Cada uno la vivirá según le haya ido, pero lo cierto es que se ha vivido una eliminatoria -a falta de lo de hoy- espectacular. Ayer pudimos ver a las ocho un Depor-Valencia que no defraudó. Luego un Sevilla-Barça jugado a toque de corneta. Acostumbrados al ritmo cansino, casi exasperante, de la Liga -en la que el Barça, por ejemplo, gana los partidos al trote cochinero- lo de ayer fue un soplo de aire fresco. Me gusta la Copa. La lástima es que entre todos se la han puesto en bandeja al Sevilla.
Deportivo-Valencia.- El Valencia jugó bien cuando tuvo un objetivo, cuando había un reto que superar. Luego, como sucede tantas veces en la vida, se quedó sin ambición y no supo si nadar o guardar la ropa. Me parece bien el titular de Super, creo que Emery tiró la Copa -una Copa que este año iba a estar más barata que casi nunca-. Pero no por no alinear a Villa. No creo que Villa esté para decidir muchos partidos en su estado de ansiedad ególatra actual. Sino por no saber leer el partido. Era evidente a los diez minutos de la segunda parte que sus chicos se habían quedado sin ideas, que Silva no daba una a derechas y estaba agotado, que Fernandes no podía con el peso del equipo, que Domínguez sólo recurría al pase fácil, que Vicente notaba los siglos sin jugar. Sin embargo, como suele sucederle -y eso es lo más preocupante- se quedó quieto. Es este Emery un tipo que parece consumido por la duda. Cuando tiene varios días para pensar, hasta se le ocurren cosas. Pero cuando hay que reaccionar en cuestión de minutos, la camisa le queda grande. Ayer el equipo demandó algo distinto y él no se lo dio. Y sí, tiró lo que ya se sabía, visto el resultado en la ida en Barcelona, que iba a ser la mejor oportunidad de ganar un título esta temporada. Algo gravísimo cuando estás en un equipo grande. El problema es ¿de verdad cree Emery que el Valencia es grande y está obligado a luchar por algún título todos los años? Yo, sinceramente, y sin acritud, lo dudo.
Por lo demás, fue un partido en el que se resumieron todos los bienes y males del VCF. En ataque, tuvo capacidad para crear más ocasiones que el rival a pesar de jugar en cancha ajena. Vicente dejó una impresión decente -bastante mejor que la de Alba-, Zigic puso la cabeza en dos buenos centros de Miguel, Silva se movió bien en tanto le aguantó el cuerpo y, sobre todo, la cabeza -con el Valencia tiende al viaje sideral- y Domínguez hizo lo que pudo. Sobre Domínguez hay que decir que a mí no me despejó ninguna de las dudas que albergo. Desde luego, si se le ha traído para jugar por Joaquín, se podían haber ahorrado el billete.
Todo lo anterior, sin embargo y por desgracia, tiene que convivir con una defensa en permanente estado de calamidad. La pasividad contemplativa de estos chicos en el segundo gol del Depor es como para suspenderlos de empleo y sueldo de inmediato. El problema es que, como ya se ha dicho aquí en demasiadas ocasiones, no parece que sea un problema de actitud, sino de aptitud. No es que no sean lo suficientemente agresivos. Es que no saben serlo, no lo tienen en los genes.
Capítulo aparte para Miguel. Puso dos centros normalitos, de los que se exigen a cualquier lateral de primera división, y el señor de Canal 9 aseguró, por partida doble, que “hem recuperat al millor Miguel”. Yo miré a mi señora, a mi lado en el sofá, y aluciné. Las aguas volvieron a su cauce y el mismo, o el otro, señor de Canal 9 llegaron a decir en la segunda parte que “si hubiese estado Bruno, a buen seguro hoy habrían cambiado a Miguel”. Lo cual me lleva a pensar que, en efecto, hay gente a la que se convence con dos centritos, a la que le es exactamente igual que Miguel desequilibre una y otra vez el balance defensivo. Si pone dos centritos y tiene la suerte de que acaban en gol, ya vuelven con la cantinela de “en bona forma, és un dels millors laterals del món”. Pues miren ustedes, señores de Canal 9 y resto de señores, un Miguel en buena forma es, hoy día, pasados años desde que llegó al Valencia, un jugador de segunda división como máximo. Porque un Miguel en buena forma es un futbolista sin disciplina defensiva alguna, sin implicación en los partidos y sin la chispa mínima imprescindible para actuar al máximo nivel. La eterna cantinela del Miguel en buena forma es una gilipollez y por ahí, en buena parte, se le fue al Valencia un título. Pero lo volverán a decir en el próximo partido. Al tiempo.
Sevilla-Barça.- El Barça creyó que ganaría la eliminatoria con la parsimonia con la que está jugando esta temporada. Y no le alcanzó. Cuando quiso reaccionar y puso toda la carne en el asador, se encontró con un Palop impresionante (¡ANDRÉS SELECCIÓN!). Ya he dicho por ahí abajo que los azulgranas están jugando en el alambre toda la temporada. Sus contraataques se hacen a velocidad de tercera edad, se mastica demasiado el balón, se ha perdido agresividad en mediocampo… Aún y así, fue mucho más que el Sevilla. Un Sevilla ramplón, pendenciero, marrullero y tramposo. En el estilo que le caracteriza en los últimos años. Y al que entre todos le han puesto a tiro el título. Insisto en que a alguno habría que pedirle cuentas.
Villarreal-Celta.- Había más de cuatro por tierras castellonenses que tenía bien estudiado el cuadro de la Copa. Lo veía todo despejadito hasta la final. Soñaban con el primer título del “equipo que, junto al Barça, mejor juega en España”, tal como recordaba ayer el amigo Teo se decía en las TV nacionales la semana pasada. TEnía un partido fácil frente a un equipo de segunda división. Puro trámite para los galácticos amarillos… Y pincharon hueso. Más allá de si era o no penalty. La imagen ofrecida fue pobre, pobrísima. Se puede aplicar lo mismo que se ha dicho del Valencia. Tiraron una oportunidad de oro de ganar un título. Y en su caso -recordemos que no tienen ninguno aunque sean el mejor equipo junto al Barcelona- es, incluso, más grave. Pero como allí nunca pasa nada y nadie se atreve a decir nada, imagino que la lectura de la derrota es que así se concentrarán más en la Liga. Craso error. Si siguen así, quedarán fuera de Europa el año que viene y ganando la Copa, además de estrenar su casillero, tenían plaza en UEFA. Yo, sinceramente, eché de menos el golito de Llorente y su cara de mala leche al no celebrarlo, para que Valverde se dé cuenta de la gran injusticia que le está haciendo teniéndolo en el banquillo ¡Qué gran actor!
