Archive for Octubre, 2010

Caída libre.

Si alguien consideraba alarmista el intercambio de opiniones que ha tenido lugar en este foro a lo largo de toda esta semana, cabe suponer que habrá despejado sus dudas tras uno de los espectáculos más lamentables que ha vivido Mestalla desde aquella ominosa temporada de Ronald Koeman. Cualquier parecido entre los hombres uniformados con una camiseta blanca y un pantalón negro y un equipo de fútbol fue este sábado una mera circunstancia, tanto más grave y preocupante si consideramos que tenían enfrente a un equipo que a estas alturas ha sido incapaz de ganar un sólo partido de cuantos ha disputado en el campeonato y que, por una vez, contó con la benevolencia de un árbitro que se inventó una expulsión donde había poco más que falta y anuló un mano a mano de un delantero rival con Moyà a pocos minutos del final por un fuera de juego que no existía ni remotamente.

Decía Jesús Gil, tan ocurrente como siempre, que si en tu equipo hay uno o dos jugadores que lo hacen mal, la culpa es de los jugadores. Pero si resulta que de los once, todos juegan mal, la culpa empieza a ser del entrenador ¿Lo es en este caso? Recordemos que desde el papelón frente al Mallorca, hablaban las crónicas de un Emery cabizbajo, reflexivo, acaso agarrado día y noche a uno de esos manuales de autoayuda aeroportuaria que parecen constituir su fuente de lectura e inspiración intelectual. Se afirmaba que había aprendido la lección, que se acababa todo ese rollo de las rotaciones, que iban a jugar los mejores. Alcanzado este tramo, me temo que decisivo de la temporada, era el momento de enseñar las cartas. Y vaya si las enseñó.

Por lo pronto, parece evidente que hasta que Mestalla no se llene de almohadillas, este hombre no va a jugar con Soldado y Aduriz. Uno llega a pensar que lo hace precisamente para demostrar su mundialmente conocida condición de genio. Ya que todos se lo reclaman, él va a enseñar al mundo que de fútbol nadie le puede dar lecciones. Por eso, va intercalando a uno y a otro, sin que se sepa muy bien cuál es el criterio que utiliza en su elección (¿moneda al aire?). Ninguno de los dos tiene continuidad, de manera que lo que sí ha conseguido es que si antes ambos parecían letales, ahora los dos anden desquiciados por el campo como un pollo sin cabeza. Condición extensible a sus acompañantes. Ahora saco al Chori, ahora a Mata, luego a Banega, volvamos con Mata. Ninguno me funciona, todos se van a casa cabreados, pierdo a cuatro jugadores para la causa, pero el día que esto marche reviento la camisa con el pecho de lo que lo voy a hinchar. La desorientación de los dos delanteros, que ya no saben a qué atenerse ni qué criterios se utilizan para su alineación o no, se puede hacer extensible a otras zonas del campo, en las que la condición siempre provisional de sus ocupantes ha provocado auténticos estragos.  Sólo así se puede entender que Mathieu, un tipo que llamó a las puertas de la selección francesa hace nada, acabase el partido frente al colista llegando tarde incluso a sacar de banda -en una ocasión se demoraba tanto que lo tuvo que hacer Topal-, que Banega, otrora quitaesencia del fútbol de toque del Valencia líder, no sepa si tiene que nadar o guardar la ropa y se marche del campo sin haber tenido influencia alguna en el juego, que Topal no tenga ni la más remota idea de si su aceptable partido le servirá para jugar de nuevo ante el Rangers… La sensación de extravío que transmiten determinados jugadores se ve acrecentada, por si eso no fuera suficientemente grave, por la supina incapacidad de su entrenador para hallar solución a los problemas estructurales del equipo. En el partido ante el Zaragoza, nos encontramos, así, con que el contrario, cuyo entrenador sí prepara los partidos, ejerció una tímida presión a la defensa del Valencia -el Zaragoza es un equipo que huele a segunda a kilómteros de distancia y no está, ahora mismo, para muchas alharacas-, ante lo cual la única alternativa que urdió el enorme estratega del aspaviento fue darle el balón a Miguel. Desaparecido Banega, fue Miguel Brito, al que todavía le queda un aluvión de defensores en Valencia, el que conectó defensa y ataque durante toda la primera parte. El resultado fue el caos, el desconcierto, el patio de colegio y todo lo que queráis añadir. Ni una jugada trenzada, ni una combinación. Caracoleos y más caracoleos sin sentido alguno y un Zaragoza que perdonó más de una ocasión clarísima.

De la defensa, no voy a hablar más porque desde que empezó la temporada el tema ha sido tratado con suficiente claridad. Del gol sí hay que hablar. Observar la pasividad, propia de un veterano de guerra -de la Gran Guerra-, con la que Miguel, el mayor engañagradas de este siglo XXI en el fútbol europeo, se da un paseo hacia la frontal del área es como para abrirle expediente disciplinario. No se hará. Tampoco se sabe si jugará o no el martes. No se sabe nada, ya ha quedado claro. Porque no todo es problema del entrenador, por mucho que sospechemos que el origen de tanto desatino tiene que estar en las señales emitidas desde el banquillo. La irregularidad individual de Pablo, por ejemplo, difícilmente encuentra parangón en nuestra Liga. Después de una temporada aciaga -la pasada- en la que no dio una a derechas, había firmado un inicio esperanzador, recordando la brevísima etapa de cierto lustre que había vivido en Mestalla cuando llegó procedente de Getafe. Cualquier parecido entre lo que llevamos viendo hace tres partidos y el jugador que volvió a ganarse un puesto en la selección, pura coincidencia. Si a la asombrosa e inexplicable pérdida del jugador más destacado del inicio de Liga -Pablo- le añades que Mata es el nuevo caso Bojan, que cuantos más elogios recibe más se estanca en su juego y que Vicente, por mucho que se empeñe Emery, no está más que para salir un rato de refresco al final cuando el rival está cansado (en mi opinión no está ni para eso), nos quedamos con lo que vimos el sábado. Unos cuantos centros al área, unas pocas carreras de Joaquín -cuyo regreso es lo único esperanzador a lo que agarrarse-, unos delanteros completamente extraviados y fuera de sí y el desconcierto a diestro y siniestro.

Y lo peor no es eso. Lo peor es que, sinceramente, no veo manera de salir de este atolladero. Cuando falta mando, son los suboficiales o los soldados con mayor predicamento entre la tropa quienes tienen que sacar las castañas del fuego. Este Valencia no parece tener ni lo uno, ni lo otro. En cuanto se apaga la inspiración de sus figuras, el equipo se deshace como un azucarillo en la leche caliente sin que nadie parezca decir esta boca es mía. Con esto no quiero decir que desde ahora todo vayan a ser derrotas. Pero sí sospecho que volvemos a entrar en la dinámica en la que nos metió este entrenador desde que llegó: la de las victorias ante equipos de medio pelo, salpicadas con medias partes meritorias en algún campo de cierto nombre, para terminar la temporada rezando para volver a entrar en Champions. Cualquier vestigio de juego de equipo ha desaparecido de un plumazo en cuanto el camino se ha puesto un poco empinado. Cualquier comparación entre este Valencia y el Barcelona que se vio un par de horas más tarde conduce directamente al llanto.

Cada cual lo puede ver como le parezca. Yo sigo pensando que hay mimbres para que de ahí salga un buen equipo. Nadie dice que resulte tarea fácil tener una plantilla competitiva y enchufada en su totalidad. Pero tampoco lo es tener a todo el mundo cabreado y es lo que este buen hombre parece haber conseguido con su obsesiva falta de criterio ¿Hasta cuándo?

Se pinchó el globo.

Decía Unai Emery tras su soberbia actuación ante el Mallorca que la culpa de la derrota era suya. Adalid de lo obvio y maestro en lugares comunes, no hizo sino certificar lo que las 40.000 personas que había en Mestalla pensaron antes y después del partido. Sólo resta por saber si lo decía fruto del convencimiento o de ese extraño fariseismo que se aprecia en algunas de sus manifestaciones. La derrota ante el Mallorca marca, me temo, un punto de inflexión clarísimo. Cualquier comparación entre lo que Emery considera que tiene que ser el Valencia y lo que nos ofrecen los dos equipos verdaderamente fuertes de la Liga invita al absoluto desaliento. Si alguien tenía alguna ilusión de darle guerra a Barcelona y Madrid, que la guarde en el cajón. Y que la guarde bien adentro. Una semana verdaderamente aciaga, en la que lo único positivo fue un empate de chiripa ante un Rangers venido a menos, no sólo ofrece un cruel bagaje de resultados, sino que nos radiografía con absoluta exactitud el criterio que guía al equipo desde el banquillo. Naturalmente, Emery tendrá sus defensores y, a buen seguro, habrá muchas opiniones encontradas sobre el particular. A mí no me cabe duda -nunca la tuve, la verdad- de que este hombre no sirve. Hay que preguntarse qué papel desempeñó en la notable mejoría que el equipo demostró en el inicio de Liga. Es inequívoca su responsabilidad en lo que ha sucedido esta semana. Y si alguien piensa que esto es exagerado, queda emplazado al final de Liga para volver hacer recuento de la diferencia de puntos con la cabeza. El Valencia certificó ayer su candidatura a luchar, un año más, entre el pelotón de los aspirantes a segundo plato. Así de claro. Y no apunta a que sea un año tan plácido como el pasado en ese aspecto.Es bien cierto, y nadie puede discutirlo, que ante el Mallorca confluyeron circunstancias que no necesariamente son achacables al entrenador. El disparatado penalty o el infausto partido que tuvieron jugadores como Fernandes, Pablo o Banega (que ha dicho mil veces, por cierto, se lo ha dicho hasta a la cajera del supermercado en el que compra, que él no es media punta, que jamás lo fue, que no lo será, que no quiere, que no y que no), que en general lo estaban haciendo bien hasta ahora. Cabe también preguntarse también, sin embargo, si la alineación de todo punto marciana que dispuso el profeta de la rotación no generó tal estado de desánimo entre sus jugadores que salieron ya al campo con la cuchara entregada. Pocas cosas hay más peligrosas que un inepto con iniciativa y, en el mundo del fútbol, donde desde que se inventó se ha tenido siempre como axioma indiscutible que tienen que jugar los mejores, la aparición de visionarios de medio pelo jamás ha acabado bien. Uno analiza las alineaciones de Mourinho (¿hay alguien ahí?) y tiene que leer, con dolor, que ha repetido el once en los últimos tres partidos, que apenas ha variado el equipo desde el mes de agosto salvo en caso de lesión, que tiene claro lo que quiere y cómo conseguirlo. Su Madrid crece desde los resultados, desde la creación de un grupo fuerte. Quizás para Emery el Chori Domínguez, Maduro, Vicente o Fernandes merezcan más minutos que, pongamos, Benzema, dada la cotización y curriculum vitae de uno y otros. Para Mourinho no.Y, más allá del concepto, están los detalles. El Mallorca le dio un repaso de padre y muy señor mío al hasta hace poco líder de la Liga (¿fue cierto?). Era evidente que tenía que salir Aduriz -otra vez a nadar como un poseso contra corriente-, pero ¿de verdad que el otro cambio era el de Stankevicius por Bruno? Para empezar, colocar al lituano de lateral, cuando para el todo Valencia el problema fundamental de la defensa está en los centrales, ya chirría. Pero, ¿de verdad que para intentar ganar al Mallorca uno de tus tres cambios tiene que ser colocar a un virtuoso del juego de ataque como Bruno en el lugar de un, por otro lado poco brillante -llevaba dos meses sin jugar- Stankevicius? ¿No cabía pensar en sacar del campo a jugadores que tenían que construir y tenían una noche aciaga -ya los he citado-? Uno a veces llega a la conclusión de que o este señor viene de otro planeta en el que el fútbol dispone de otros condicionantes o es uno el que lo ve todo al revés.En todo caso, preparémonos para unas cuantas curvas. No se puede pedir sentido común a quien simplemente carece de él y, por ello, vamos a seguir dependiendo de la inspiración de unos jugadores que no siempre van a tenerla. Cuando ésta se apaga, cuando a Pablo no le sale un solo dribling, Fernandes hace uno de sus viajes astrales y Banega dice que él ahí no quiere jugar o, peor aún, el rival corre hasta la extenuación para tapar todos los huecos -no he visto un Mallorca así en mi vida-, el equipo se viene abajo. En la banda podrían poner un muñeco de Cortefiel y serviría para casi lo mismo. Una lástima, porque aquí hay jugadores.

Buen resultado, mal juego.

Nadie podrá decir que se aburrió con el partido de Glasgow. Si algo tiene el fútbol en la Pérfida Albión es que te tiene en permanente estado de tensión. No porque lo que transcurre sea especialmente atractivo, sino porque en cualquier momento puede pasar algo. El Rangers planteó un partido puramente escocés y le salió bien. Siendo bastante peor equipo que el Valencia, al final del partido dispuso de suficientes ocasiones para haber acabado goleando a todo un reciente líder de la Liga. Si no lo hizo fue, en esencia, por César, que falló en el gol encajado pero hizo bien todo lo demás, que fue mucho.

Todavía no sé qué pretendía Emery en la primera parte. Hombre que no conoce términos medios (o defendemos todos, o atacamos todos) parece que, harto de que le dijeran que el equipo corre demasiado en las primeras partes, dio la orden de salir a caminar por el prado en esos primeros 45 minutos. El equipo tenía la pelota pero la sobaba de manera tan lastimosa que el rival, en cuanto metía la directa, se plantaba ante César con una pasmosa facilidad. A ello contribuyó, desde luego, el desastroso partido de los cuatro defensas y del mediocentro defensivo, que no se enteraron de la película. Lo de Navarro en alguna acción fue sonrojante. Parecía que estaban tan obsesionados con no cansarse que se olvidaron de que estaban en un partido de Champions. De entre todos el que más a gusto estaba a ese ritmo cansino era, obviamente, Domínguez. El problema es que mientras sus compañeros saben cambiar de marcha, parece que él no. Su rendimiento ha pasado de sospechoso a exasperante. Que Emery le siga dando oportunidades de inicio en detrimento de la pareja Soldado-Aduriz entra dentro del terreno de lo inescrutable. Si de algo tiene que servir el argentino es, en todo caso, de revulsivo porque resulta evidente que su presencia en el once inicial es un regalo al adversario.

La segunda parte cambió. A quien le extrañe que con Soldado y Aduriz el equipo juega mejor es porque no ha visto al Valencia de esta temporada o porque pertenece al cuerpo técnico valencianista, siempre dispuesto a hacer lo contrario de lo que haría el aficionado medio. La facilidad con que llegaba el Rangers menguó, en esencia porque arriba se presionaba más la salida del balón, antes plácida ante la dejación de funciones de algunos de los delanteros valencianistas (lo del Chori se contagia). Soldado, más allá de que marque goles o no, como mínimo garantiza electricidad, incordia al delantero, se pelea y participa. La antítesis de su reemplazo. Con él, Aduriz retrasa su posición y puede desplegar su versatilidad en el juego. El partido se equilibró y el Valencia pudo marcar. También los escoceses, porque la empanada mental en defensa continuó.

El resultado fue, en defnitiva, para soltar una mascletá en la plaza del ayuntamiento, visto lo visto y teniendo en cuenta que una derrota podría haber sido definitiva. Por mucho que fuera un jugador rival quien se marcase en propia portería -ayer parecía imposible que uno de los de blanco llegase a marcar-, no deja de tener su mérito  que el equipo no se descompusiera -del todo- en un partido que tuvo todos los ingredientes de los grandes encuentros de Champions. Preocupante, sin embargo, el empecinamiento del entrenador por dar cancha a jugadores que no responden y que deberían rodarse, en todo caso, en partidos encarrilados y de menor exigencia. Desaprovechar las prestaciones de la pareja Soldado-Aduriz es como si el Barcelona renunciase a la dupla Messi-Villa o el Madrid a poner en el mismo equipo a Ronaldo e Higuaín. Un absurdo sin explicación. Sobre todo si, a la espera de que regrese el deseado Joaquín (cómo se ha notado su baja), el cuarteto de ataque sigue renqueando por el preocupante bajón en las prestaciones de un Mata que poco tiene que ver con el delantero que deslumbró hace un par de temporadas.  Anoche volvió a fallarlo casi todo, haciendo recaer toda la responsabilidad creativa en un Pablo que sigue en estado de gracia  pero al que el físico no le alcanza para mucho más y un Tino Costa tan valiente y entregado como, en ocasiones, limitado.

Muerte en la orilla (otra vez)

Debo reconocer que, cuando en el descanso bajé a hacer la tertulia habitual en el Camp Nou que me sirve para pulsar el estado de ánimo del barcelonismo, iba crecido. El Valencia se había merendado materialmente a un Barcelona que no era ni la sombra de su mejor versión, a un Barcelona que, sin embargo, jugando así buena parte de la pasada temporada cosechó 99 puntos. Pero es que enfrente ayer se encontró, en el primer tiempo, con una apisonadora. Once tipos que corrían como liebres perseguidas por galgos, como mohicanos con el cuchillo entre los dientes. Yo pensé, lo reconozco de nuevo, que aquí había equipo para luchar por algo. “Si el Valencia gana hoy, se puede meter arriba porque de verdad creerá en sus posibilidades”, me dijo un culé, con el susto todavía en el cuerpo.

Y eso que yo no habría hecho lo que hizo Emery, un entrenador al que le siguen impresionando los equipos grandes, quizás porque todavía -y mira que algunos se lo insistimos- no se ha enterado de que él también entrena a uno de ellos. El mismo ataque de pánico que le dio ante el United cuando quitó a Aduriz sin razón alguna, ayer le llevó a lo mismo, apostando por un Banega que llevaba semanas de simple corretear por Mestalla, y por Mathieu de interior. La alienación me pareció contradecir sus palabras previas al partido en las que aseguraba que iban a ganar. Pero lo cierto es que la apuesta no le salió mal. Porque Bangea es buenísimo, si bien se le notó, lógicamente, la inactividad y porque Mathieu es un verdadero ciclón…de 45 minutos. Aunque parezca mentira, el Valencia parecía el Barça en la línea de tres cuartos, donde movía el balón mejor que su oponente. El mundo culé no había visto algo así en años, literalmente, porque ni siquiera el Madrid, al que tanto les costó ganar el año pasado, basaba su juego en aquel virtuosismo. La única pega, sorprendente como todo lo que hace este entrenador, es el abismal contraste entre las dificultades que pasaba el equipo para sacar el balón ante una mínima presión del Barça -que tenía estudiado el tema- y la enorme facilidad con la que se zafaban sus mediocampistas y delanteros de la marca rival superada esa primera línea de presión.

Y ahí, de nuevo, y no es obsesión, hay que destacar el enorme, enorme lastre que para el juego del Valencia supone Albelda. Cualquier comparación con lo que hacía su igual en el BArcelona -Busquets- llevaría al sonrojo. Mientras éste se ofrece de manera continuada, se mete entre los centrales para dar una salida fluida al balón desde atrás, barre todo el frente defensivo para hacer coberturas a diestro y siniestro, el valencianista se escondía detrás de Xavi una jugada tras otra cuando el balón acababa en César para eximirse de cualquier problema. Si a ello añadimos que Fernandes -gran primera parte la suya- hacía más coberturas que el supuesto mediocentro destructor, acabmos encontrando una respuesta a la disfunción que, aún jugando bien, sufrió el equipo en la primera mitad.

Y en la segunda parte todo se vino abajo. Para jugar como Emery quiso hacerlo, habría necesitado once jugadores nuevos, o que buena parte de los que había ayer tuvieran mejor condición física de base. El caso de Mathieu, en ese aspecto, es el más preocupante. Cada partido que le he visto en directo esta temporada ha acabado exhausto, incapaz de dar un paso con sentido al cuarto de hora de la segunda parte ¿Tan difícil es para un profesional aguantar 90 minutos corriendo? Desaparecido Albelda desde hace un tiempo, con Fernandes ya cansado, Mathieu simplemente exterminado y Banega aún convaleciente, el equipo hizo aguas. Yo no sé lo que veía el entrenador, al que sus aspavientos quizás imposibiliten una correcta apreciación de lo que realmente sucede, pero puedo asegurar que desde arriba, desde la tribuna,  aquello pareció una masacre. Iniesta cogió el balón como con la mano y se dedicó a dársela a quien quiso mientras unos señores de blanco, con las piernas aparentemente atadas entre sí por los tobillos, intentaban perseguirle. Sin éxito. Tan obvio era que el centro del campo necesitaba oxigenarse con absoluta urgencia que a Emery le dio por cambiar a los dos delanteros. Y por ahí murió definitivamente el partido. Porque el Barça tenía espacios por doquier. Porque, faltos de coberturas de los interiores y con dos espectros jugando de mediocentros, los dos laterales del Valencia se tuvieron que jugar uno y mil unos contro uno con los mejores extremos que hay en el mundo y, claro, alguna vez tenían que salir perdiendo.

Han sido ya muchas las oportunidades que Emery ha tenido de dar un paso al frente. En todas ha fallado. Ayer acertó en el planteamiento inicial, quizás también en dejar fuera a un Mata que emite señales cada vez más preocupantes, se puede incluso aceptar que Banega volvió locos a cuantos rivales tuvo que enfrentar. Pero cuando la cosa se puso cruda, cuando el extenuante ejercicio de pundonor que exhibió ayer un Valencia intachable en el esfuerzo -ayer el valencianismo tuvo que acabar orgulloso de sus hombres-, se vinieron abajo por una cuestión física (¿alguien va a explicarnos por qué la gasolina les duró tan poco?), entonces el entrenador, una vez más, dio la callada por respuesta, fue incapaz de tomar decisiones mínimamente razonables sobre la marcha y poco menos que entregó la cuchara a su rival, limitándose a cambiar a los dos delanteros. Los cambios que uno hace cuando va ganando y lo que quiere es perder el tiempo, la vía fácil, habitualmente la menos operativa.

Para concluir: si la desaparición de Baraja, un auténtico lastre en sus últimas dos temporadas, ha generado la súbita consagración, como por arte de magia, de una miríada inmejorable de medios centros creativos (Costa, Banega y Fernandes), cabe preguntarse para cuándo se va a proceder a hacer lo propio en la otra posición del centro del campo. La obcecación de mantener a Albelda como pivote del equio precisamente en los partidos más exigentes, con las múltiples consecuencias que la aparatosa disminución de su rendimiento generan,  me temo que puede conducir al suicidio de un entrenador que parece no dar para más y que, por desgracia arrastrará en su caída a un equipo, el Valencia, que creo podría aspirar a cotas más altas de la que su cuerpo técnico verdaderamente puede abarcar.

Sobre España, el Barça y Vargas Llosa.

A uno le da la sensación de que vivimos tiempos en los que las formas han pasado a mejor vida. Vas en el tren y nadie le cede el asiento al anciano, llega el ascensor a la abarrotada planta 6 de El Corte Inglés y todo el mundo se pelea por entrar, muchos taxistas ven a una madre con el cochecito del bebé y le ponen mala cara…La universalización del sistema educativo que se ha alcanzado en el primer mundo ha traído consigo, no sé si como consecuencia o como elemento añadido, que las buenas maneras y la caballerosidad hayan dejado de tener la importancia que antes tenían. Ahora siempre nos creemos más que los demás, más listos, más guapos, más importantes. En este mundo del igualitarismo todos somos igual de insoportables ¿De verdad que hay gente que cree que todos somos iguales, iluminados aupados a cierto gobierno aparte?

En este mundo sin privilegios, por cierto y de ahí mi reflexión, se cometen estupideces tales como obligar a los campeones de la Eurocopa y el Mundial a jugarse la clasificación para la siguiente edición como todo hijo de vecino. Antes, cuando existía la buena educación, un mínimo nivel de deferencia hacía que el campeón pudiese dedicarse a presumir de su hazaña durante cuatro años. Haber sido el mejor tenía el premio de no tener que poner en juego su entorchado hasta, al menos, la siguiente competición. Una idea nacida del fair play, del reconocimiento del mérito, del sentido común. Ahora no. Ahora ganamos la Eurocopa y dos años después ya estamos jugándonos las tibias contra selecciones tan ramplonas e insoportables como la Escocia de ayer, la Lituania de anteayer o la Liechtenstein de hace un mes. Me pregunto qué retorcido cerebro decidió poner fin al privilegio del campeón, pero merecería su inmediata expulsión de la poltrona que ocupa. Los malditos derechos de televisión están matándolo todo. Si hasta el dueño de Mediapro dijo aquello de “decidiré a qué hora se juega el Barcelona-Real Madrid cuando queden pocos días para el partido”. “Decidiré”, en primera persona y sin plural mayestático porque el hombre se ha declarado trotskista. Alter ego de Napoleón.

Y puesto que los pequeños gestos son el inicio de toda rebelión, el viernes me negué a ver el partido contra Lituania. Aprovechando que teníamos canguro para la prole, salí a cenar con mi señora, ahorrándome el mal trago y la mala leche. Ayer, sin embargo, no hubo escapatoria. Y mal que me pesó. Recordé los viejos tiempos en los que un partido contra Escocia podía ser hasta algo digno de ver. Ya no. Mientras nosotros habitamos un territorio inalcanzable para los demás, ellos han vuelto a las catacumbas, como cristianos perseguidos. Habitan un mundo de tinieblas en el que la pelota es algo que quema como las antorchas y se manda tan lejos de uno como es humanamente posible. Contra eso, cualquier cosa que hiciera España bien estaba. Salvo, quizás, lo que hizo. Ponerse cero a dos y luego  echarse la siesta. Porque hasta unos disminuidos futbolísticos te pueden marcar dos goles. Sirvió para dejar en evidencia al insoportable señor que narra en telecinco, una mezcla de Manolo el del Bombo y el Pitoniso Pito -que jamás acertaba- y para que Llorente tuviera que salir a solucionar lo que esta nueva y descafeinada versión de Villa no podría haber arreglado en ochenta y cinco horas de partido. Dos comentarios añadidos. Uno: leía ayer en Super que J.M. Díaz, el narrador de la Premier en TVE, había sido despedido del ente público. No me extrañó. Las televisiones públicas se han destacado siempre por premiar la mediocridad y castigar con severidad la brillantez. Soportar al hombre que narra en esa cadena los partidos de Champions, una especie de forofo encendido al que le ha tocado un micrófono en una tómbola, es suficientemente ilustrativo. Lo que me pregunto es qué hacen Telecinco o la Sexta que no contratan de una vez a alguien que se limite a narrar partidos y no a lanzar interjecciones de fanático insoportable una y otra vez. Una televisión no es un bar. No se bebe. O no se debería beber. Dos: ¿qué le pasa a Villa?

No andan tranquilos en Barcelona. Mi termómetro culé me dice que no lo tienen claro este año. Unos empiezan a pensar que ese ingente jardín de flores que tenía Laporta en el pompis se está marchitando con la salida del ahora líder independentista de la presidencia del Barça. Otros no ven claro el tema Villa -le doy un par de partidos para que despierte o, si no, empezará a escuchar los primeros, inexorables y demoledores murmullos de desaprobación en un Camp Nou que no perdona a las estrellas-, ven que Bojan  va más para atrás que para adelante y que Messi no les va a poder resolver todos los partidos. El otro día, cuando lo del Mallorca, escuché a unos “socis” que bajaban las escaleras diciendo que tal vez se precipitaron con lo de Ibrahimovic…Y a mí me da la impresión de que si Emery no gana esta vez en el Camp Nou no lo va a hacer nunca. Espero que sea valiente, que de verdad presione arriba con Soldado y Aduriz como parece que planea hacer, que los jugadores no se encojan, que los centrales estén muy metidos en la marca. En los últimos años el Valencia ha adolecido en estos partidos de una mezcla de falta de ambición y de clamorosa falta de llegada. Por eso Soldado y Aduriz pueden ser decisivos. Si el Valencia empieza marcando, vaticino muchos nervios en el imperio azulgrana.

Tanto han cambiado los tiempos que alguna vez tenían que hacerlo para mejor. Y si la marxista-leninista academia de los Nobel ha decidido, por fin, darle el idem a Vargas Llosa, ¿por qué no va a hacer Emery un buen planteamiento en el Camp Nou? He sido siempre un gran admirador de Vargas Llosa. Es, para mí, el mejor escritor  contemporáneo en lengua castellana. Sus novelas son tan variadas en temática, en estilo, en ritmo, en lenguaje que uno a veces se pregunta si el olvido al que le tenían sometido respondía a algún plan preconcebido para que el pobre hombre se muriera antes de verse reconocido. Su carácter ultraliberal -como si ser muy tolerante fuera malo- le había condenado. Pero se hizo justicia. El mismo año que, por cierto, premian a un disidente de una dictadura comunista ¿Tendrá Ibrahimovic algo que ver en este desvarío de sus compatriotas?

Y ya que estamos pluridisciplinares,  una de cine. Es una película que tiene ya alguna temporada. Voy poco al cine por cuestión de puericultura, así que me dedico a retomar las que se me habían pasado. Una que me pareció espectacular: Los Hermanos Grimm. Un guión fantástico, que en manos de Tim Burton habría terminado en un bodrio insoportable con Johnny Depp (sólo debería hacer de Jack Sparrow, mi auténtico héroe) sobreactuando como si fuera Javier Bardem. Pero que en la versión que finalmente se rodó cuajó en una alegoría fantástica de verdad sorprendente. Una peli diferente y muy entretenida.

 P.S. Por cierto, para las voces interesadas que dicen que con Llorente la selección “ya” tiene un 9, sólo recordar que España tiene no un “9″ sino al mejor “9″ del mundo desde hace unos años y para unos cuantos años más. Y no, ni juega, ni ha jugado ni jugará nunca en el Real Madrid. Quizás por eso ellos no lo consideran el mejor delantero de la historia de nuestro país. Pero yo sí.

El poder de la discrepancia.

Os he de confesar que comencé esto del blog con una mezcla de escepticismo y curiosidad. Poco propenso a los cantos de sirena de las nuevas maneras de comunicarse entre sí que tienen los homínidos (no sé lo que es twiter -de verdad que no lo he visto en mi vida-, no tengo cuenta de facebook, no utilizo el messenger), lo del blog lo acabé aceptando a instancias de mi mujer y porque, en definitiva, no se trata más que de otra forma de escribir. A día de hoy, sin embargo, estoy más que satisfecho orgulloso de la pequeña comunidad que hemos creado. Desconozco el número de seguidores que tenemos porque esas cosas no me interesan -no vivo de eso-, pero no hace falta ser ningún lince para darse cuenta de que, como he dicho por ahí abajo, cada vez aquí cuentan menos las cosas que digo yo y más los brillantes y perspicaces comentarios de quienes comparten su tiempo debatiendo conmigo.

Durante este tiempo hemos hablado mucho del Valencia, hemos ganado un Mundial y nos hemos metido con Del Bosque (según algunos hemos “insultado” al seleccionador sólo por discrepar con su concepto del juego de la Roja). He ido cogiendo el pulso al valencianismo a través de vuestros comentarios y me ha llenado de orgullo comprobar que la pasión por España era compartida por tantos amigos. Algunas de vuestras matizaciones me han llevado a cambiar ciertas opiniones, a reforzar otras. Quien no está en continua evolución es que no está vivo. Como he dicho alguna vez, además, dentro de la diversidad de percepciones que registra la mente humana, existen ciertos rasgos comunes entre los habituales del blog (ya nos conocemos). El espíritu crítico es, posiblemente, el rasgo que nos une a todos. Algo tan esencial y prosaico y, sin embargo, tan escaso a día de hoy.

Por eso me parecen estupendas vuestras críticas a mi intervención en Punto Pelota. Agradezco, desde luego (y me gustan más, para qué os voy a engañar) los apoyos recibidos. Pero quien hace de la crítica el pilar fundamental de su reflexión no puede hacerse el sordo a lo que de él dicen los demás. Sea bueno o malo. Habréis notado, así, que por lo general ni siquiera respondo a las opiniones más airadas que sobre mí se escriben de vez en cuando. Tomo nota y creo que contribuyen al debate. Igual que todo lo que habéis comentado sobre el programa Punto Pelota.

Para terminar con el tema, sí que os debo decir que las tertulias no son nada fáciles. De hecho, es una fórmula que no acaba de cuajar porque tiene una química complicadísima. Punto Pelota la ha encontrado y es, por ello, la mejor considerada. Se puede o no compartir lo que se dice allí, pero la fórmula funciona. Y se basa en la rotunda discrepancia, en el ritmo arrollador, en el poder del más fuerte. Aterrizar en aquel reino de taifas intentando explicar a siete escépticos que el Valencia no es un simple soldado más en el ejército que comanda un general (el Madrid) ayudado por un coronel (el Barça) no es tarea fácil. Como le decía a Benidormer, uno no puede entrar en matices cuando tu interlocutor apenas acepta la idea general. Las ideas preconcebidas y el desconocimiento sobre lo que pasa en Valencia y en el VCF son una losa demasiado pesada y, por ello, hay que utilizar conceptos básicos. Si te vas por las ramas estás perdido. Si entras demasiado al detalle, dejas de tener interés. Cada cual, además, tiene una manera de actuar, de expresarse, de interactuar. Incluso unas ideas que, evidentemente, no puede traicionar. En ese sentido, insisto, intenté ser fiel a mis ideas, yendo más allá, en todo caso y porque creo era lo que la ocasión ameritaba, en mi defensa del club de lo que habría hecho si el debate hubiese tenido lugar en Valencia y con gente que conoce la materia. Bien sabéis que mi único fanatismo está reservado a la selección española, que mi aversión,  al Madrid es similar a la que sienta por el resto de rivales del Valencia, cuyo triunfo es lo único que en realidad me importa cuando hablamos de la liga española. También conocéis que no estoy de acuerdo con algunas cosas del actual presidente (ya le he comentado a Benidormer mi opinión sobre la confiscación de una edición de Super que no pudo repartirse en Mestalla por capricho presidencial).  A partir de todo eso, insisto, y contando con que había otras siete personas tomando la palabra con la anárquica -y estudiada- algarabía que caracteriza a Punto Pelota, tenéis que entender que uno hizo lo que buenamente pudo. De todo se aprende. Tomo nota de todos vuestros comentarios y espero que la próxima vez, si la hay, pueda satisfacer aún más expectativas.

Punto Pelota.

Mañana -martes 5 de octubre- por la noche estaremos en Punto Pelota. Habrá unas cuantas cosas de las que hablar y, a buen seguro, un buen puñado de opiniones contrapuestas sobre lo que podamos, o no, decir.

Lo comentaremos.

Líder sólido.

Valencia-At. Bilbao.- Me gustó casi todo del Valencia de la primera parte. Empezando por la alineación que dispuso el entrenador. Siguiendo por la valiente actitud de sus jugadores. Hasta el planteamiento, acaso por vez primera, me pareció perfecto. Emery sabía que los de Bilbao basan una parte casi ridícula de su juego de ataque en los balones a Llorente y a pararlo se dedicaron, con gran acierto, los dos centrales y Topal. Notable la aportación del turco, ratificando a quienes lo postulan como imprescindible en las grandes ocasiones. Corre al mismo ritmo que sus compañeros, corta, se ofrece y, de postre, ha enseñado ya disponer de un aceptable disparo de larga distancia y un excelente juego de cabeza. Esto último, teniendo en cuenta su altura, le otorga a Emery una variante desconocida en esa parcela del campo. La supo aprovechar. Como trabajó, por fin, la manera de contrarrestar lo otro que le queda al Bilbao en ataque: los corners y faltas. El Valencia se empeñó con decisión, eliminó a los jugadores en los palos y dispuso de una defensa zonal con los diez de campo que dificultó mucho la habitual pericia de los Javi Martínez -habitual pesadilla para los porteros del vcf en esas jugadas- y compañía.

La pareja Topal-Fernandes lo bordó en la primera mitad. Los centrales estaban rápidos en la anticipación. Bruno demostró que Miguel debería seguir en el lugar que amerita su implicación. Pablo siguió inspirado y los dos de arriba también dejaron claro quién debe formar la pareja atacante. Ni rastro del habitual peaje que se paga tras la jornada de Champions, durísima como lo fue para el Valencia.

En la segunda, Pablo y Mata se desmoronaron físicamente. Lógico pues hicieron un desgaste terrible el miércoles. También lo hizo Fernandes. Lógico también si tenemos en cuenta que Fernandes suele hacer de Fernandes y sus apariciones van siempre de la mano del enigma. El equipo quedó roto. La salida de Susaeta hizo estragos. Hasta en los cambios acertó ayer un Emery desconocido. Quitó a un Soldado sorprendentemente encendido, a un Mata que no tuvo, ni mucho menos, su noche (empieza a ser preocupante) y a un Pablo agotado. Sacó a los recambios naturales para todos ellos. Volvió a decepcionar el Chori y apenas se vio a Vicente. Sí, entre los dos montaron la contra del 2-0, pero Mestalla ya le ha mandado el primer aviso al argentino. Parece deambular por el campo con una marcha menos que sus compañeros. A estas alturas, aún no sé si es porque su motor no tiene esa marcha de más o es que le pasa algo, pero las cosas, desde luego, no apuntan al lado del optimismo. Demostró, en todo caso, lo que venimos diciendo: que es un jugador para el contragolpe. Con el 2-0 apareció el Gran Fernandes, el mago do futebol, que se sacó de la chistera una falta innecesaria al borde del área y luego, en la barrera, lejos de saltar se giró para ver cómo Gabilondo la clavaba por la escuadra. El equipo estaba derrengado y él, al parecer, también, aunque casi no jugara el miércoles pasado. El último minuto se hizo eterno, pero no empañó la buena imagen de un líder que apunta a la solidez. Ya sólo le queda la asignatura de los grandes equipos. En Barcelona tendrá un hueso duro de roer, pero no parece que vaya a entregar la cuchara con la sumisión de la que ha hecho gala en los últimos años.

 Barcelona-Mallorca.- El domingo estuve en el Camp Nou para calibrar cómo se plantea el enorme partido de la próxima jornada de Liga. Tarde ideal para que el Barça se exhibiera. Sol, calor, muchos niños…Y el partido pareció un calco al carbón del que jugara el Valencia el sábado. En la primera parte, los de Guardiola pudieron finiquitar. Llegaban al área en volandas, con un Pedro hiperactivo, un Messi protagonista. Era un torrente de fútbol. Sólo la falta de puntería, el problema de los culés este año, evitaron que la goleada fuera de escándalo a esas alturas. Pero cuando, al final del primer tiempo, llegó el gol de Mallorca, el Barcelona se desinfló. Ahí comenzó a pagar la factura de su miércoles europeo. Entonces se vieron las carencias de Bojan -un jugador que en lugar de progresar, va hacia atrás cada temporada-, la falta de adaptación de Mascherano -la comparación con Touré, de momento, tiene sin conciliar el sueño a cuantos aceptaron el intercambio-, se vio que Milito no es Puyol, que Iniesta estaba cansado, que si juegas sin Xavi, Villa y Busquets, la plantilla se te queda corta y los chicos que llegan de abajo no van a salirte siempre como Pedro. Tiene el Barça un problema serio esta temporada en la falta de recambios. Un equipo que juega con tres delanteros no puede tener sólo tres grandes delanteros (Messi, Pedro y Villa) porque cualquier lesión te deja cojo. Bojan, insisto, ya no sería ni titular en lamitad de equipos de primera división y la otra alternativa, Iniesta, es remedio de urgencia porque si adelantas a Don Andrés pierdes medio del campo. Han jugado con fuego confiando en lo que tienen y no me extrañaría que tuvieran que salir en diciembre a comprar algún delantero. De lo visto ayer, la dependencia de Messi es total y absoluta.

Apuntes del Manchester, Pedrerol y Contador.

Después de un día ajetreado, en el que casi todo se ha dicho ya sobre el partido contra el Manchester, vamos a intentar añadir alguna cosa. También haré alguna referencia al lío que se ha montado con las palabras de Pedrerol sobre Llorente, aunque sobre esto me detendré mañana o pasado porque me parece interesante. Bien sabéis que todo aquello que afecta la libertad de expresión -ese bien escaso y poco defendido en España- siempre me toca la fibra sensible.

Valencia-Manchester United.-Sobre el partido, no descubro nada si digo que el Manchester se llevó no sólo más de lo que mereció sino, incluso, más de lo que vino a buscar. Un equipo en absoluta regresión saltó a Mestalla a no perder, con buena parte de los jugadores completamente fuera de forma (lo de Evra era escandaloso) y sostenido por el cuadrilátero de gigantes que formaban los centrales y medios centros. El Valencia pudo, en esa circunstancia, haber sacado bastante más provecho y quizás se le podría poner el pero de la falta de ambición. Hay que ser muy puntilloso, sin embargo, para no reconocer la tremenda evolución de un equipo que en su última participación en Champions hizo el ridículo más espantoso, no oponiendo siquiera resistencia a cuanto rival se enfrentó. El Valencia de ayer fue otra cosa. Pagó, con alta probabilidad, la poca experiencia de algunos de sus jugadores, del propio entrenador. Pero demostró que no está en Champions para ser una comparsa a poco que se mantenga un poco el criterio.

Emery volvió, ¿alguien lo dudaba?, a hacer de las suyas dejando fuera de inicio a Aduriz. Lo poco que jugó el vasco demostró el error del entrenador. Basta que Mestalla clame por la pareja Soldado-Aduriz (la ovación que se llevó éste cuando fue llamado para salir fue la más grande del partido) para que el bueno de Emery nos ponga al Chori. Domínguez, por cierto, está siendo una de las peores noticias de la temporada. Parece un viejo pistolero que camina tranquilo en busca del botín; mientras sus rivales y compañeros corren él simplemente trota. Cuando no hay espacios, el Chori no los crea…de momento. Aduriz cambió la dinámica…otra vez. Por ahí se fue parte del partido. Algo parecido sucede con Albelda. Jugador inteligente, que sabe administrar el valor de la experiencia, acota una zona del campo que puede abarcar y ahí realiza un buen trabajo. El problema es que esa zona es cada vez más reducida. Sus apoyos a las bandas, sus incorporaciones al ataque, sus ayudas en la presión, en la salida del balón son reducidísimas. No es ninguna manía. Me recuerda, por cierto, a lo que hacía Guardiola en sus últimos años: veinte metros para arriba, veinte para abajo y soltar el balón en cuanto le llegaba. Así, el pobre Tino Costa tenía que correr por los dos y no le alcanzaba el resuello para repartir el balón en condiciones. Si a esas dos pequeñas lagunas, salvadas por la entrega intachable de los once jugadores y el equilibrio que, por fin, le ha sabido dar el entrenador al sistema, le añadimos la tradicional falta de contundencia atrás, entenderemos por qué siendo bastante mejor que el rival, el Valencia no ganó ayer.

Me quedo, en todo caso, con el excelente desempeño de Mathieu, un chico que no conoce la palabra miedo y que salta a jugar con plato grande y piñón pequeño, le da igual que sea llano o un puerto de primera. Vive del entusiasmo y lo contagia. Vi también un Mata muy recuperado, un buen Pablo, un Soldado al que le pueden todavía los nervios de jugar en un equipo grande (esa es la única duda que nos suscitaba y nos sigue suscitando) y un campo demasiado vacío. Creo que no tiene sentido que el abonado tenga que pagar por ver partidos de Champions. Eso, por ejemplo, no sucede en Barcelona y partidos como el que ayer se vivió en Mestalla registran un lleno a reventar. Es, para mí, imperdonable, que Mestalla no fuera una auténtica olla a presión. No lo fue y no se puede culpar al socio que, con la que está cayendo, no puede siempre rascarse el bolsillo para estos partidos después de cotizar generosamente por su abono. Eso tiene que cambiarse.

Punto Pelota.-De esas cosas, seguramente, se debería de preocupar el presidente del Valencia, antes que de reclamar atención de los medios de comunicación. Lamentable me parece, desde luego, que en TVE se dedique mucho más tiempo a hablar de los dos clubes ricos que del resto. Porque TVE es un ente público, sufragado con dinero de todos, que tiene la obligación de tratar a todos por igual. Pero el resto de medios son empresas de capital privado, que se gestionan como les da la real gana, que dedican a cada cual el espacio que quieren en función de los criterios de sus rectores, que son los que, a finales de cada mes, tienen que pagar a sus empleados. Por ello, lo mismo Punto Pelota, que Marca, As, El País o quien sea pueden decir lo que les venga en gana. Quien no guste, que se busque otra cosa. A mí, por ejemplo, me entraría la risa si alguien de Barcelona me exigiera que SUPER hablase más del Barcelona. SUPER trata los temas que le parecen bien a su director y tiene el seguimiento que tiene. Lo mismo los demás. Sólo faltaría que a estas alturas tuviéramos que ir censurando la libertad de prensa.

Dicho esto, vi lo que dijo Pedrerol sobre Llorente. Me pareció una opinión tan respetable como la que yo pueda tener sobre el mismo. A mí Llorente me parece alguien sensato, una lumbrera comparado con el dueto Soler-Soriano, pero no me parece un tipo especialmente brillante. No es Pedro Cortés, ni Jaume Ortí, para entendernos. Creo que hacer del silencio virtud en esa circunstancia es la mejor de las ideas. Y creo también que lo de estar siempre llorando sobre lo que hacen o no los de Madrid roza el patetismo. Se debería preocupar de lo que de él piensan los valencianos, de lo que de él se dice en el seno del valencianismo, de que el socio pueda ver el Manchester sin pagar de más, de tener una mejor pareja de centrales…en fin, de tantas cosas… Y, desde luego, lo último que podría pasarnos es confundir una referencia al presidente del Valencia con una referencia al club o su afición. Eso es precisamente lo que les pasa mucho a los madridistas, o,en su día, al señor Laporta. A mí Florentino Pérez me parece un inepto como presidente, pero no por eso le pierdo el respeto a un club señor como es el Real Madrid. Y Laporta me parecía un perfecto imbécil, sin que por ello el Barcelona dejase de ser un club modélico en muchas cosas. Si alguien insulta a Llorente, que se encargue él de defenderse.

Contador.- No sé si es cierto o no que Contador también ha sido cazado. Siempre tengo la duda de qué pasaría si a cualquier hijo de vecino le hicieran un control de dopaje. Pero si Contador también es culpable, creo que el ciclismo profesional debería ser directamente abolido, prohibido, borrado de la faz de la tierra y, desde luego, la televisión pública debería dejar de rellenar horas y horas de parrilla con un deporte que transmite una pésima imagen a los niños de este país. Otros dos ciclistas españoles acaban de ser detectados (caen como moscas). Si Contador, repito que espero que no sea así, también es un tramposo, insisto, que se vayan todos a freír espárragos.