La vuelta al cole.
Volvemos al tajo tras unas semanas de asueto y unos cuantos días de incertidumbres cibernéticas. Ha sido un verano corto, como todos, pero impregnado del novísimo regusto de la victoria. Poder pasear por Formentera -refugio de italianos en shorts, deportivas, polo ajustado y pañuelo al cuello a pesar del calor- con la Roja, estrellita en pecho, mientras ellos se emocionaban con los partidos de pretemporada de la Juventus ha sido todo un acontecimiento. El primer capricho que se permite el pobre nunca encuentra rival en los siguientes porque nace de la falta de precedente. De modo que hemos disfrutado lo indecible, colgado nuestra bandera de una ventana, mirado por encima del hombro -por una vez- a los tifosi y sonreído al pensar que nos pasaremos cuatro años defendiendo títulos.
Pero todo lo que sube acaba bajando. Mi hija lleva unos días asegurándome sin pudor -estos niños de hoy no conocen esa circunstancia- que no quiere volver al cole. Creo que sabe (¿lo sabe?) que tiene que volver. La vida es un ciclo permanente y desde pequeñitos nos acostumbran a ello. De repente, ha vuelto la Liga.
Alguien, por cierto, debería prohibir por decreto los partidos de pretemporada. Aparte de tener menos interés que un partidillo de entrenamiento de chavales de prebenjamín, se ha demostrado con ensañamiento que no sirven para nada. Si alguien tiene alguna duda, que le pregunten al actual -es, aunque parezca surrealista, su tercer año ya- entrenador del Valencia. El buen hombre se presentó su primer día en Mestalla henchido de fuerza y voluntad con una buena carpeta de apuntes bajo el brazo, dispuesto a revolucionar el fútbol mundial con sistemas de juego irreconocibles…para acabar utilizando el 4-4-1-1 al que recurre hasta la Bruja Lola cuando la reclaman como solución de urgencia cada vez que echan la entrenador del equipo de su barrio. Aunque parezca mentira, hay equipos que cambian de entrenador.
Lo de Málaga.- Málaga decretó el final del divismo, lo cual es muy positivo. Vi por primera vez en mucho tiempo a un equipo que intentó presionar con cierta coordinación la salida del balón del contrario, un mayor grado de solidaridad, más kilómetros recorridos en el campo, un punto más de agresividad. La desaparición de Villa, cuya última temporada en el equipo registró más goles que esfuerzo, y Silva, que se pasó dos años paseándose sin contemplaciones por todos los campos del país, Mestalla incluído, han sido determinantes. Cabría preguntarse, sin embargo, qué hizo el entrenador en su momento para evitar que Villa se negase de manera flagrante a ayudar lo más mínimo en defensa cuando no le apetecía correr más de la cuenta, o para dejar a Silva en el lugar que mereció desde que Florentino llamó a su puerta para encontrarse con que eran las cinco de la mañana y el chico todavía no había regresado. La respuesta es sencilla: nada.
Sea como fuere, lo del primer cuarto de hora del Valencia en Málaga pareció incluso un equipo trabajado. Se presionaban hasta los saques de banda del rival. Algo sin precedente con el bueno de Unai. Con ese nivel de implicación, era casi obligado que el equipo hiciera caja. Más allá de las bajas registradas -que luego desmenuzaremos- el Valencia puede seguir viviendo del elemento diferencial que le otorgan los dispendios realizados en épocas de vacas gordas. Su once puede ganarle a cualquiera -incluyendo a los dos de arriba- a poco que cada cual dé lo mejor de sí mismo. Como se hacía en otros tiempos. Como se hizo en Málaga durante un buen rato.
Me gustó, en especial, Aduriz. No tiene la calidad de Villa, pero sí corre bastante más que la última versión del Guaje que vimos en Valencia. Con eso, su correcta visión del juego y su capacidad aérea, es un jugador aprovechable. Es, para entendernos, mucho más que Zigic. No se puede decir lo mismo de Ricardo Costa. Cuando le vi en el Mundial, dije aquí aquello de que alguien en el Valencia parece empeñado en que juegue Dealbert, o en que vuelva Camarasa -que casi sería mejor opción-. Observados sus movimientos contra el ataque del Málaga, no puedo cambiar de idea. Con el paso del tiempo puede mejorar su forma física, pero que nadie espere encontrar en Costa un defensa contudente. Eso no se entrena, eso se tiene. En el Valencia no lo tiene nadie.
Los regalos que concedió una defensa que se presenta un año más (¿es que nadie lo ve?) como la línea más endeble del equipo (¿por qué fichan de todo menos defensas?) consiguieron meter a un Málaga en paños menores, repleto de jugadores novatos, en un partido que debería haber quedado finiquitado a los veinte minutos. Por un momento, hasta se vio peligrar el resultado. Banega, que hizo un gran partido y parece dispuesto a perder menos balones, perdió el sitio, Albelda no llegaba y Miguel hizo de sí mismo. Los centrales se iban recto hacia portería como si en el fútbol no existieran los recovecos y aquello parecía el equipo del año pasado.
La aparición de Joaquín resultó fundamental. Más allá de los goles, hizo Joaquín un gran partido. Ya la temporada pasada, y la anterior, comenzó la Liga en gran forma. Luego, inexplicablemente, el entrenador lo sentó en el banquillo. Es bastante posible, así, que el próximo partido lo empiece de suplente. O en la grada. Emery, ya lo sabemos, es un gran psicólogo y sabe cómo hacer que los jugadores se vengan arriba. Pero nadie va a poder demostrar con vídeos en la mano que Joaquín no haya merecido jugar en este equipo desde que llegó. Nadie ha sido mejor que él en su puesto y muy pocos le han aportado al equipo ese suplemento de calidad que hace falta para ganarle al Málaga.
Nos quedamos, por tanto, como estábamos. Resulta esperanzadora la actitud que tuvo el equipo durante algunas fases del partido. Creo que Soldado, además, puede dar un gran rendimiento y que Topal debería ser el escudero de Banega para fortalecer el centro del campo y conseguir mayor consistencia. Pero es casi descorazonadora la endeblez defensiva. La misma de la que hablábamos la temporada pasada.
Las bajas.- Hay quien cree que Alexis no debería haber sido traspasado. Yo, desde luego, no. Hay quien dice que se refuerza a un rival directo con esa venta. Yo opino lo contrario. Hubo quien dijo que este chico tenía madera de selección. También hay quien dice que los marcianos nos vigilan. Lo cierto es que con Alexis el Valencia ha hecho un negocio redondo. Que te hayan pagado, en lugar de pagar tú, por que se vaya este chico es como para que la en su momento ensalzada secretaría técnica del Sevilla se lo haga mirar. Quizás con detalles como éste se explica el bache por el que pasa el club del amigo Del Nido.
Otra cosa es lo de Marchena. A mí me parece un jugador todavía muy aprovechable. Pero Emery no lo tragaba. Es mi opinión que Emery siente un cierto complejo de inferioridad ante jugadores con cierta edad, experiencia y curriculum. Se siente empequeñecido, incómodo y, hasta cierto punto, acomplejado. Las salidas de Villa o Silva le han dado aire. La de Marchena también. Por bien que el sevillano no fuera el de sus mejores tiempos, nadie podrá convencerme de que Navarro, Costa, Dealbert o Maduro son mejores. Emery lo mareó hasta la inanición poniéndolo donde no debía -contó para ello con la anuencia un poco ignorante del jugador, que creyó que servía para centrocampista-. Y así estamos, temblando cada vez que hay un centro al área.
Para acabar, una simple pregunta. Si Emery no quería a Marchena y el Villarreal estaba dispuesto a traspasar a Godín (pedazo de jugador) ¿por qué a nadie se le ocurrió un trueque y un poco de dinero? A Aduriz y Soldado los ficho yo desde el sillón de mi casa. Si quieren ahorrar dinero, que desmonten eso que llaman dirección deportiva.
