Archive for Septiembre, 2010

Preciado se equivocaba.

Sporting-Valencia.- No sólo tenía razón Mourinho cuando denunciaba la vergonzosa renuncia del entrenador del Sporting a siquiera disputar el partido del Camp Nou (relegando a la mayoría de titulares lanzas un obvio mensaje a la plantilla completa), sino que, además, fue preámbulo de la demostración de la escasa idea que, a veces, demuestran tener los entrenadores del momento que viven los equipos ante los que se enfrentan. Y es que de lo que se acaba de ver en El Molinón, si a algún partido debió renunciar Preciado fue precisamente al que su equipo jugaba contra el Valencia. El Sporting demostró estar a años luz del Valencia, mucho más lejos, desde luego, de lo que estuvo el otro día del Barcelona si consideramos que esta vez jugaba en casa. Que sirva de lección para otros entrenadores metidos a grandes estrategas del universo de la rotación.

Dos más dos suelen ser cuatro, incluso cuando hablamos de fútbol. Si en tu plantilla tienes a un Aduriz en plena forma física y a un Soldado con hambre, cualquier cosa que no sea alinear a ambos es pura superchería. Entre los dos desnudaron de forma casi ominosa a la defensa gijonesa durante la hora que dedicó el Valencia a jugar el partido -la última media se dedicó a pensar en el que viene el miércoles-. Tras el 0-1, que demostró que Topal, además de dar más salida al balón de la que suele tener el equipo y tener más fuerza física que cualquiera de sus compañeros, crea muchísimo peligro a balón parado (¿jugará contra el ManU?, conociendo a Emery yo diría que no), se encontró este nuevo y espléndido Valencia en el territorio que mejor domina: el contraataque. Tiene para ello en Soldado a uno de los mejores delanteros del país en esa faceta. Su zancada en las contras es espléndida, da gusto verlo. Gracias a ella se ganó en Getafe la merecida reputación que le llevó hasta donde está. Fernandes interpretó bien sus obligaciones y, aunque tuvo tres o cuatro de esas pérdidas que hacen de Fernandes el jugador que es, supo combinar la pausa con la salida fulgurante tal como necesitaba el equipo. Equipo que jugó bien, como exigía el encuentro.

Decepcionó mucho el Sporting. Su entrenador, un tipo de esos que cae bien a todo el mundo y, por tanto, parece que nunca se equivoca, salió sin Barral ni Bilic. Puso a De las Cuevas acompañando al delantero argentino que han fichado este año. El primero no es delantero y el segundo, de lo demostrado hoy, tendria grandes dificultades para hallar hueco en algún equipo de la regional preferente valenciana. Es argentino, eso sí. Eguren demostró por qué en Villarreal iban locos por quitárselo de encima y sólo Diego Castro creó algo de peligro. Muy poco para un Valencia especialista en esta etapa con Emery en no fallar contra los equipos pequeños. Acaso sea por el humilde origen de su entrenador, lo cierto es que tanto la temporada pasada como esta se mueve el VCF como pez en el agua contra esos rivales a los que no les llega la calidad para inquietar en demasía salvo que el equipo contrario se relaje. De ese modo, se llega a final de temporada en disposición de disputar las plazas de Champions. Pero para aspirar a algo más -y para amarrar la tercera plaza- hay que ganar también a los equipos grandes. Y ahí está la asignatura pendiente de este Valencia.

Levante-Real Madrid.- Me costaría mucho encontrar en el túnel del tiempo una plantilla tan poco dotada para la primer división como la del Levante. Aunque contra el Real Madrid mejoró un ápice respecto a la pobrísima impresión que me causó contra el Sevilla, lo cierto es que denominar fútbol a lo que se vio en el Ciutat de Valencia es ser generosísimo. Sólo un equipo intentó ganar, el Madrid. Sólo uno parecía saber que el balón es algo que hay que intentar pasar a uno de tu mismo equipo para avanzar hacia adelante y, eventualmente, introducirlo en la portería contraria, el Madrid. Más parecía un entrenamiento de once delanteros contra once defensas que otra cosa. Y si no ganó el Madrid fue porque remató de manera lamentable. Su superioridad fue aplastante frente a un Levante al que el balón no le duró ni una sola vez más de dos otres pases, más de cinco o seis segundos.

En esas condiciones, pensar en salvar la categoría es mucho pensar. Lo que no se le puede discutir a los granotas, en cambio, es el empeño que le ponen. Por ahí pasan sus esperanzas, por construir el edificio de la salvación en torno a un concepto aguerrido y un tanto pendenciero del fútbol. A estas alturas, en todo caso, el Levante es, con diferencia, el equipo más flojo de la categoría. Mucho trabajo tiene por delante el bueno de Luis García, gran entrenador que, con suerte o sin ella, lo cierto es que ayer consiguió arañar un punto frente a un Madrid al que le falta algo.

Respecto al Madrid, más allá de que Higuaín tuvo uno de esos partidos en los que confunde la pelota con un melón, su problema está en el centro del campo. Ha conseguido Mou lo que siempre le acompaña: una defensa férrea. Pero, como por otra parte se preveía, no consigue desatascar el juego en la parcela central. Juntar a Alonso y Khedira, dos jugadores idénticos, con idénticas dificultades para concebir el fútbol como un deporte en el que hay que avancer en vertical y no en horizontal, conlleva la tranquilidad en tu puerta y cierta inoperatividad en la del rival. O mucho me equivoco o Khedira, un fichaje más que discutible, acabará dando con sus huesos en el banquillo. El Madrid es mucho Madrid y difícilmente se va a sostener un edificio basado únicamente en la solidez defensiva.

Se quejaba, por cierto, Mourinho -que, aunque a la mayoría os desagrada sobremanera, yo creo que suele decir verdades como puños- de la teatralidad de los jugadores del Levante. Con toda la razón. Vergonzosa la actitud de un buen puñado de ellos, que recurrían a la detestable y, por desgracia, habitual triquiñuela de querer perder tiempo fingiendo males impostergables de los que se recuperaban de inmediato cuando veían que el Madrid, con toda la razón del mundo, no tiraba fuera el balón. Esa costumbre de nuestro fútbol dice muy poco de nuestros futbolistas y si a base de ser criticada acaba erradicándose, bienvenidas son las palabras del entrenador del Madrid. Que espero, por cierto, no consienta en el futuro que sus jugadores hagan lo mismo.

Bilbao-Barcelona.- Fue muy superior el Barça. Todavía más cuando echaron a la calle al leñero Amorebieta. Parece mentira que aún alguien tenga dudas sobre esa roja, por cierto. El Barça se lo tomó bastante en serio y, con ello, el partido casi estaba sentenciado de inicio. Notable la actuación de los centrocampistas azulgrana, en un día en el que los delanteros estuvieron nefastos. De momento, el Villa del Barça es el mismo que finiquitó su estancia en Valencia de forma enloquecida, disparando a todo lo que se mueve, angustiado en plan Ronaldo. Aunque parezca increíble, también le dejan tirar a la basura las faltas directas de su equipo, lo que demuestra que aquí estamos todos locos. Ayer falló tres o cuatro goles cantados. La gente empieza a dudar si lo del cambio con Ibra fue buena idea. Es pronto para pronunciarse.

Hércules-Sevilla.- Imagen radicalmente distinta a la del Levante ofreció otro recién ascendido y mucho que me alegro por los amigos de Alicante. El Hércules fue más que el Sevilla. Tiene un equipo muy bien construido. Una defensa rapidísima y solvente (que Cortés no esté en el Valencia es algo que creo más de uno acabará lamentando), un centro del campo al que no le quema el balón, un Drenthe que está materialmente que se sale y un Trezeguet que, contra todo pronóstico, ha llegado a la tierra de su señora dispuesto a seguir dando guerra. Faltaba, por no estar en plenitud, otro excelente jugador: Valdez, que con Trezeguet forma una de las mejores delanteras del campeonato -el pánico que sembró el ya veterano francés entre los centrales sevillistas, Alexis mediante, fue espectacular-. Este Hércules dará que hablar a poco que le vaya cogiendo el aire a la categoría.  El Sevilla no tuvo su día. Jugó con Romaric y Zokora llevando la batuta, así que tampoco se podía esperar mucho más. A uno le da la impresión de que, sin previo aviso, a estos chicos del Sevilla les ha dado por fichar jugadores que no necesitan y se olvidan de cubrir los puestos en los que sí están verdaderamente necesitados, como un medio centro creativo o un media punta con algo de gol. Huele a candidato a quedarse fuera de Champions este año.

Noticia buena, noticia mala.

Primer partido ante un rival directo de la temporada. Dos noticias. Una buena y una mala. La buena es que el Valencia no parece peor que el Atlético. La mala es que tampoco parece mejor. El Valencia jugaba en casa y no se notó, más allá del planteamiento conservador de Quique -que no repetirá en Madrid-. Quitando los últimos veinte minutos, el Valencia realizó el juego que le convino a su rival, no inquietó lo más mínimo y pareció volver a la mediocridad de la que venimos en el último bienio. La salida de Soldado -imprescindible, para mí, en el once- y el repliegue físico del Atlético reactivaron al Valencia, que acabó el partido siendo otro. El yin y el yan.

No me gustó la alineación antes de empezar el partido y siguió sin gustarme durante la totalidad del mismo. No sé lo que le pasa a Bruno, pero Miguel no tiene sitio en este equipo. Lo de los centrales es seguir machacando en hierro frío (luego volveremos sobre R. Costa), aunque desde ya digo que la única pareja que puede sacarnos de la exasperación en la que vivimos es Stankevicius-Fernandes. Albelda ya es más problema que solución: apenas contribuye a la salida del balón, distribuye lo justo superada la primera línea de presión y recula demasiado hasta convertirse en un tercer central -dejando una autopista en su parcela- en la mayoría de ataques del rival. Me pareció bien apostar por el Chori, pero decepcionó el argentino, que funciona mucho mejor en partidos con espacios. En realidad, los partidos que le vimos en el Rubin Kazan fueron todos, sin excepción,  de contraataque para su equipo, en los que se movió como pez en el agua. Ante defensas férreas le cuesta mucho más. Tampoco vi justificada la presencia de Mata en el once. Está lejos del nivel que demostró hace ya algún tiempo y, desde luego, por detrás de Pablo H. para jugar en banda. Aquí no se trata de que juegue quien tenga más nombre, caiga más simpático, sea mejor persona o haya demostrado ser mejor jugador en temporadas anteriores. Eso, al menos así parecía, se acabó con Silva y Villa. Aquí debería jugar quien estuviera en mejor disposición. Mata no lo está. Lo otro son ñoñerías, en virtud de las cuales deberían jugar los veinticinco, que son estupendos chavales, yernos ideales y hermanitas de la caridad en cuanto se quitan el uniforme de trabajo.

Dicho esto, Quique volvió a ganarle la partida a Emery. El Atlético pareció un equipo más hecho, más compacto. Tenía un plan. Mientras le aguantó el resuello presionó arriba. Y cuando al Valencia le presionan arriba, lo único que se le ocurre a sus centrales es darle el balón a César para que le dé un patadón y pase lo que tenga que pasar. Ningún portero de la Liga, ninguno, recibe tantas asistencias de sus defensas como César. La incapacidad de tipos como Ricardo Costa para mirar hacia adelante alcanza niveles exasperantes. El equipo, ante eso, carece de la fluidez necesaria para mantener un ritmo de ataque constante. Comienza sus ataques desde tan atrás que le cuesta Dios y ayuda llegar arriba. Algo tiene que ver en eso, también, que en días como ayer sólo uno de los medios centros -ayer Tino Costa- intenta contribuir a dar salida al balón. Si el otro se esconde detrás de los rivales y el central no tiene cierta habilidad, la gente murmulla y con razón.

Notable partido el de Tino Costa que, como el equipo, fue de menos a más. Un tipo batallador, inasequible al desaliento, a quien se ve, además, con posibilidades de mejora. Me pregunto si funcionaría al lado de Banega, siendo como es generoso en el esfuerzo y nada esquivo al choque. Su valentía debería ser ejemplo. Dirimió él solito un duelo con Assunçao y Raúl García, pues la ayuda de Albelda fue escasa. No salió perdedor, lo que es gran noticia.

El equipo caminó, por otro lado, cojo de un lado. El empecinamiento de Mata en amontonarse con Domínguez o Joaquín dejó toda la banda izquierda a un Mathieu que ayer tuvo un día aciago. Le puso mucha más voluntad -que nunca le falta- que acierto y convirtió aquel lado en un placentero espacio recreativo para Reyes. Quiso jugar Mata como juega la Roja, pero el Valencia no es la Roja, ni él el mismo que hace un par de años. Le quitó, por cierto, una falta peligrosísima a Costa que me recordó a los peores tiempos de “dejadme-la-falta-a-mí-para-que-la-desperdicie” Villa. Sólo faltaría que nos hayamos librado del peor lanzador de faltas de España para que llegue el siguiente. Facilitó la estrategia defensiva del Atlético, que tiene defensas de verdad.

El gol del Atlético desnuda cualquier posibilidad de defensa a Ricardo Costa. Es difícil encontrar en las videotecas un error más descomunal. Llueve sobre mojado. Vuelvo a reclamar a Stankevicius. Añado ahora a Fernandes, que lo poco que jugó el año pasado en esa posición demostró no ser, para nada, peor defensa que los que juegan ya ahí y tener, de paso, algún recurso para sacar el balón jugado más allá del pasecito a César.

Irónicamente, el gol del Valencia tuvo la colaboración del elemento más sospechoso de la defensa rival: Perea. El colombiano apenas se opuso a un salto, por otro lado prodigioso, de Aduriz, que volvió a hacer un buen partido. Hay jugadores que saben lo que pueden hacer bien y lo que no. Aduriz se dedica, en esencia, a hacer lo que sabe hacer bien y se olvida de las florituras. Lo poco que jugó junto a Soldado fue lo mejor del Valencia. Para tomar nota. De lo visto ayer, deberían jugar juntos. De lo visto ayer, tienen que regresar Bruno y Topal, Mata debe tomarse un descanso regenerativo -acompañado quizás de aumento salarial en los tiempos que corren- y hay que replantearse muy seriamente quién juega de defensa central. Con todo, para mí es este Valencia un equipo mejor que el del año pasado con posibilidades añadidas de mejore a poco que el entrenador dé entrada, de una vez, al aire fresco que necesita.

Esto es otra cosa.

No. Yo tampoco me esperaba que el Valencia fuera líder en la tercera jornada. Nueve puntos en tres merecidas victorias. Mi escuálida memoria recuerda que hace un par de temporadas, cuando la gente todavía se creía aquello de que el VCF había fichado para el banquillo a un genio de la estrategia y de las jugadas a balón parado, el equipo también empezó como un tiro. El presidente-lumbrera de entonces sacaba pecho y muchos valencianistas respiraban júbilo de pies a cabeza superado para siempre el susto de la era Koeman. Recuerdo también que la gente sacó las pinturas de guerra, se traía a cuento a Benítez y hasta el Barça parecía asequible, entrenado como lo estaba por un niñato recién llegado de apellido Guardiola. El equipo ganaba y ganaba…Rafa Lupión se acordará muy bien de cómo se dejó engatusar por aquel Valencia rácano, plano y sin alma, que ganaba de rebote, con la suerte como principal aliada. A corto plazo puedes maquillar tus defectos. Y al final llegó el tío Paco con las rebajas. Otros no nos dejamos embaucar.

Lo de este año, sin embargo, es otra cosa. Los pesimistas pueden argumentar, desde luego, que el equipo sigue estando lejos de tener las cosas tan claras como las tenía con Benítez y que, a veces, la torpeza de movimientos en algunos de sus jugadores genera equívocos hasta en los árbitros… pero no podrán negar que este Valencia sí deja abierta una puerta a la esperanza. El equipo apático que hemos sufrido el último trienio ha dado paso a otro que le pone el mismo ardor de los demás. Antes parecía que el escudo justificara dar un pasito menos que el contrario, meter menos la pierna, nadar y guardar la ropa. Hoy el rival tiene que ser mejor para vencer porque los jugadores del VCF están dispuestos a correr lo que sea necesario. Para ello ha resultado fundamental la aparición de gente con hambre y carácter. Justo lo que se echaba en falta. Cuando un perezoso integral como Miguel ve a su pareja de la izquierda correr como un descosido cada vez que pierde un balón no le queda otra que rescatar la poca vergüenza que no ha derrochado ya en tardes y tardes de indolencia y ponerse a intentar hacer lo mismo. Cuando Soldado presiona a la defensa rival lo hace para ponerse a la altura de Aduriz y obliga a Mata a salir de la ensoñación donde se encuentra últimamente, quizás pregutándoles a Silva y Villa cómo hay que hacer para jugar siempre aunque no te esfuerces al nivel de tus compañeros. Cuando Topal y Costa luchan cada balón dividido, arrastran a Pablo y Joaquín. Y así sucesivamente. Dejando en un lugar aparte a los centrales… Por ahí se le fueron los títulos al Madrid el año pasado, por cierto.

Contra el Hércules volvimos a ver un equipo aguerrido y que, en contra de lo que pasaba en las dos últimas temporadas, sale a ganar el partido sin contemplaciones. Fue mejor que el rival porque es mejor que el rival, porque tiene gente que necesita demostrar cosas. Si algún pero se le puede poner es que se vino abajo con demasiado estrépito cuando se quedó con diez hombres. Sí, el árbitro estuvo pésimo, pero hay cosas que no pueden suceder y ahí es cuando tiene que intervenir el bisturí del entrenador. Ese plan B que en el VCF parece nunca existir. Se aguantó, sin embargo, el chaparrón y el miércoles llega la primera verdadera piedra de  toque, la que nos demostrará si verdaderamente hemos cambiado o si el VCF sigue deshaciéndose como un azucarillo en cuando se pone delante un equipo como Dios manda.

Atlético de Madrid.- Ya dije el otro día que me gustaba este Atlético. Es un equipo que sabe lo que quiere y que no lo pondrá fácil. Ayer, sin embargo, fue zarandeado ignominiosamente por el Barcelona, que ganó 1-2 pero podría haber cosechado una goleada de escándalo. El Atlético disparó dos veces entre los tres palos. El Barça parecía que no quería marcar gol y Villa pareció empecinado en imitar la irritante egolatría de Ronaldo. El lateral checo del Atlético decidió poner fin a la vida futbolística de Messi y fue a por él. Lo rompió sólo un poquito, pero si hubiese justicia este hombre debería ser devuelto a la Liga de su país o a cortar árboles en algún lugar de Bohemia. Dijo su presidente, por cierto, el tal Cerezo, que para él la tarjeta roja que vio el bruto defensor fue injusta, que debió haber sido amarilla. También dijo que el resultado justo del encuentro habría sido el empate. Lo cual demuestra que para caer gracioso en este país (este Cerezo pasa por serlo) hay que prodigarse en opiniones cercanas a  la imbecilidad. Sólo un cenutrio consumado -la presidencia colchonera es muy proclive a esta figura- puede ver un partido de fútbol y faltar a la noción de realidad como tiene por costumbre hacer este personaje metido a presidente de fútbol. Se entiende por qué la afición del Atlético no lo traga. En todo caso, el Barça dio un recital, sólo matizado por el consabido divismo de Villa, que deberá cambiar el chip si no quiere dar con sus huesos en el banquillo. Parece mentira que el ejemplo de Ibra no le haya servido de escarmiento.

Real Madrid.- Dijo Mourinho, que a mí me cae bastante bien y lo tendría de entrenador de mi equipo sin dudarlo un instante, que el resultado justo del partido que jugó su equipo en Donosti habría sido el empate. Estoy de acuerdo. Me gustó mucho la Real. También me parece un equipito apañado el Hércules, por cierto. Hacía tiempo que recién ascendidos a primera no daban tanta guerra. Contra el Madrid, los vascos fueron auténticos ciclones, unas fieras luchando cada balón. Muy encomiable que el Madrid no se amilanara. El carácter de su entrenador se empieza a notar. Creo que es un equipo que va a ir de menos a más, como le sucedió, por otro lado, al Inter. Arreglados los problemas de su defensa, con un Iker muy seguro y la calidad que tiene arriba, no entiendo que muchos en Madrid no crean en Mourinho. Otra cosa es lo de Ronaldo. También él me cayó bien un tiempo. Pero el exceso de arrogancia no suele ser bueno. Tampoco el egoísmo. Alguien debería recomendarle que se pasara a un deporte individual. Quizás escalar ochomiles disfrazado de señora.

Levante.- Una breve mención al Levante. La verdad es que no ha tenido un calendario demasiado favorable hasta ahora, pero justo es reconocer también que es el recién llegado que más ha acusado el cambio de categoría. Algunos jugadores simplemente no tienen calidad para estar donde están y eso, al final, no se puede esconder. Tiene, seguramente, la plantilla más flojita de la categoría y contra esa realidad es complicadísimo luchar. Y sin embargo, confío en su entrenador, con el que he conversado unas cuantas veces y que siempre me ha parecido un tipo que sabe perfectamente dónde está, lo que quiere y cómo intentar conseguirlo. A ver si cambia pronto la racha.

Aire fresco.

Reconozco que ha pasado una noche desde lo de Bursa y todavía no sé si lo de ayer fue cierto o fue ese sueño del que habla la portada de SUPER. Tengo tan poca memoria que no recuerdo un Valencia tan completo como el que inició su periplo en Champions en plan campeón. Es pronto para saber si ese torrente de juego tuvo su fundamento en la endeblez del rival -lo veremos cuando los turcos jueguen más partidos-. También es pronto para saber si éste es el Valencia que podemos esperar en lo que resta de temporada -lo veremos cuando Emery haga más alineaciones-. Pero desde luego es el momento de proclamar la necesidad de dar continuidad al aire fresco que recorrió ayer los cimientos del valencianismo, limpiando ¿para siempre? los muchos vicios que tenía heredados un equipo con demasiadas hipotecas. La rutilante aparición de tipos como Mathieu, Tino Costa, Domínguez, Topal o Aduriz, ilustres desconocidos en el olimpo futbolero europeo, vino acompañada de unas por estos lares casi olvidadas ganas de morder, de correr, de chutar, de ganar. Vino de la mano, además, de la desaparición de todos esos otros nombres de jugadores a los que acompaña tanto el buen nombre -pasado o presente- mediático como un tufillo a veteranía decadente que poco cuadra con lo que debería ser el nuevo Valencia.

Y si todas las batallas futbolísticas se ganan o pierden en el centro del campo, ahí puede darse el VCF con un canto en los dientes. La aquí tan solicitada aparición de Topal no hizo más que confirmar que únicamente un expediente X o la ensoñación de un entrenador completamente imprevisible podía justificar que Albelda siga llevando la batuta de este equipo. El turco no sólo corta, sino que, más importante aún, no se esconde cuando se trata de sacar el balón desde atrás. No tiene la calidad de Banega o Costa, pero tiene la valentía de quienes lo tienen todo por hacer en el fútbol. Ayer dio la consistencia deseada, el primer pilar del éxito. Le acompañó un buen Costa, seguramente la gran sorpresa de esta primera jornada de Champions. Más allá de su golazo, de su tiro al palo que confirma, que tras cinco años de echar a la basura las faltas directas de la mano del empecinado y pésimo lanzador de faltas que era Villa, ahora por fin ya se va a crear peligro a balón parado, lo cierto es que el chico demostró que tiene hambre, que quiere triunfar, que no le asusta correr. No posee el don de Banega, pero a poco que se lo proponga puede pelearle el puesto. Tiene bastante más cabeza. He de reconocer que no esperaba tanto de este jugador.

Vi, por otro lado, al Domínguez del Rubin. Un tipo que se maneja en los espacios que dejan las defensas contrarias como pez en el agua, un coloso del contraataque, una mosca cojonera para cualquier rival, en la mejor tradición de delanteros argentinos que por su inasequibilidad al desaliento se convierten en la pesadilla para cualquier oponente. Si teníamos dudas sobre el rendimiento de Mata, ayer quedaron despejadas. El despliegue de Domínguez va a obligar al asturiano a salir de su letargo, a cubrir más campo, a correr. Al lado, además, tienen la suerte de contar con un delantero muy completo, Aduriz, que domina con nota muy alta todas las artes del fútbol de ataque y que si, de postre, tuviera más puntería ya no sería Aduriz sino Ibrahimovic. En todo caso, su inicio de temporada está siendo más que satisfactorio. Bravo también Joaquín, pero eso ya no es novedad. Llegará un momento en que desaparecerá de la alineación. Disfrutemos de él entre tanto.

Con todo eso, era difícil que los turcos tuvieran muchas opciones. Las buscaron a balón parado, donde generaron un pánico intolerable en un equipo con jugadores de una altura considerable como tiene el Valencia. La defensa zonal de esas acciones no funciona y cada córner era un suplicio. Como continúa siéndolo ver algunas cosas de la pareja de centrales. Cualquier despeje al patadón del rival se convierte, como en la jugada que salvó Tino Costa de milagro y gracias a su coraje, en jugada de peligro porque ninguno de los dos atendía a la marca como exige el fútbol de alto nivel. Si a su falta de contundencia y dubitativo trato de balón le añadimos poca implicación a la hora de encimar al rival, nos encontramos con el peligro de perder atrás lo que con tan buen oficio se va ganando delante. La aparición de Stankevicius es, para mí, inaplazable.

Y todo esto queda a expensas de ver qué camino decide tomar Emery. Si volvemos a más de lo mismo o damos definitivamente la alternativa al aire fresco para que, al menos, tenga la oportunidad de demostrar que lo de ayer no fue flor de un día, fruto de un buen partido que puede tener cualquier o de un rival inexperto o de poco nivel.

Aviso para navegantes.

Aviso el que recibió el Barcelona, que marca, con diferencia la jornada de un sábado bastante significativo. Let’s see.

Valencia.- Por uno de esos indescifrables códigos que rigen el fútbol, el Valencia salió ganador en la mitad del partido en que fue inferior y simplemente empató en aquélla en la que barrió del campo al rival. De mérito, en todo caso, haber conseguido los tres puntos ante un rival que juega en Mestalla mucho mejor de lo que lo hace en el Sardinero. Hay que quedarse, pues, con el mensaje positivo que genera el pleno que refleja la clasificación del equipo, la buena dosis de motivación que continúa presente en el seno de la plantilla y la ya casi proverbial y providencial aportación de César al equipo. En el mismo sentido hay que seguir considerando el estado de forma que atraviesa Joaquín -no me cansaré de repetir que sus méritos suelen ser considerados menores en comparación con los de sus compañeros-, la efervescencia de Vicente -quizás demasiado intermitente como para declarar su regreso- y el trabajo de Aduriz -más reconfortante cuanto que venimos de unos años en los que los delanteros del Valencia corrían sólo lo justito-.

Todo eso,  y un punto de suerte, dio para doblegar a un Racing que con algo más de pólvora no habría salido con la cabeza gacha de Mestalla. El gol de Maduro desinfló de manera sorprendente a un equipo que en el primer tiempo pareció bien plantado y correoso. Pareció responder a un plan trabajado en los entrenamientos. Justo lo que se sigue echando en falta en el Valencia de Emery. Y ya van dos años y pico. El equipo sigue sin saber salir de la presión del rival, sigue sin saber armonizar la transición ataque-defensa hasta el punto de que el contrario encuentra auténticas autopistas en su camino hacia César con cualquier pérdida de balón, sigue sin dar la impresión de saber a lo que juega y por qué, sin controlar los partidos. Sigue sin estar trabajado y ya no valen excusas. A ello hay que añadirle, porque no estamos ciegos, que Miguel a veces parece empeñado en hacer bueno a cualquiera de sus predecesores (yo habría hecho jugar a Stankevicius aunque fuera en pantalón vaquero), que Banega está muchos cuerpos por delante de cualquiera de sus sustitutos (con el peligro que conlleva depender de Banega, que sigue siendo un misterio incluso para él mismo), que esa defensa no es la de un equipo campeón, que Aduriz es un tipo luchador que necesita demasiadas ocasiones para marcar gol (por eso Villa costó 40 y él 5), que alguna vez habrá que darle la alternativa a Topal para ver si pone un poco más de jerarquía por el medio… Muchos interrogantes todavía como para declarar otro optimismo que no sea el moderado.

Atlético de Madrid.- Cualquier parecido de este equipo con el que entrenaron los predecesores de Quique es mera coincidencia. Sigo, en las largas noches de insomnio, preguntándome por qué Mestalla decapitó a Quique y tolera impasible a su actual entrenador y únicamente lo justifico por la alienación transitoria colectiva que ha sacudido en momentos puntuales de la historia a pueblos, comunidades o civilizaciones enteras. No hacía falta ser ningún lince para ver que Asenjo, Pablo, Juanito o Pernía eran más un problema para su equipo que una solución. Y, sin embargo, no era raro verlos corretear por el Calderón generando susto tras susto. La llegada de Quique puso orden en ese equipo empezando desde atrás, que es donde está el quid de la cuestión. Dio galones a De Gea, asentó en su puesto a Domínguez (este chico puede ser la pareja de Piqué en la Roja a poco que mantenga la cabeza en su sitio) y, para colmo, ha hecho dos fichajes de lujo: Godín y Filipe. Hasta Perea parece un buen jugador con Quique, lo cual ya es el colmo del despropósito. De la peor defensa, ¿junto a la del VCF?, del campeonato, el Atleti va camino de construir una de las mejores en cuestión de meses. Que tomen nota algunos. En Bilbao hizo un partido serio, con un árbitro que no le ayudó en nada y ganó con nota alta. Un rival temible para el Valencia.

Barcelona.- Partidos como el de ayer tuvo el Barcelona su buena docena el año pasado. Pero por una cosa o por otra, acabó ganándolos. Una concatenación de circunstancias hicieron que el Hércules le enmendara la plana a un equipo acostumbrado a ganar sin tener que emplearse a fondo. Quizás tenga algo que ver -lo tiene, de hecho- que Guardiola quisiera hacer de Del Bosque y dejara fuera a unos cuantos de sus mejores jugadores. La diferencia con lo que pasó en Buenos Aires es que ya nadie se acuerda de aquello. Pero los tres puntos del Hércules ya son irrecuperables. Un toque de atención a un equipo que juega mejor que ningún otro…cuando le pone ganas. Messi se tomó uno más de sus habituales descansos, por cierto.

 Madrid.- En mi opinión, el Madrid se desangró el año pasado por el centro de la defensa. La desaparición de Pepe no encontró arreglo. Ni Albiol ni Garay dan la talla para un equipo que aspira a ganarlo todo. Cuando se hablaba de fichajes y nadie hacía referencia a esa laguna me parecía extraño. Luego Mourinho lo puso todo en su sitio y se trajo a Carvalho. No es ningún tonto este portugués y que nadie dude que el Madrid va a dar guerra a poco que su sistema tome forma.

La milonga.

No entiendo a quienes se rasgan las vestiduras por la derrota en Argentina. Tampoco a aquellos que critican a Del Bosque por el once que sacó. Sí entiendo que a muchos les cuesta todavía asumir que nosotros -y no Argentina- somos los campeones del mundo y, como tales, no tenemos nada que demostrar a nadie. España jugó en plan campeón, es decir, demasiado confiada, contra unos tipos que salieron a comerse la hierba desde el minuto uno porque fracasaron cuando de verdad había que triunfar. Hubo un peculiar y bendito cambio de papeles. Argentina me recordó a la España de toda la vida. España a la Italia de siempre. Así que, menos lobos.

Creo que, por una vez y sin peligro aparente de sentar precedente, Del Bosque hizo bien experimentando. A nosotros ese partido ni nos iba ni nos venía. La milonga de que contra Argentina no hay amistosos yo no me la creo. Un campeón sí juega amistosos porque sólo muestra su músculo cuando la ocasión lo requiere. Por eso fue aleccionador ver que, por ejemplo, de nada sirve tener un equipo jugón si la defensa es un desastre. Ni Reina, ni Marchena, ni Arbeloa ni mucho menos Monreal están a la altura de los compañeros que habitualmente ocupan sus puestos. Es en partidos contra tipos aguerridos y, sobre todo, extremadamente hábiles como los que forman la tripleta atacante argentina cuando hay que probar a estos chicos. Y no dieron la talla. Marchena porque ya no está para las grandes batallas internacionales, Arbeloa porque nunca lo ha estado ni lo estará, Reina porque pareció lejos de su mejor forma y Monreal porque está muy verde. Especialmente preocupante lo del lateral izquierdo. No se ve ninguno en el horizonte capaz de suplir en condiciones a Capdevila. Pero es lícito, casi obligado, iniciar la búsqueda. Por eso hizo bien Del Bosque.

Por lo demás, el gran vencedor del partido fue el Valencia CF. Marchena -lento y descolocado-, Villa -chupón hasta la extenuación-, y Silva -desastroso de principio y a fin- dejaron en buen lugar a quien decidió su venta. El dinero pagado por Silva, que siempre me pareció exagerado, se antoja a estas alturas una auténtica fortuna por un jugador desnortado y en peligro de marchitarse para siempre si no altera su conducta al ponerse el sol. Mucho mejor que todos ellos, Banega, que dejó en evidencia a la lumbrera que guió los destinos de Argentina durante el Mundial. Que prescindiera del mediocentro del Valencia y de Cambiasso en beneficio de Maxi y Di María -o, peor aún, Verón- es como para que, en lugar de dedicarle iglesisas le confiscaran el pasaporte de inmediato y le castigaran sin sus habituales visitas al dictador cubano.

Antes de acabar, un comentario sobre Mata. Al contrario que mis compañeros de SUPER, yo no creo que Mata, su versión actual, tenga sitio en esta selección. Pedro, Cazorla, incluso Navas, están bastante por delante del 10 del Valencia, que deberá dar un paso definitivo adelante para que no le pase lo que en su día sucedió con Pablo Hdez, del que ya nadie se acuerda. Tiene condiciones para asentarse en la Roja, pero no le va a servir con jugar simplemente para el aprobado. Deberá volver a sacar sobresaliente si no quiere que otros, como Canales, también le adelanten por la derecha.