarentón toda la temporada, parece un cohete entre tus medios centros…

Si Joseba Llorente puede revolverse en el área, con lo que le suele costar girar en esa zona, sin más preocupación que ver como Raúl Albiol le hace una autopista para que vuelva tranquilamente hasta Bilbao…

Si Maduro vuelve a hacer de Maduro…

Si Joaquín no para de darle vueltas a por qué se quedó descolgado del once del Calderón si había cumplido de sobra contra Real Madrid y Español…

Si Villa sigue sin levantar cabeza y necesita rematar dos veces en la misma jugadas para marcar un gol…

Si pasa todo eso, lo normal es que pierdas con el Villarreal y que lo hagas también con el Sevilla Atlético.

Quizás haya sido el detonante de una catarsis que, a todas luces, resulta inaplazable en el Valencia Club de Fútbol. Porque lo cierto es que este Valencia, como publica hoy SUPER, sólo supera en puntos, en la última década, a los de Ranieri y Koeman. Ambos entrenadores fueron cesados de sus cargos. Habrá que ver qué pasa con Emery, técnico que vino como joven promesa pero que ha sido incapaz de imponer estilo alguno. Nadie, a estas horas, sabe todavía cómo juega el Valencia. Ni siquiera, y eso es peor, a qué juega.

Lo mejor, lo único bueno del sábado, observar cómo hay algunos jugadores -Mata, siempre Mata- a los que se les ve el sufrimiento en la cara cuando miran hacia arriba y observan al final del partido a esa alicaída afición valencianista que, al contrario que los actuales jugadores de su equipo, no suele fallar.

Fallar en Villarreal sería imperdonable.

Voy a comenzar por enviar un saludo a mis amigos de Villarreal. Sé que por aquellos pagos tengo fieles seguidores, que andan alborotadísimos, enviando incluso cartas de protesta al President, porque un buen día se me ocurrió decir que este año no tienen mejor equipo que los anteriores y que la prensa los trata de manera mucho más benévola que al Valencia CF.

Pues bien, me reafirmo: el Villarreal ha desplegado este año un juego, en general, ramplón, muy por debajo del que exhibió el año pasado y los anteriores (aún recuerdo a Riquelme sentando cátedra en cancha propia y ajenas). Las bajas que ha tenido la plantilla -excusa a la que se agarra el sector oficialista- no son más que accidental circunstancia: Real Madrid o el propio Valencia han tenido jugadores fuera de combate en una proporción mucho mayor. El debate sobre ello es, además, estéril: las ligas las disputan plantillas y no 11 jugadores.  Detrás de las excusas, aparece un equipo que ha encajado el mismo número de goles que el VCF (51), pero ha marcado 10 menos (55). Una diferencia de +4 goles suele llevar a un equipo a una zona templada de la clasificación. Salvo en la Liga de este año, la peor de la última década. A ello hay que añadir el benévolo calendario del que ha gozado el equipo groguet, que ha debido enfrentar estos días a Barcelona y Real Madrid con los deberes ya hechos y las mentes puestas en fitas más importantes (Barça) y vacaciones de verano (Madrid). De ello, por supuesto, nadie habla. Porque el Villarreal tiene cada año mejor plantilla y allí se hace siempre todo bien.

Dicho esto, el partido en el Madrigal va a ponerle termómetro a la capacidad de Emery de enfrentarse a retos importantes. En el Calderón pinchó de manera inopinada y, en cierto modo, inesperada. Tras un inicio titubeante, el entrenador del Valencia parecía haberle cogido el pulso al equipo. En Madrid, sin embargo, demostró que el traje le iba grande. De cómo plantee el partido va  a depender en gran medida la suerte de los blanquinegros. Del Villarreal ya se sabe qué esperar: dura batalla en el centro del campo, máxima intensidad en jugadas a balón parado y alguna internada por banda de Cani o Capdevila. Los tiempos del tiqui-taca, del juego vistoso y electrizante quedan lejos. El submarino es ahora un equipo rocoso y peleón. Mérito que hay que atribuir a un entrenador, Pellegrini, que si por algo se ha caracterizado es por saber leer a la perfección hasta dónde puede llegar su plantilla en cada momento. Que a estas alturas todavía esté peleando por la Champions deja constancia de su buen hacer y explica que esté siempre en quinielas de equipos de gran postín.

Cabe suponer, teniendo eso en cuenta, que los cantos al sol en forma de trivote pasarán a mejor vida. Que se volverá al 4-4-2. Que no dejará a Joaquín en el banquillo y que recuperará a Marchena para el centro del campo. Cabría desear, incluso, que a Miguel se le aplicase el mismo rasero que a los demás. Y con eso y la intensidad que a buen seguro van a desplegar quienes salten al terreno de juego, el VCF debería ser capaz de demostrar que, como dicen los números (y no yo, amics groguets), este año ha sido mejor equipo que el Villarreal.

Y Villa se fue de compras a la Capital.

Tiempo les ha faltado a los diarios oficiales del madridismo (AS y MARCA) para presumir, los dos al unísono, de haber “cazado” al Guaje de compras por Madrid. Tampoco había que ser ningún lince para conseguir la foto: el bueno de Villa se paseó por lo más granado de la milla de oro comercial del centro de la capital y luego comió con su cónyuge en un conocido restaurante. De modo que el Pulitzer tendrá que esperar. Aún y así, sobre el tema se pueden hacer algunos apuntes:

1.-Cabe esperar que no sea la mujer del Guaje quien le escoja el traje para la boda de su hermano (excusa oficial del bueno de David para darse el salto hasta Madrid). Con los estruendosos -por ser benévolo- pendientes que luce su marido en las orejas (regalo de ella, según todos los indicios), su carrera como asesora de imagen demostró estar finiquitada.

2.-¿Quién no ve normal irse de compras, de vez en cuando, por Madrid? Yo tengo dos amigas, muy valencianas y modernas ellas (A.B. y S.R.) que lo hacen de vez en cuando y vuelven encantadas. Me cuentan que coincidieron temporal y geográficamente con Villa el día de autos. Si fueron a asesorarle -le conocen bien- en la compra del traje, me quedo más tranquilo.

3.-De ilusión también se vive, amigos madridistas. No seré yo quién ponga la mano en el fuego por la continuidad de Villa en el Valencia, pero hay que ser relativamente pueril para pensar que un jugador que anhelan los mejores clubes del mundo va a emplear su día libre para llevarse a su señora a negociar un presunto pre-contrato con un candidato presidencial en Madrid, paseándose por donde todo el mundo pueda verle y comiendo a escasos metros del Bernabéu, en un lugar habitual del mundillo del fútbol. Me temo que quien quiera a Villa va a tener que venirse a Valencia a buscarlo. Estos del Madrid -especialmente esa prensa vendedora de toneladas de humo que tiene gran culpa de lo que le pasa al club- siguen empeñados en que no hay un solo ser vivo -incluyendo a Obama- que no esté dispuesto a dejar lo que esté haciendo, coger un avión y presentarse en las oficinas de ACS anunciando a bombo y platillo que se muere por fichar por la causa blanca. Se equivocan y dan muestra, de nuevo, de ese ombliguismo que les ha llevado a la ruina y  a la antipatía generalizada.

4.-Parece que Wenger, a quien todos quieren vender como el gran fichaje del ser superior, les ha dado calabazas antes de empezar a negociar ¿Dónde compra los trajes Arsène?

Emery no es el General Custer.

Más allá del piscinazo, que lo hubo, determinó el resultado final y no es el primer error que deja al Valencia fuera de la lucha por un objetivo (recordemos el surrealista gol de Adriano en Mestalla varios metros en fuera de juego), el partido de ayer nos deja varias lecturas.

1.-Emery se equivocó. Si hace unos días desde este foro le felicitaba por haberse olvidado de su hilarante recurso al trivote, ayer no se le ocurrió otra cosa que recuperar ese esquema táctico ramplón, trasnochado y obsoleto. En lugar de cambiar una pieza por otra (léase, introducir a Pablo o Morientes en el lugar de Silva), recompuso el equipo de tal manera que trastocó de arriba a abajo algo que venía funcionando bien. En lugar de ser valiente, apostó al cero a cero, tiró la línea de presión hacia atrás y se encomendó a que Villa cogiera alguno de los balonazos que, en forma de asteroide, le lanzaban sus improvisados asistentes. El valiente tiene, como mínimo, el consuelo de ser recordado cuando se ha ido. El cobarde acaba yéndose igual, pero entre la indiferencia generalizada. Desde aquí recomiendo más biografías de héroes legendarios y menos manuales de autoayuda de kiosco aeroportuario.

2.-El Atlético pudo haber cosechado un resultado de escándalo. Su entrenador, él sí, sacó al equipo a jugar como siempre, sin importar que el rival fuera un equipo mejor clasificado. Apostó por un central de la cantera y por sus cuatro atacantes de cartel. Sus jugadores creyeron en la victoria desde el minuto uno y pasaron por encima del rival ¿Qué dirán ahora quienes ninguneaban las opciones rojiblancas a Champions y menospreciaban la capacidad de Abel Resino? Ayer hubo un entrenador valiente y uno… Mejor no hablar.

3.-Resulta especialmente sangrante que el sacrificado en el absurdo sistema táctico de ayer fuera nada menos que Joaquín ¿Fue ése el justo premio a haber estado entre los más destacados de los últimos partidos? Me dicen quienes van a Paterna a diario que el del Puerto está como una moto… así que habrá que abrir un Expediente X para descifrar los criterios de Emery a la hora de confeccionar las alineaciones. Respecto a Pablo Hernández, le quedan dos jornadas. Hace unos días dije que tenía tres partidos para hacer variar mi opinión sobre sus prestaciones: de momento, poquita, muy poquita cosa.

4.-No hay que tirar la toalla. El Bilbao querrá tener un detalle con su afición después del chorreo cosechado en la final de la Copa del Rey . No me cabe duda de que saldrán a por todas en San Mamés y el Atlético tendrá allí un partido complicado. Ganar en Villarreal todavía puede tener premio. Si se pierde -de Emery y su trivote depende en buena medida-, peligra incluso la UEFA.

Florentino: el elefante en la cacharrería.

Dicen -no sé si creerlo- que 250 periodistas asistieron a la presentación de la candidatura de Florentino Pérez a la presidencia del Madrid. Y habló el “ser superior”. Y lo hizo con tintes mesiánicos. Le llevan diciendo durante tanto tiempo que él es el salvador, que lo tiene perfectamente interiorizado. Tanto, que pecó, una vez más, de lo que ha condenado al Real Madrid a la antipatía universal: la prepotencia. Entre líneas lo que acabó trasluciendo de su discurso es que no va a haber dinero que suponga un obstáculo para que un jugador que le interese a él y quiera jugar en el Real Madrid no acabe llegando a vestirse de blanco. Respeto por el resto de clubes: cero. Respeto por las aficiones del mundo: cero. Respeto por el fair play que se supone que tiene que imperar en el fútbol: cero. Cómo sería la cosa que llegó a recalcar que con el Barcelona no existe pacto de agresión alguno. Que es lo mismo que decir que, si alguien se pone a tiro, repetirá la operación Figo.

Olvida Florentino, sin embargo, que las cosas son como son y no como uno quieren que sean. Que los futbolistas a los que va a cortejar ganan ya tanto dinero en sus clubes de origen que no se van a dejar deslumbrar, necesariamente, por los cantos de sirena de sus millones de euros (supongo que explicará, además, de dónde los va a sacar porque la deuda del Real Madrid hace palidecer, según todos los indicios, a la del VCF). Y actitudes como la suya, típica del chulito de la playa que exhibe pectorales en medio de un grupo de veraneantes del IMSERSO, no contribuyen precisamente a que su club recupere el prestigio llevado a la tumba por sus dirigentes y  sepultado por unos medios afines que consideran que en el resto de España no tenemos más que equipitos de pueblo de interés residual. 

No sé si Villa acabará yéndose al Madrid o no. Me dicen que si dependiese de su representante, hoy mismo abandonaría la concentración de los de Emery y se subiría con una bandera merengue a la Puerta de Alcalá a proclamar su amor imperecedero por Florentino y Valdano. Lo que sí sé es que el Guaje no es ningún tonto y no se va a mover de aquí sólo para que otros, los de un lado y los de otro, se repartan un jugoso botín en intermediaciones. De manera que habrá que esperar y ver.

Eso sí, si el Real Madrid espera reconstruir su equipo en torno a Xabi Alonso, apaga y vámonos.

Final con pinta de entrenamiento.

1.-El partido. Sobre cómo iba a transcurrir la final de ayer entre Barça y Bilbao nos sacó de dudas el primer saque de puerta de Gorka Iraizoz. El equipo de Caparrós tiene como mecanismo de ataque predilecto los saques en largo de su portero hacia la cabeza de Llorente, a quien esta temporada nadie en la Liga española ha conseguido ganarle un balón por arriba. El de Logroño suele peinar  hacia los lados, esperando que por ahí lleguen Toquero, David López, Yeste o Susaeta, según quién juegue. Teniendo eso, ¿quién quiere centro del campo? Pues bien, en ese primer saque saltó por los aires la teoría, machaconamente repetida desde los medios de comunicación nacionales, de que el Barça no había preparado el partido con el mismo nivel de entusiasmo que su rival. Sobre Llorente se colocaron dos hombres: Sergio Busquets por delante y Keita por detrás. Lo mismo sucedió en todos los saques posteriores. Llorente dejó de ser el capitalizador del juego de ataque del Bilbao y el Barça demostró que los tiempos de Cruyff y Rijkaard, en los que el equipo era poco más que un grupo de extraordinarios futbolistas que salían a echar el rato goleando al adversario, habían pasado. Guardiola no se está con historias, trabaja la táctica como el que más, y no hace regalos innecesarios.

Por lo demás, al Bilbao le duró el partido lo que consiguió estirar su depósito de gasolina. Presionar con tres hombres la salida del balón de Pinto puede ser una medida acertada si eres entrenador del Chelsea (lo decíamos ayer), pero no del Athletic, por mucho que sea Athletic de Bilbao. El Barcelona acabó pasando por encima de su rival de manera escandalosa y eso que tardó en darse cuenta de que aquello era una final y no un partido de tantos como se juegan a lo largo del año. La primera patada a Messi resultó, para ello, el punto de inflexión. Messi comenzó al trote y terminó al galope tendido. Tanto que la segunda parte más pareció un entrenamiento que una final. El resultado quedó maquillado por la consabida tendencia del Barcelona al preciosismo barroco y por un Eto’o que ayer no habría sido capaz de marcar un gol al mismísimo arco iris. Se demostró que para ganar una batalla de nada sirve prepararla más que el adversario: lo importante son los efectivos con los que cuentas. Y lo de ayer rozó la humillación.

2.-Las aficiones. Soy consciente que lo que voy a decir va contracorriente. Pero puedo asegurar que se basa en lo que ayer vi en Mestalla y no en lo que determinada prensa nos dice que tenemos que ver. Llevo años aguantando la cantinela de que la afición del Bilbao es la mejor de España. Que si es especial. Que si es ésto o es aquéllo. Pues bien, a mí sinceramente me pareció que no es ni mejor ni peor que las demás. Anima cuando el viento sopla a favor y se hunde cuando las cosas van en contra. Ayer tenía delante a unos señores del Athletic que se pasaron saltando toda la primera parte y no dijeron esta boca es mía durante toda la reanudación. Salvo el arreón final, que lo tenemos todos, como para justificar el viaje en balde. Quien diga que los leones pueden dar una sola lección a la afición del Valencia -o, ayer, a la del Barça- está contando una milonga.

3.- El himno. Por fortuna, aunque a muchos pese, en España existe la libertad de expresión. Y ayer el himno de España fue pitado por una inmensa mayoría de quienes abarrotaban las gradas de Mestalla. Están en su pleno derecho. Tan poco se oiría el himno por la megafonía del estadio que fue la primera vez en mi vida que no se me puso la piel de gallina al escucharlo. Es que no lo escuché. Lo pude tararear, eso sí. Y nadie se giró para increparme. Libertad, como he dicho.

4.-Vergüenza. De auténtica vergüenza el reparto de entradas que se hizo para la final. Miles de barcelonistas se tuvieron que quedar en casa o en los aledaños del estadio porque no había una sola entrada disponible. Se suponía que el reparto entre los dos clubes había sido equitativo. A la hora de la verdad, sin embargo, los rojiblancos triplicaban en número a los azulgranas. Además, como por arte de magia, los del Athletic copaban al cien por cien la tribuna de preferencia. Laporta se puede considerar el más listo del pueblo, pero ayer le tomaron el pelo de manera descarada. Y a toda la afición culé. Se demuestra que las federaciones siguen manejándose como chiringuitos del cacique de turno. Como en una república bananera ¿Para cuándo el cambio?

Esta final era para el Valencia. Iker y Silva.

 El Valencia ganó el último gran clásico del fútbol español.

Envidia sana es lo que  sientes cuando ves tu ciudad invadida por aficionados de equipos que no son el tuyo. Envidia y, por qué no, algo de rabia. Seguro que, devotos practicantes de la ucronía como somos todos los que pensamos en clave futbolística, muchos nos hemos acordado hoy de Fermín el del banderín. Sin él todo podría haber sido diferente. Pero no lo ha sido. Si de algo sirve, en todo caso, la celebración de esta final en Valencia es para reivindicar el peso del gran clásico del fútbol español, al que partidos entre equipos históricos, como lo son los que esta noche saltarán al igualmente histórico Mestalla, no hacen sino engrandecer. Y contribuye también a poner en perspectiva la importancia que tuvo que el Valencia la ganara en su última edición hasta hoy. Aquella Copa no celebrada adquiere sólo hoy todo su esplendor y seguro que Ronald Koeman, desde su retiro dorado, sonríe al pensar que se fue de aquí con ella en el bolsillo.

En cuanto al partido, el único margen para la sorpresa que apunta es el del resultado, que no es poco. El Barça tendrá el balón e irá percutiendo ora por un lado, ora por el otro, hasta encontrar el hueco. El Bilbao presionará a muerte lo que le aguanten las fuerzas -son de Bilbao, pero no son el Chelsea- y buscará su suerte en las jugadas a balón parado y la inspiración de un Llorente que crece a pasos agigantados. En condiciones normales, el partido debería ser del Barça. Pero las finales pocas veces presentan condiciones normales.

Casillas.

Parece que al bueno de Julián Montoro no le ha parecido muy bien que Casillas dijera que el Madrid necesita españolizarse y que pare ello nada mejor que fichar a Villa, Silva y Mata. Lógico el mosqueo de Julián, que defiende lo suyo. Pero lo cierto es que si Casillas no ha dicho que a quien debe fichar su equipo es a Xavi, Iniesta o Torres es porque  Barcelona y Liverpool no se han pasado la temporada pregonando a los cuatro vientos que van a tener que vender a sus estrellas para subsistir. Cabe recordar que el Real Madrid tiene una deuda parecida, si no superior, a la del Valencia y sus dirigentes no se pasan la vida lamentando su suerte y maldiciendo a sus antencesores. Se dedican a gestionar el club y afrontar el futuro con el optimismo necesario en un deporte como el fútbol. Si, de paso, como sucederá con Florentino, llegan con un plan serio e imaginativo de viabilidad económica, tanto mejor. En tanto eso no suceda por estos lares, los jugadores del VCF van a estar en boca de todos. Y yo, por cierto, me apunto a la españolización del Real Madrid. Y del Barça, y del Sevilla y del resto de equipos. Quizás de esa manera la Liga consiga recuperarse del tono mediocre que ha exhibido este año. Manda narices que justo en el momento en que la Roja se ha convertido en objeto de culto en medio mundo el Real Madrid esté plagado de holandeses y el Atlético haya llegado a jugar partidos sin un solo español ¡Eres un crack, Iker!

Silva.

Ahora que Silva había regresado del viaje interplanetario en el que parecía estar tras volver de su lesión de tobillo, ha vuelto a causar baja. Una verdadera lástima porque, con Villa en un pico de forma bajo, el canario era a día de hoy el jugador más determinante del equipo. Suplir su ausencia en dos partidos vitales como van a ser los próximos se antoja complicado. Y es que Unai, además de inexperto y un tanto aturullado, no está teniendo mucha suerte con las lesiones de los miembros de su plantilla.  Sobre quién suplirá a Silva, se abren las apuestas. Yo descartaría a Míchel: estos partidos le vienen todavía grandes (lo poco que jugó contra el Madrid fue de una elocuencia palmaria). Entre Pablo y Morientes anda al juego.

Comentarios.

En cuanto a los comentarios de Salvador, coincido con él en que Mascherano es un auténtico crack y tendría sitio, incluso, en la Roja. Algo que pueden decir muy pocos jugadores del mundo. Pero para mí no es un 5. El 5 en Argentina es el medio centro creativo y Mascherano es, para entendernos, un fantástico Marcos Senna. En cuanto a Cambiasso, es una opción que baraja Maradona, junto a la de Gago… y me sigue dejando frío.

Lagui y Granota: de mi predilección hacia Joaquín para los grandes partidos, he dejado constancia en las páginas de Super. De momento, en los últimos partidos creo que me está dando la razón. Pablo tiene mucho aún que demostrar. La lesión de Silva le dará la oportunidad de hacerlo. En 15 días hablamos sobre uno y otro y veremos si Pablo responde a las expectativas que entre todos habéis generado -para mí puro humito japonés (que diría el maestro Bau)-, pero a mí, sinceramente, no me da buena espina. Espero equivocarme.

No se puede pedir más…o quizás sí.

El partido del sábado.

El partido del sábado contra el Real Madrid deja tras de sí unas cuantas enseñanzas:

1.-Que el Real Madrid de ningún modo podía ganar esta Liga. Vale que es la peor Liga -con diferencia- de los últimos años, pero pensar que han estado luchando hasta mayo por quitársela al Barça genera escalofríos de auténtico pavor. Cuando el fútbol era fútbol,  tipos como Gago no hubieran sido capaces de hacerle sombra a otros del cariz del Tato Abadía. Que hayan ganado no sé cuántos miles de partidos seguidos amerita el inmediato regreso de Mulder y Scully porque el asunto rebasa la línea de la paranormalidad.

2.-Si Gago va a ser el 5 de Argentina, el único obstáculo que tenemos por delante en Johanesburgo es Brasil. Parece mentira que Gago y Redondo hayan nacido en el mismo país.

3.-En el Valencia casi todos los jugadores subieron el sábado un piñón su nivel de intensidad. Igual que sucedió contra el Barcelona. Cabe preguntarse qué habría sido del equipo si esta intensidad se hubiese aplicado EN TODOS LOS PARTIDOS DEL CAMPEONATO.

4.-Miguel, sin embargo, quizás porque ni siquiera llegó a enterarse de contra quién se jugaba el partido, se empleó con la misma intensidad de siempre: al trote panorámico yendo para arriba y como si estuviera paseando al perro cuando el Madrid montaba un contraataque y tocaba replegarse -a él los contraataques siempre le pillan en el área contraria, mecachis en la mar-. Hay cosas que claman al cielo. O quizás no y soy yo el único que ve que lo de este lateral no es normal.

5.-Se demuestra que Moretti, Del Horno y Carletto no son el mejor lateral izquierdo del Valencia. ¿Siguen por ahí los responsables de esos fichajes? En tiempos alguien les pondría las Samsonite en la puerta.

6.-Con Joaquín (sí, sí, JOAQUÍN), Mata, Silva y Villa en el campo, los medios centros deben limitarse a aguantar el equipo y entregar la pelota con rapidez a los que saben. Baraja y Marchena parecen haber entendido su papel y están haciendo un final de temporada espectacular. Tanto que produce hasta sonrojo pensar que en algunos partidos de esta temporada Emery optase por jugar con un pleistocénico 4-5-1 con tres medios centros, también llamados medios estorbos, ralentizando el equipo hasta niveles insoportables. Por suerte, ha acabado imperando la cordura.

7.-A última hora, el Real Madrid puso en el campo a un tal Drenthe, que lucía una cabellera que probablemente esté todavía a estas horas haciendo temblar los cimientos del camposanto donde yace Don Santiago Bernabéu. Máxima de Don Santiago: “uno no ficha futbolistas, ficha personas”. Ni los de allí, ni  los de aquí, parecen haberlo tenido muy en cuenta cuando vemos según qué comportamientos.

8.-En su misma posición, en el Valencia juega Mata. Que su fotografía haya sido escogida para generar la imagen de este blog no es baladí. Su figura epitoma lo que todos queremos para nuestro equipo: honestidad, entrega, calidad y, sobre todo, NORMALIDAD.  Si además, de postre, cuaja una actuación estelar contra el Madrid y abre la lata con un golazo, mejor que mejor.

9.-Villa no anda fino. Os podrán decir lo que quieran, pero se le ve un poquito más lento de lo normal y en los controles el balón se le va unos centímetros. Y el Guaje sin su punta de velocidad y sin atar el balón al pie se convierte en poco más que un delantero peleón. Por suerte, la pelea nunca le abandona.

El resto de la jornada.

Hace semanas que en Levante TV y la 97.7 vengo avisando que el Atlético de Madrid es el rival a batir por un puesto en Champions y la gente -salvo la Barbeta- se lo toma a cachondeo. Se descartaba al Atleti con un argumento tan espurio como su irregularidad. Y digo espurio porque si está, a tres jornadas del final, a un solo punto del VCF, una aplicación -así sea relajada- de la lógica invita a pensar que ambos equipos -Atleti y VCF- han actuado con IDÉNTICA irregularidad. Lo contrario, puro sofismo. A su favor, además, el calendario. Recibe al Valencia en casa  el próximo finde y sus dos últimos partidos son muy asequibles. La Champions pasa, por tanto, por no perder en el Calderón y ganar luego en Villarreal. Cualquier otro resultado tendría, presumiblemente, consecuencias fatales.

El submarino amarillo, por su parte, todavía ni se explica cómo pudo arañar un punto del Camp Nou. Estuve allí  y en el ambiente se mascaba goleada  y celebración. Pero el fútbol sigue conduciéndose por caminos inescrutables. Afortunadamente. Al final y por culpa de un gol que Llorente aún no sabe como marcó (Puyol también anda lento) los centenares de miembros de la Guardia Urbana de Barcelona que había apostados en los alrededores de Canaletas tuvieron que volverse para casa ¡Pobrecitos! Lo peor de todo este asunto es ese punto que arañó el Villarreal. Con un Barcelona a pleno rendimiento le habrían caído unos cuantos chicharros al bueno de Diego López.

Un aficionado, en la bajada de Diagonal hacia el Camp Nou, llevaba la camiseta azulgrana con el número ocho y un nombre en letras amarillas sobre el mismo. Mi hija lo leyó, titubeante a sus cinco añitos, y dijo en alto ”DON ANDRÉS”.  Se puede decir más alto, pero no más claro. El 8 del Barça es ahora mismo el más grande y, además, se comporta como tal. Nunca se pavoneará ante la cámara como Cristiano, ni se reservará en exclusiva para las grandes citas como Messi. Pero para nosotros, para esa parroquia de la Roja que no para de crecer, es y será siempre DON ANDRÉS. Nuestro balón de oro, lo gane o no lo gane. Esperemos que su lesión no le impida estar en Roma. No se merece perdérsela.