Archive for Abril, 2011

Acerca de Mourinho y su teoría de la conspiración.

Voy a empezar rompiendo una lanza en favor del Mourinho entrenador -luego entraremos en su faceta de titiritero-. Al contrario que a muchos de la “central lechera” -lúcida expresión de Guardiola para denominar a la prensa merengoide de los cuatro puntos cardinales- a mí me pareció que su planteamiento ante el Barcelona en la ida de una semifinal de Champions fue el correcto. Sabe, porque es listo, que al Barça no le puede jugar de tú a tú. Ni siquera a este Barça un poco desinflado por las lesiones y la falta de suplentes. El 5-0 está demasiado cerca como para no tomar nota. Que los jugadores del Madrid pusieran en su desempeño menos intensidad que en la final de Copa se debía, en primer lugar, a que había unos cuantos apercibidos de sanción y en segundo -y tal vez más relevante- a que había un partido de vuelta. El resto, clavadito al partido de Mestalla. Dejarla el balón al contrario e intentar salir al contragolpe. Así ha ganado siempre Mou y no le van a cambiar ahora. De repente parece que los gurús del merenguismo se han dado cuenta de que el portugués es un barraquero….Ver para creer.

La diferencia con lo que pasó en Copa estuvo en lo que hizo Guardiola. Estamos -lo expongo hoy en mi columna de SUPER- ante dos entrenadores superlativos, que manejan tanto los aspectos tácticos como los mediáticos. Superado por la bravura -para muchos cursis “extrema dureza”- del Madrid en Mestalla, Guardiola decidió utilizar las mismas armas que su rival. Lo hizo fuera del campo, contestando a Mourinho, y lo hizo dentro del campo, advirtiendo a sus chicos acerca de la imposibilidad de ganar si jugaban como lo hacían siempre. Enfrente, para que nos entendamos, no estaba el Zaragoza. El Barça salió mucho más recatado, dejando a los cuatro defensas en su sitio para evitar los contragolpes, asegurando el balón, procurando terminar todas las jugadas…Por eso la primera parte fue un ladrillo y, si bien es cierto que tuvieron los culés un par de ocasiones medio buenas, la cosa iba claramente para cero a cero.

La expulsión decidió el partido. Lo decidió, además, cuando el Madrid se había hecho con el control. Mourinho sacó a un nueve -o lo que sea Manolito Adebayor- y dio un pequeño paso adelante. El Barça empezaba a notar el cansancio. Decía Mou que lo siguiente era poner en el campo a Kaká y, en efecto, eso se antojaba otro pequeño paso adelante. Mi impresión era que, llegado ese momento, si alguien podía romper el cero a cero, ese era el Madrid. Y en estas llegó el árbitro, expulsó, para mí de forma totalmente injusta, a Pepe y el Madrid acabó perdiendo. Podría haber aguantado el resultado con diez -el año pasado el Inter le aguantó al Barça más tiempo en inferioridad-, pero no lo hizo. Se agujereó por la zona de su central izquierdo, la que suele ocupar Carvalho, la que Mourinho desde un primer momento expuso que había que reforzar y la que Messi utilizó para clavar los dos goles. No por mucho repetirme insistiré suficientemente en lo importante que es disponer de una buena pareja de centrales. Muchos, cuando el Valencia vendió a Albiol, me dijisteis que 15 millones eran pocos por él. Yo dije que Llorente era un genio de las negociaciones. Lo sigo pensando.

Y pasemos al Mourinho comediante. Dice que a sus equipos siempre les expulsan a alguien contra el Barça. Habla de una conspiración. La prensa, incluso la de la central lechera, ya le ha recordado que sus campeonatos han estado oportunamente sazonados con unos cuantos favores arbitrales -como sucede siempre en fútbol-. Pero, más allá, de ello, si siempre acabas con diez contra un equipo que monopoliza el balón de esa manera, ¿no será que el sistema de juego que tú empleas deriva inevitablemente, y por lindar a menudo con lo permitido por el reglamento, en acciones que pueden merecer la expulsión? ¿No tiene más sentido pensar que si lo apuestas todo a una defensa numantina, tengas que acabar viendo a tus fogosos chicos irremisiblemente en la calle? Cuando todo el mundo piensa de forma diferente a la tuya, suele resultar que el equivocado eres tú. Por ello, si bien estoy de acuerdo en la monopolización del mensaje merengue que hace Mourinho, descargando de atención a sus futbolistas -de cuya abigarrada vida nocturna ni se habla, por ejemplo-, y poniendo presión sobre los árbitros, no lo estoy en la pataleta post-partido. Su razonamiento es tan absurdo que raya en lo patético, haciéndole perder muchos enteros, desprestigiando a la institución que representa -antipática ya incluso a ojos de los extranjeros- y poniendo una piedra más en su camino de salida del Madrid.

No se da cuenta, además, como decía aquí ayer Vicent, que los árbitros que vienen de fuera, cuando acaba el partido se marchan a su país, al que, por fortuna, ni llegan Marca y AS, ni pueden sintonizar La 1, A3, Cuatro o Telecinco con sus consabidas consignas pro-merengoides. Las pataletas, bastante pueriles en su origen y en sus planteamientos, no sirven más que para poner a Mourinho en el más espantoso de los ridículos y convertir su personaje en una especie de guiñol, hasta el punto de minimizar las muchas virtudes que desde luego posee a la hora de ejercer de entrenador.  Con lo que queda claro que nadie, nadie, es perfecto.

Y no quiero terminar sin mandar un mensaje de ánimo a los amigos seguidores del Villarreal. Pensad, amigos submarinos, que todo lo que habéis hecho en la UEFA, incluso llegar a semifinales, os ha venido por añadidura. En esa competición debería de haber estado el Mallorca. Vosotros, no.

Aquí no pasa nada ¿Qué más queréis?

Sabíamos en este pequeño rincón de disidencia que el señor Emery no iba a pasar a la historia del valencianismo. No lo iba a hacer porque su mediocre deambular no le ha dado a la afición en tres años un solo partido que recordar, una pequeña alegría, un irse a casa frotándose las manos y sintiéndose orgulloso de ser del Valencia. Ya lo podían renovar por cien años, traerle a Xavi, Messi e Iniesta, a la defensa del Inter del año pasado o al mismísimo Pelé rejuvenecido cincuenta años. Su nivel de ineptitud y su capacidad para desarbolar el andamio táctico y psicológico de un equipo son tales que por aquí habíamos cerrado la persiana hace bastante tiempo. Lo que no sospechábamos, sin embargo, es que esa figura mundial de los banquillos iba a escribir la página más negra de la historia reciente del Valencia -para quienes aún recuerdan los descensos a segunda división- y de la historia en general para los muchos jóvenes que no vivieron aquellos episodios. Porque ya no es que su “equipo” fuera vejado, humillado y ridiculizado por el Real Madrid, la bestia negra de tantos y tantos valencianistas, es que lo fue por un Madrid en el que jugaban la friolera de nueve suplentes y que, por si eso fuera poco, saltó al campo sin otra motivación que pasar una tardecita al sol del Mediterráneo, descartada como estaba ya para ellos cualquier esperanza de ganar el título de Liga. ¿Qué se encontraron enfrente los Granero, Kaká y esa pedazo de defensa conformada por Albiol (¡de lateral derecho!), Garay, Carvalho y un chico del Castilla cuyo nombre ni recuerdo? Pues lo de siempre. Ni más, ni menos. Una banda de muchachos que todavía no saben a qué juegan, que saben mover la pelota bastante mejor que la mayoría de sus mediocres rivales y por eso suelen ganar, pero que a poco que el contrario tenga un poquito de intención y un algo más de habilidad que ellos se derrumban como un castillo de naipes. Nada los sostiene, más allá de llevar la misma camiseta. Provocaba pavor observar la disposición táctica del Valencia de ayer. Tres años nos comtemplan, amigos míos, y hubo momentos en los que los chicos de blanco parecían un equipo de perritos circenses, persiguiendo la pelota como pollos sin cabeza, sin ocupar un solo espacio más allá del que ocuparía un grupo de niños de cinco años. Tres temporadas con este iluminado y aún no saben a qué juegan. Entrar ahora en la elección de jugadores resultaría intrascendente. Aquí hemos dado ya cumplida cuenta de que esta luminaria llegó a convertir a Maduro en uno de los ejes del equipo -o lo que sea este Valencia a sus órdenes-. Insistir en el choteo permanente al que es sometido un entrenador sin ningún principio de autoridad tampoco sirve de mucho -ayer el chico Pablo, esa otra figura internacional de la lucha denodada por recuperar las docenas de balones que pierde de forma incomprensible, volvió a remover con recochineo su desdén, tras ser substituido, hacia un entrenador que no da una a derechas-. Ya casi nos da lo mismo que Vendredi siga insultando a nuestra inteligencia partido tras partido, pitillo tras pitillo. La tomadura de pelo tiene, sin embargo, un límite. Y no, querido Soldado, lo de ayer no eran “solo tres puntos”. Quizás sí lo fueran para ti, con lo que demostrarías que todavía no te has enterado de qué va la película -algo grave en uno de los pocos miembros de la plantilla que debería saber, desde la cuna, lo que siente su afición-. Ahí subyace uno de los grandes males de este club en estos momentos. En su absoluta desconexión con una grada aún desactivada tras el desastre bíblico que supusieron Soler y Soriano. Ni el presidente, que es quien debería dar ejemplo, ni el entrenador, ni -por efecto contagio- los jugadores tienen la más remota idea de lo que piensan sus aficionados, ni, pero aún, de lo que sienten. Porque más allá de que existan discrepancias en torno a si tiene que jugar este o aquel, en si tiene o no que seguir el entrenador, lo que resulta tan obvio que no requiere discusión es que tú no puedes tirar a la basura determinados partidos. No puedes rajarte cuando tienes a toda tu afición con el nivel de ilusión en máximos. Y eso es justo lo que este presidente, este entrenador y, por contagio, estos jugadores llevan haciendo de manera tan insistente que roza la imbecilidad recordarlo. Estamos ante un grupo de personas que han dicho por activa y por pasiva -y han refrendado con hechos y renovaciones- que se conforman con estar entre los cuatro primeros de España (el presupuesto del club es el tercero, de manera que heroicidades las justas) para dar saltos de alegría durante todo el verano. Estamos ante tipos que se miran al espejo y dicen “pero qué buenos somos, Manolo”, si, más allá del cómo, consiguen meter el cuello en Champions, dejando en la cuneta a los otros aspirantes (muy lejanos todos, salvo el Atlético, recordémoslo, en presupuesto de gasto y partida de fichas para jugadores). Ninguno de quienes pilotan el club, ni Llorente, ni Emery, ni todavía menos Braulio, habrían aventurado en el más inspirado de sus sueños de juventud alcanzar el lugar que han alcanzado. Ninguno, por desgracia, va a pasar a la historia (no, al menos, a la historia recordada con alegría). Su empecinamiento en la mediocridad, en el conformismo, en ese mirarse al espejo y respirar con alivio porque han pasado un día más y siguen mandando nada menos que el Valencia Club de Fútbol, puede conducirles a ser terceros -CON EL TERCER PRESUPUESTO MÁS ELEVADO DE LOS EQUIPOS ESPAÑOLES, QUE NADIE SE OLVIDE-, a que el banco no los quite del medio, a que las televisiones les sigan dando unas migajas. Pero las puertas de la historia están cerradas para la gente que huye en las batallas.

Y sí, desde luego que podemos predecir lo que pasará en los próximos días. Lo narraba con precisión quirúrgica un lector de SUPER ayer mismo. Unai ya ha asumido su culpa. “¡Vergüenza! ¡Tomaremos medidas”", clama. Llorente ha bajado al vestuario. “He pedido explicaciones porque la afición no merece esto”, declaró cariacontecido. Entre hoy y mañana se reunirá el triunvirato de mediocres, avisarán a SUPER para que los “pille” con caras largas buscando soluciones. A lo largo de la semana saldrán los jugadores a pedir perdón a la afición. La cosa se irá enfriando poco a poco. Hay un Barça-Madrid en semifinales de Champions que hará que en España no se hable de otra cosa. Unai tirará de alguna treta de manual de psicología de kiosco de aeropuerto del tipo “llegué a casa por la noche y mi hijo, despierto, anegado en lágrimas, me suplicó que continuara”, los de siempre saldrán a recordar que el Valencia es tercero y con eso se conforman “tal y como está la economía”-no dirán que es lo mínimo que se le puede exigir a quien es, también, el tercero en nivel de gasto-, en el próximo partido Maduro volverá al banquillo, Jonas volverá a jugar, Vendredi, por supuesto, también, es posible que hasta se gane a Osasuna y, señores, aquí no ha pasado nada. Quien día pasa, año empuja. El Villarreal seguramente fallará, concentrado como está en eliminar al Oporto, y, si no lo hace y hay que luchar como leones por ser terceros se volverá a reclamar a la afición que se vista de naranja, que se ponga una peluca rosa, los calzoncillos verdes, los calcetines a rayas y envíe cartas de amor a los jugadores con las que empapelarán el Nou Mestalla para que quede presentable a los turistas que vienen a la ciudad y flipan en colores. Y los defensores del entrenador seguirán diciendo que es un genio, que lleva más puntos que Benítez, que le ganó al Osasuna, al Getafe, al Almería, al Racing, al Sporting, al Málaga, al Levante en casa y fuera, al Zaragoza, al Logroñés y a los turcos por goleada, que la gente se divierte, y sobre todo que “qué más queremos tal como está la economía”. No dirán que el Valencia gasta casi un treinta por ciento más que Villarreal o Sevilla, por citar algún equipo a los que se supone, tiene un mérito enorme superar en la tabla. “¿Qué más queréis?”, le dirá Llorente a su espejito, Unai a sus hijos, Braulio a sus contactos en Francia y la caterva de defensores de Emery en sus radios y periódicos.

Pues, amigos míos. Lo que quiero es que no vengan los suplentes del Madrid y me metan seis, en mi casa, con el campo lleno, con más niños que nunca, en medio de una pachanga en la que, de haberlo necesitado, a Guaita le habrían clavado una docena. Sólo eso.

De la final y el Madrid que viene.

Pues no hubo manera de escapar al embrujo de LA FINAL. Cuando intentas proponerle a tu mujer planes alternativos y ella -que, encima, es del Barça- acaba diciendo que lo que quiere es ver la final, no tienes escapatoria. Venga, a ver la final.

Antes que nada, debo decir que me alegra sobremanera que alguien, por fin, la haya bajado los humitos a la gente del Barça. Sólo había que verlos paseándose con aires de grandeza por Barcelona las horas previas a la final, seguros ellos de que nada ni nadie iba a parar a sus chicos, manita mediante. Son en eso, por desgracia, clones del madridismo más rancio e insoportable. A poco que han ganado cuatro cosas (lo son para el dineral que se llevan gastando desde hacia medio siglo) se les han subido los humos hasta niveles bastante perniciosos. Ya, la verdad, cansaba un poquito. Que haya tenido que ser el Madrid de Cristiano y Mou es, en ese contexto, un mal menor.

Me alegro también de que, y esto es tan subjetivo como lo anterior, la derrota azulgrana tuviera, en esencia, un origen en una pésima planificación de la plantilla (incluso los ricos supuran por esa herida). Cuando el bueno -e inocente- de Rosell no tuvo otra ocurrencia que fichar a Zubizarreta, el tipo más profundamente aburrido e insustancialmente amorfo además de escasamente culé, como director deportivo ya dije aquí que no se auguraba nada bueno para los sucesores del independentista, cínico y prepotente -pero listísimo y con más suerte que una pata de conejo- Laporta. Que llegues a una final contra el Madrid y de tus cuatro defensas, tres no rebasen el metro setenta de estatura es como para ponerle una calle al señor Zubizarreta y su inusitada capacidad para confeccionar plantillas. Ver saltar a Pepe con Alves o a Cristiano con Adriano es lo mismo que pretender que Corbalán, a sus años, le birle un rebote a Pau Gasol. Va a ser que no, amigo Zubi.

Nuevo recital de Mourinho, por otro lado. El Madrid tiene jugadores bastante peores que los del Barcelona. A mi juicio, digo. Pero también sucedía eso el año pasado con su Inter. Y la cosa ha salido calcada. Dejó a los chicos de Guardiola que se pasearan en los combates iniciales para acabar robándole la cartera al por otro lado excelente entrenador azulgrana cuando las castañas estaban realmente en el fuego. En una Liga este Madrid lo tiene muy crudo contra el Barça porque a 38 partidos sinceramente no hay color. Pero cuando hay que sacar el carácter…ay, amigo…entonces la cosa cambia. Y yo vi lo mismo que vi la temporada pasada con el Inter. Cambiemos a Di María por Eto’o, a Marcelo por Chivu y a Carvalho (pedazo de central, que Mou exigió cuando se enteró de que junto a Pepe iba a tener que poner a jugar a un tal Albiol ¿lógico, no?). Guardiola no pudo hacer más.

Y no pudo hacer más porque al Barça le falta chispa. Le faltó el año pasado a estas alturas. Algún problema tienen ahí. Llegan como motos al mes de febrero, para luego desinflarse. Villa fue una caricatura -lo suele ser en los partidos importantes, donde se separa el polvo de la paja-, Pedro lleva todo el año peleado con su pasado, Xavi anda fondón, Sergio nervioso e incluso Alves no fue el de siempre. La cosa queda, pues, a pies de Iniesta, que fue el que cumplió como casi siempre y de Messi, que lleva unas semanas paseándose como si la cosa no fuera con él. Sólo así, con un Madrid que iba a todas, un Barcelona sin inspiración y un Mourinho al que le volvió a salir bien la jugada, podían las cañas volverse lanzas. Así y con tres defensas que podían hacerle los coros a Torrebruno, claro. Nunca, ya lo he comentado aquí alguna vez, se ha conocido campeón sin una defensa de relumbrón. Jamás. Puedes ganar jugando mejor o peor, pero siempre lo haces cuando tienes atrás cuatro tíos capaces de convertirse en antropófagos antes que dejar que un delantero les robe la cartera y ponga en peligro un año de trabajo.  Vengo clamando en este desierto cibernético por que el señor Del Bosque vaya poniéndose a buscar alternativas a Puyol y Capdevila que vayan más allá de los Albiol y Marchena con los que no nos esperan más que calamidades por la sencilla aplicación de esa cruel ley del fútbol (y hablo de la Roja porque lo de ayer, la verdad, me importa un monumental pimiento). Sin defensas no hay grandes victorias.

Siendo maligno, me viene a la mente la quinta del Buitre. Lo digo por el dilecto comentarista de TVE Manolo Sanchís, tan objetivo en sus valoraciones como sobredimensionado en sus cualidades como defensa. Con él como central el Madrid no ganó nunca nada más allá de aquellas ligas-paseo en las que la mitad de los partidos complicados se los apañaba el del silbato. Huelga entrar en más detalles.

¿Qué Madrid espera el sábado? Pues si uno analiza a Mourinho, vuelvo a decir que tan imbécil como excelente entrenador (aunque tras poner en su sitio a la prensa de Madrid con toda la razón del mundo ¿quiénes son ellos para exigir que hable el primer entrenador, el utillero o el señor que pinta la línea? ha ganado para mí bastantes enteros), dudo que vaya a poner toda la carne en el asador. La Liga la tiene perdida y lo sabe y si ya con esta copichuela, otrora segundo y ninguneado plato para el madridismo, poco menos que están dispuestos a ponerlo como alcalde, imaginemos de lo que será capaz Florentino si le justifica la millonada gastada ganándole la famosa décima. Así que el Madrid vendrá pensando en clave Champions. Así que hasta es posible que, por fin, el bueno de Emery añada al Madrid a los equipos a los que ha vencido. Una muesca más camino de su renovación. Hasta Tito Bau -en su columna de hoy- la apoya. Así que me quedo solito. O casi. No creo que a Juan Lagardera le convenzan con balas de fogueo. Porque un caballo es un caballo y una mula, una mula. Y a estas alturas no estamos para que nos den mula por caballo. No a nuestros años.

Festín submarino.

Volvió el Valencia anoche a recordar a aquel viejo equipo que sabía hacer vibrar a su afición. Tanto, que Mestalla, ese campo presuntamente frío -yo mantengo que tanto como cualquier otro-, acabó haciendo la ola. No fue para menos. Un Valencia desmelenado se merendó sin contemplaciones a uno de sus rivales directos, demostró que cuando juega quien tiene que jugar no debería tenerle miedo a nadie y, de paso, dio un puñetazo encima de la mesa de aquellos que consideraban que el Villarreal era “la alternativa” a Barcelona y Real Madrid. Habrá que estar atento, por cierto, a la maniobra de reorientación ideológica -les resulta muy familiar, de modo que no tendrán problema- de la maquinaria propagandística neomadrileña, que ha colocado con una insistencia sospechosa al Villarreal en lugares que no le correspondían (salivaban con profusión recordando al valencianismo que ya ni siquiera representaban al primer equipo de la región). Porque una cosa es que el submarino fuera un equipo sobrevalorado -como siempre se ha mantenido aquí- y otra la humillante vejación futbolística a la que fue sometido anoche.

Todo resulta más fácil cuando se echa mano del sentido común. Ayer el Valencia, sin que obviamente sirva de precedente, ocupó los famosos “pasillos de seguridad” de San Luis Aragonés con los futbolistas mejor dotados para el empeño. Topal dio coherencia a la salida desde atrás instalado entre los centrales, Banega cogió la batuta, Tino Costa se encargó de barrer el centro del campo y Soldado de los ataques en tromba. Tiene jugadores el Valencia para bordar el contraataque y con esa idea le bastó y le sobró para hacerse dueño y señor del juego durante la primera parte. Al menos hasta que Costa cayó lesionado. Colaboró, desde luego, su rival. Primero gracias a la sorprendente decisión de su entrenador de jugar con un hombre menos. Pensar que Capdevila, a estas alturas de su carrera, puede hacer de extremo incisivo pegado a la cal de la banda izquierda es como esperar que un canto rodado saque una guitarra y se eche a cantar. Y también, por qué no, gracias a Marchena, que se marcó el mejor partido para el Valencia desde hace bastantes temporadas. Llevaba otra camiseta, pero el agradecimiento debe ser el mismo. La empanada que llevaba el sevillano, bien secundado por el substituto de Capdevila en el lateral izquierdo -Garrido for president- dejaron a Soldado solo ante López con tanta frecuencia que hasta el 9 del Valencia se asustó. La entrada de Dealbert, o la salida de Costa, dieron paso a un rato de desconcierto en el que parecía que la cosa se torcía. Pero  esta vez la sangre no llegó al río.

Se demostró, de nuevo, la importancia de Banega. Hay dos Valencias muy diferentes y los dos dependen del argentino. En tanto estuvo secundado por Costa se le vio cómodo, mandón y hasta implicado. Cuando se marchó su compatriota, por un momento volvió el Banega despistado de esta temporada, fue entonces cuando el equipo entero se cayó. Pero vete tú a saber los motivos, ayer Ever decidió enchufarse de verdad y cuando eso sucede, casi cualquier comparación con él resulta sonrojante. Su facilidad para mover a un equipo a veces resulta hiriente y la afición sólo se pregunta por qué no puede jugar siempre como lo hizo ayer. Yo mantengo que necesita un entrenador que sepa conducir su atormentada personalidad.

Del resto, imagino que habrá que acabar concluyendo que estaban los chicos del submarino agotados de su empresa europea -a la que accedieron, que nadie se olvide, tras un golpe bajo al Mallorca en los despachos-. Sólo así se explica que la tan cacareada superioridad técnica de sus jugadores de ataque ayer no se viera por ningún sitio. Cazorla, Rossi o Nilmar fueron anoche una sombra de lo que se les ha visto en sus mejores partidos. Sólo Valero pareció ser consciente de que su equipo no sólo se jugaba la tercera plaza. Preocupante, por otro lado, que su entrenador haya sido incapaz, después de tres partidos calcados, de superar el planteamiento táctico de su oponente. Cuando tropiezas cuatro veces con la misma piedra ya no puedes echar la culpa a los jugadores. En cuatro partidos, el Villarreal le ha creado al Valencia media ocasión clara de gol. Supongo que alguien se lo dirá. O no, porque allí al primero que levanta el dedo para hacer observaciones lo mandan al Gulag que mantienen en el fondo de las Fosas Marianas. Notable, en todo caso, que Emery no diera su brazo a torcer y perserverara en lo que ya le había funcionado. Imaginamos que Garrido prepara ya el próximo partido contra el Valencia sin variar un ápice su planteamiento.

Mención especial para Mata, que hizo, para mí, el mejor partido en mucho tiempo. Igual que Soldado, que falló varias ocasiones claras, pero volvió a recordar a aquel caballo desbocado que deslumbraba al contraataque con el Getafe -en el primer gol le sobró hasta tiempo para mirar si el linier levantaba el banderín, en un alarde de potencia y delantero avezado- ¿Qué habría sido del Valencia si su 9 no hubiera sido el sacrificado ante el Schalke? Un poco de lástima, por cierto, la que uno siente por Aduriz, que a este paso acabará llevando las botellas de agua a sus compañeros después de haber sido el delantero centro titular durante casi toda la temporada. Pero así son las cosas. O así las contamos.

La victoria no sólo sirve para coger una ventaja notable por la tercera plaza, casi asegurada ya si los amarillos siguen concentrados en ganar la UEFA -algo en lo que me parece que sí acierta su entrenador, que anoche incluso acabó reservando jugadores, teniendo en cuenta que el Villarreal aún no ha ganado un solo campeonato de nada (y lo digo sin segundas intenciones)-, sino que casi certifica la clasificación para Champions tras el empate del Sevilla. Eso pone el final de temporada al resguardo de disgustos y permitirá programar el futuro con calma y, esperemos, con cabeza.

Surrealismo madrileño.

Vamos a ir por partes, como diría Jack The Ripper, porque la jornada del fin de semana ha sido una mezcla de surrealismo y dramas anunciados que se confirman.

1.-Valencia: Pues miren ustedes, a mí me sigue pareciendo que el Valencia hizo un partido bastante flojito. Puede que su entrenador -así lo declaró- viese implicación y compromiso en sus jugadores. Yo no los vi por parte alguna. De hecho, hasta el 1-2 de Soldado aquello era un auténtico disparate en el que nadie, ni uno solo de sus jugadores, estaba dando una a derechas. En una primera parte para borrar de los anales, apenas Jonas, que es nuevo y, por tanto, no se entera aún de la película emeriana, corría con un algo de intención, se movía, buscaba arrimarse al contrario y generaba algo parecido a lo que se suele denominar como peligro. El resto, un desastre colectivo que sólo se salvaba de desgracias mayores por enfrentarse al peor equipo de 2011, ese dechado de virtudes al mando de un supuesto candidato al banquillo del Valencia y confirmado autor del célebre “me lo merezco, me lo merezco”, tras marcar un gol que no sirvió absolutamente para nada en aquella selección española de sabor entre el madridismo y la derrota permanente.Le bastó al Getafe poner a sus chicos de la parte de arriba a presionar un poco -no creáis que demasiado- la salida del balón del Valencia para que en toda la primera parte no se diesen tres pases seguidos ni una sola vez. Tener que observar las dificultades de los Dealbert y compañía para zafarse de fieras indomables tipo Miku era un ejercicio rayano en la autoflagelación. Sólo la costumbre lo hacía más llevadero. Por lo demás, más de lo mismo en la zona de creación. En la estadística, es probable que el propio Dealbert intentara más pases hacia adelante que Tino Costa (otra cosa es que llegaran a buen puerto), lo cual lo dice todo. Estamos a punto de terminar la Liga y aún no sabe el equipo quién se supone que tiene que sacar el balón jugado…No es que el primer gol lo cambiara todo. En realidad, nunca hizo el Valencia un partido como para marcar cuatro goles. Ni mucho menos. Ayudó, desde luego, que a Soldado le entraran todos esos balones que llevan marchándose fuera toda la temporada, que algunos de los defensas del Getafe hicieran méritos más que suficientes para ser fichados por el Valencia para la temporada que viene -por su lamentable nivel técnico- y que el Gatefe se deshiciera como un azucarillo. No todo es, hay que reconocerlo, culpa de Míchel. Entre lesiones y bajas de tipo diverso, la verdad es que el once del Getafe olía a descenso a segunda por todas partes. En todo aquel batiburrillo, Mata hizo un par de buenas jugadas, Jonas dejó un buen pase, el lateral izquierdo del Getafe controló un balón con el epicentro de la tibia y Soldado hizo todo lo demás. Pero ni control del juego, ni estrategia clara, ni ataque por bandas, ni desdoblamientos, ni nada de nada.Habrá, tiene que haberlo, quien diga que todo lo anterior no es cierto y que nadie gana por 2-4 sin hacer algo. Pues yo digo, por mi parte, que sí. Que se pueden marcar cuatro goles fuera de casa y hacer un partido muy flojo. Otro más y van…

2.-Villarreal.- A mí, en contra de lo que he leído en SUPER, me pareció que, salvando un inicio dubitativo -atribuible a sus muchas ausencias-, sobre el Madrigal hubo un solo equipo y ese fue el Barcelona. Bien es cierto que Rossi tuvo un par de ocasiones en las que se demostró que Puyol y Abidal son mucho Puyol y Abidal, pero en el conjunto de los 90 minutos el baño de juego del Barça se acercó bastante a lo escandaloso, tanto que en la segunda parte podrían haber puesto once muñequitos de amarillo y habrían hecho un trabajo de combinación parecido al que realizó el Villarreal. Vamos, que no dio dos pases seguidos. Tuvo una ocasión, sí, pero es que el Barcelona martilleó sin solución de continuidad la portería de López en un ejercicio de superioridad que olía a campeón de Liga.Curioso lo de Garrido, que sigue empeñado en quedar cuarto o vete tú a saber si quinto. Por si Marchena no hubiera cosechado todo tipo de fracasos en Valencia haciendo las veces de medio centro, ahora resulta que, alcanzada la cuesta abajo de su carrera, continúa haciendo lo propio en un equipo que, se supone, juega bien al fútbol. Muy mal deben andar las cosas en ese vestuario para que la supuesta alternativa al Barcelona en cuanto al buen hacer futbolístico alardee de dos medios centros como Bruno y Marchena. Se revelaba en SUPER el otro día que el entrenador amarillo había sido siempre culé. Se notó.Apasionante se presenta el partido de Mestalla entre los aspirantes a mejor equipo de la Comunitat. Emery meterá cinco centrales. Si Garrido juega, otra vez, con Marchena y Bruno, lo mejor es que quien vaya a Mestalla lo haga acompañado de algún tipo de videojuego con el que distraerse. Cuando se va acercando el final, el personal queda retratado.

3.-Madrid.- Curioso cómo un equipo que ha gastado millones y más millones hasta convertir la Liga española en un bodrio a la escocesa es incapaz de superar la ausencia de su mejor jugador. Sin Cristiano el Madrid tiene que ser menos. Entra dentro de la lógica. Pero ¿tanto? Ya decíamos que el tal Adebayor  poca alternativa iba a resultar y, a estas alturas, lo único que pueden hacer las huestes merengues es rezar para que Ronaldo esté bien y afinado para los partidos de cuartos de Champions. Tremendo, por cierto, lo del Sporting, que en unas pocas semanas se ha merendado al Barça y al Madrid.Penosa, por cierto, la campañita lacrimógena de petición de apoyo al público que algún gran gurú de la comunicación merengue ha ideado. El ridículo de los Mourinho, Alonso y compañía con cara de pobres corderitos extraviados en una remota cordillera es de los que hacen época. Si a estas alturas estos señores necesitan pedirle a una afición, la del Madrid, que lleva una década -casi- sin ver unos cuartos de final de Champions que les dé el apoyo, “no nos dejéis solos” llega a titular una de las hojas parroquiales de Florentino, …apaga y vámonos. Ignoro de dónde sacan estas deplorables ensoñaciones de motivación de tienda barata, pero desde luego dan pistas de por qué un club que gasta millones y más millones sin ton ni son acaba casi siempre cosechando fracasos. Entre tanto, y es lógico a la vista de todo lo que rodea al madridismo militante internacional con sede en la central de los grupos de comunicación supuestamente nacionales de este país, las simpatías por el Tottenham se extienden por España a la velocidad de la luz.

4.-Levante.- ¿Qué más podemos decir? El tercer mejor equipo de la segunda vuelta, con Rubén y Stuani de delanteros… Si existieran los milagros, el Levante sería campeón de Liga. Como no existen, simplemente hace lo que está haciendo.