Archive for Noviembre, 2011

Yo estaba en el maratón.

Este fin de semana no hubo fútbol. El domingo, Valencia vivía una fiesta del deporte de verdad, de ese en el que sólo unos cuantos entre muchos miles lo practican por dinero. La ciudad vivía su maratón y entre los siete mil locos que se pusieron a correr estuve yo. Viví momentos buenísimos y también malísimos. Sufrí una barbaridad por pecar de valiente, por no decir de listo, y hacer la primera mitad de la carrera a un ritmo demasiado alto. Pero uno tiene que quedarse con lo bueno y la verdad es que la experiencia fue increíble. Supongo que los que os acercasteis al borde del camino a ver desfilar a los corredores pudisteis ver de lo que hablo. Un maratón es otra cosa. Y en Valencia, lógicamente, tiene un sabor especial, que supieron potenciar con ese final impresionante. Por allí estaba Teo, al que saludé sin apenas tenerme en pie, justo antes de me diese un tirón en el cuello al intentar beber un poco de powerade y a renglón seguido otro en un músculo cercano al codo, cuya existencia yo desconocía, al retirar la botella de mi boca. Tres horas corriendo a todo lo que da el cuerpo son, seguramente, demasiadas.

Así que, todavía más muerto que vivo, releo ahora el SUPER de ayer para enterarme de cómo fue el partido del sábado, uno de esos en los que, ya nos ha quedado claro, no suele fallar el VCF. Pasito a pasito se va asegurando la tercera plaza y todo lo que conlleva…

El grupo de las sombras.

Cuando el Valencia empató con estos chicos que anoche vinieron de turismo a Mestalla, fuimos muchos los que nos llevamos las manos a la cabeza. Primero, por la injusticia que supone que conjuntos tan vulgares puedan estar en Champions y no así el Levante o el Mallorca, por ejemplo. Y segundo, y tal vez más sangrante, por el mísero botín en sí. No ganar ante el Genk fue, es y será un auténtico despropósito. Es cierto, como los partidarios del status quo se han encargado de recordar, que “tampoco el Chelsea pudo ganar allí”. Y es posible, incluso, que ni siquiera lo haga el Bayer. Pero esto último no justifica lo anterior. En todo caso demuestra el peso real de los equipos que configuran el grupo. Tres antaño grandes de Europa en horas no bajas, sino bajísimas. Tres sombras de lo que un día fueron. Cada uno por razones distintas, pero incapaces los tres de jugar al fútbol como Dios manda salvo en contadas excepciones.Anoche fue una de ellas para el Valencia. Hizo lo que tenía que hacer y le pasó por encima a un rival lamentable, que por fin recibe el castigo que merece su apuesta futbolística. Las voces críticas -la mía- se encargarán de echar agua al fuego de la euforia del común recordando que es, precisamente, en partidos como el de anoche que has huestes emerianas han labrado su prestigio -el del entrenador, digo- en el último trienio. Resultado vistoso ante equipo que tampoco había padecido tanto. Hemos preferido ver el Barcelona, pero este entrenador debe de ser un genio. Lo típico visto desde fuera, a base de resumen. A la práctica, sin embargo, y como hemos ido recordando en los últimos días, estos fuegos de artificio no sirven si no se saca algo positivo de Londres.¿Y qué pasará en Londres? Pues aunque en fútbol sea tan difícil acertar -no por nada las casas de apuestas basan su negocio en este invento- la fuerza del precedente, mucha fuerza en este caso, apunta a un nuevo nadar y nadar, y más nadar y más nadar, hasta llegar agotado y perecer en la orilla. Es cierto que este Chelsea de mi primo portugués no le llega a aquel de Mourinho que tanto terror sembraba en el vestuario del Barcelona ni a la suela del zapato. También lo es que tiene a la mitad de sus figuras en estado de depresión o convalecencia prejubilatoria. Nunca, en la época reciente, habría pasado el Chelsea los apuros que está pasando en este grupo de medianías (tampoco el Valencia de los buenos tiempos). Y, sin embargo, con solo recordar que se trata de un partido decisivo, ante un grande de Europa, en un escenario con empaque, creo que debería bastar para saber cuál será el resultado. Se producirá por un error arbitral, un fallo garrafal e incompresible del portero, tras una multitud de ocasiones falladas, por el empecinamiento del de siempre de demostrarnos que como él solo hay uno, de resultas de un error a la hora de dar el once inicial -manda huevos-, o por una concatenación de elementos galácticos como aquella que llevó a Leire Pajín a calificar de momento histórico y providencial para el conjunto de la humanidad la coincidencia temporal entre Obama y Zapatero -manda aún más huevos-. Pero si tuviera que apostar un céntimo de mi dinero, no tendría duda. Entonces vendrá la campaña de las excusas, se recordará que tampoco otros grandes equipos han pasado de ronda, que se ha estado a un paso de tumbar a todo un Chelsea, que el equipo ha peleado, que se está tercero en la Liga y que el fútbol es así. Y debe ser que sí.Y, por cierto, ya quedan menos de tres días para el Maratón Divina Pastora de Valencia. Va a ser bonito. Allí estaremos para hacer los 42 kms…con otras 7000 personas. A ver si el tiempo acompaña.

Nuevo paseo del Madrid en Mestalla.

 Que el brouhaha que se montó al final no nos acabe confundiendo. En ningún momento, y eso quiere decir en ningún momento, pareció anoche que el Valencia iba a poder con el Real Madrid. No lo pareció en la primera mitad, en la que los de Mou parecían el Barcelona, haciendo circular el balón sin aparente oposición, con Ronaldo haciendo sus payasadas habituales, ni lo pareció en la segunda, en la que un exceso de confianza de los merengues, ejemplificado sumariamente en su pasividad en el segundo gol de Soldado, fue lo único que metió a un Valencia gris y falto de la más mínima propuesta futbolísitca en el partido.

Y eso que las veleidades habituales del señor Emery -se olvidó, como avisamos tras el partido del Levante, de jugar con dos puntas y metió en el once a un Parejo desastroso y a un Alves decisivo para mal- respondió Mourinho situando a Khedira en el puesto de Kaka  y a un Lass atribulado y obcecado a demostrarle al madridismo por qué juega tan poco en el Madrid en el centro del campo junto a Xabi. Ni con los regalos de Mou pudo ser.  El Valencia perdió, otra vez, cuarenta y cinco minutos preguntándose, como sucede cada vez que juega Parejo, quién debía hacer qué, con el grave añadido de que, con el madrileño en el campo, cualquier cosa que se hace se ejecuta en cámara lenta, como en los mejores tiempos del Chori Domínguez. Nadie daba una a derechas, salvo Alonso y los suyos, que jugaron a placer, para mayor aburrimiento de Casillas, que podía haber pedido un sillón para echar una cabezadita. De hecho, no se le vio haciendo algo hasta el primer gol local, bastante avanzado el partido.

La apuesta emeriana volvió a resultar contraproducente. Obsesionarse a estas alturas con tapar a Xabi Alonso, sabida su enorme capacidad para taparse solo, y entregar a esa tarea a quien se supone tiene que librar a Soldado de la vigilancia de -nada menos- Pepe y Sergio Ramos era condenar al equipo al ostracismo. Así sucedió. Por explicar queda, también, lo de dejar a Guaita en el banco. Si estaba lesionado, ¿qué hacía de suplente? Imagino que resulta difícil perdonar al chico que venga demostrando desde hace bastante que va para figura mundial cuando, con él en el banquillo, pasó de la grada al Huelva y sólo al campo cuando no quedaba nadie para el puesto. Alves no es Guaita. Se puede empeñar el personal en equipararlos, pero los hechos acostumbran a ser testarudos. Mucho adorno en las paradas y en los disparos al muñeco, pero ser un gran portero es otra cosa.

El arreón final, Parejo ya, aunque tarde, ausente, dejó un presunto buen sabor en algunos aficionados. Pero era lo que cabía esperar del tercer clasificado de la Liga desde el principio. En Madrid habían hecho de este partido la batalla crucial antes del clásico y seguramente tendrán la tentación de teñir la victoria con aires de épica -por las tarjetas, los empujones y esas cosas-. Pero la épica estuvo ausente durante la mayor parte del encuentro. Igual que el fútbol. Por fallar, anoche fallaron hasta los centrales en el gol de Benzema y únicamente quedará para el recuerdo las acciones de Alba y Vendredi por izquierda -la zona más débil del Madrid gracias al sospechosamente internacional Arbeloa-, que Mourinho acabó de convertir en una autopista con un nuevo regalo al valencianismo en la figura de Albiol, y el espléndido remate de un Soldado, como siempre muy  motivado por más que desasistido, en el primero de los dos que marcó.

Y nos pongamos como nos pongamos, el Madrid se ha llevado otros tres puntos, lo que me lleva a preguntarme, viendo la trayectoria de los enfrentamientos entre los dos equipos de los últimos años, si toda esta parafernalia que montan cuando vienen a Mestalla no es más por el ambiente hostil en el que se mueven en Valencia que por el verdadero temor que le tienen a un equipo que entrega la cuchara casi en el túnel de vestuarios. La gente tiene todo el derecho a conformarse con lo de anoche y, como dijo un señor en la Junta, con ser terceros y entrar en Champions, pero que no nos vengan contando que el equipo hizo “un partido bueno, pero no perfecto”. Lo hizo perfecto para no ganar, que es de lo que se trata cuando el Madrid viene a tu casa.

Victoria contundente.

Me recuerdan los Levante-Valencia un poco a los Real Madrid-Atlético. Ya pueden estos últimos llegar en el mejor de los momentos imaginables. Luego, en cuanto saltan al campo, se impone la lógica implacable de las matemáticas y el resultado es siempre el mismo. Pez grande se come a pez pequeño, vamos. Anoche el Levante apenas inquietó. El Valencia, no sé por qué y no creo que nadie llegue a dar una explicación razonada, se maneja bien en partidos como el que planteó JIM, con rivales correosos, plagados de ánimo, pero con inusitadas limitaciones a la hora de intentar jugar al fútbol. Es bastante posible que si en las últimas ligas solo contaran los puntos contra equipos de ese pelaje, el Valencia de Emery hubiese salido campeón. O quedado bien cerca.

Se equivocó, me parece a mí, JIM y esta vez acertó Emery. Algunos podrán pensar que es casualidad que el Valencia haya realizado su partido más serio, más plácido y haya alcanzado su victoria más contundente de la temporada justo el día que volvieron a jugar su dos delanteros natos. A muchos nos parece evidente que esa es la fórmula que mejor funciona.  Tampoco debió ser casualidad que la desaparición del once de Miguel y Pablo H., cada día que pasa más lejos de su mejor versión, aligerara la inmasticable falta de frescura por la que atraviesa la banda derecha del equipo desde que se fue Joaquín. Coincidió ello, además, con el mejor partido de Feghouli. El mejor con esta camiseta y, seguramente, el mejor de su vida. Hizo lo que quiso y dejó en evidencia a más de uno de sus rivales. Buena noticia para el Valencia, aunque no siempre tendrá delante a Juanlu o a Javi Venta.

El Levante no existió hasta que saltó al campo Aranda. Sólo entonces pareció querer hacer algo más que incomodar a sus rivales. Se pasó una hora jugando a algo parecido al fútbol, pero en el que hacer gol no está dentro de las reglas. Parecía conformarse con hacer de cada uno contra uno una pequeña escaramuza. Salió escaldado. Por mucho ímpetu que le pongan, el Valencia tiene futbolistas bastante más capaces, que anoche, de postre, salieron a no arrugarse. La manifiesta incompetencia de Javi Venta en el primer gol del Valencia -igual que un benjamín, olvidó la regla básica de cualquier lateral, que es marcar por dentro al extremo y dejarle la banda; lo hizo al revés, dejando una autopista abierta para Alba- no fue más que el colofón de la masacre permanente que generaba el Valencia cada vez que atacaba por aquel lado. La defensa valencianista tuvo su noche más cómoda, al menos hasta que salió Aranda. Con un solo delantero, el Levante se olvidó de hacer la más mínima presión y permitió a los laterales de su rival incorporarse, como Pedro por su casa, al ataque para crear superioridad casi en cada jugada. Nadie en el Levante dio una a derechas. Hasta Tino Costa tuvo un buen día en su hábitat favorito: la guerra de guerrillas en el centro del campo.

Para enmarcar, en todo caso y más allá del párvulo error de Venta -que ya en el Villarreal daba síntomas de agotamiento-, el gol del Valencia, nacido en Guaita y ejecutado casi al primer toque. Es lo que sucede cuando la gente está metida y cada cual está en su sitio.Estos futbolistas saben, conforman -a expensas de lo que diga Manu Carreño, auténtico catedrático futbolístico- la tercera plantilla del país y, a poco que se afinan, se sacan de la chistera jugadas como esa.

Lanzar de nuevo las campanas al vuelo es inútil. Ni se va a jugar siempre contra un rival tan sobreexcitado como inoperante en ataque, ni se va a repetir mucho un once casi inatacable como el de ayer. El partido sí sirvió, en todo caso, para observar que, como tantas otras veces que se ha aplicado la lógica, hay una enorme diferencia de calidad entre el VCF y esa cualificada mayoría de plantillas que luchan por amarrar la permanencia.

Y en cuanto al Levante, 23 puntos a estas alturas es una heroicidad y muy mal tendrían que ir las cosas para no asegurar la promoción con tiempo suficiente para no sufrir. Tiene el presupuesto más bajo de la categoría pero no me parece que disponga de la peor plantilla. Ni mucho menos.

Pan para hoy.

No creo que haya un solo valencianista tranquilo, si exceptuamos, tal vez, al presidente y su camarilla -pues no incluyo al entrenador en la condición de tal-, después de lo vivido anoche frente al Leverkusen. Contento sí, para qué nos vamos a engañar. Tranquilo no. Si en Alemania el equipo jugó a algo durante treinta minutos, anoche apenas llegó a los veinte. El resto fue un desesperante deambular, un quiero y no puedo que no se saldó con una nueva debacle por una de esas mezclas que solo se dan de vez en cuando, si la suerte decide ponerse de tu lado. La falta de ambición de un Bayer que fue mejor, el gol anulado que significaba el dos a dos y el impagable centro de Vendredi, que dejó solo a Soldado, son todos factores que resultaron decisivos, pero que no dependen del trabajo propio sino, más bien, de la pura chiripa.

El Valencia apenas propuso juego. Se encontró con un doble regalo a los diez segundos. El portero se la dio a Jonas y luego se estiró como si estuviese en un futbolín. Nunca el brasileño tuvo tantas facilidades. Como si quisieran retribuirlo, el tal Leno no volvió a tocar el balón hasta una hora después. Los locales se pasaron una hora sin disparar a puerta. Ni con Banega, ni sin Banega. Si ayer se echó en falta al argentino fue más por la ya exasperante incacapidad de su sustituto que por lo que realmente hiciera Éver mientras estuvo en el campo. El equipo aguantó el tipo por la pericia de su centrales, inmensos en todas las facetas, la suficiencia con la que se manejó un Bayer que se creyó mejor que el Valencia y alguna parada de Alves. Intentar destacar la actuación de alguien anoche aparte de los citados sería querer rizar el rizo.

Soldado estuvo impreciso, nervioso y desnortado hasta que marcó el gol. Costa estuvo como siempre. Feghouli echó dos carreras antes de perderse en el marasmo. Topal sigue sin aprender a tapar las delirantes subidas de un Miguel que resopla como un cochino antes de la matanza cada vez que tiene que regresar a su zona después de una carrerita de treinta metros. Y así, sucesivamente. Lo lógico es que la gente, cansada ya, demostrase su disconformidad.

Pero esto es fútbol y cuando menos te lo esperas, llega la sorpresa. Hay que saber reconocer que el equipo no le perdió la cara al partido. Desde una situación de inferioridad, con los alemanes gustándose, quizás excesivamente confiados, el equipo supo recomponerse. Estaba descosido, sin patrón -nunca lo tiene-, exangüe por correr sin sentido, y aún y así supo perseguir su oportunidad. Soldado aprovechó un despiste del central y demostró que sigue siendo un depredador del área. De algo sirve tener a tipos así en tu delantera. Se hicieron pocos méritos para eso, pero también a veces se pierde habiendo merecido mejor suerte.

El grupo de clasificación, entre tanto, no está decidido. La cosa no está fácil y menos aún si se sigue en la línea vulgar y triste a la que, por desgracia, ya nos hemos acostumbrado. Una victoria del Chelsea en Alemania y una del VAlencia ante el Genk dejaría a ingleses y españoles en posición de pasar de ronda con un empate en Londres. Visto lo de ayer, que nadie descarte nada.