Archive for Junio, 2012
Junio 28, 2012 at 9:51 · Clasificados en General
Reproduzco tras este párrafo la crónica que escribí anoche para Super. Creo que refleja lo que se vivió, con la urgencia de ese momento increíble. Solo quiero añadir dos cosas. La primera es que incluso en sueños el partido me ha revisitado una y mil veces. Esa tanda de penaltis no la voy a olvidar. La segunda es un recado para el “pulpo Mendieta”: dinos ya lo que pasará en la final y así nos vamos preparando.
¿Alguien pensó que iba a ser fácil?
Creedme cuando os digo que escribo esto y los dedos todavía me están temblando. Porque el fútbol tiene estas cosas. Puedes ver mil partidos que te dejan impasible, que olvidas al día siguiente. Sabéis bien de lo que hablo. Y, de repente, llega lo de ayer. Te pasas una hora y media esperando a que pase algo. Luego media hora pensando que va a pasar y al final se para el tiempo, se sale de cauce el corazón y todo un país no hace otra cosa que padecer. Millones de amuletos salieron del armario. Besos de los niños, genuflexiones a la figura de Nuestra Señora, recordatorios al mostacho de nuestro señor seleccionador ¿De verdad merecíamos sufrir tanto?
Decíamos ayer que nada es casual, de modo que tampoco debió serlo que el partido acabara como terminó. España no se pareció en nada al concepto que tiene de sí misma. Primero porque delante tuvo a una selección que hizo de cada metro cuadrado de campo una emboscada, que creyó en sus posibilidades y en ningún momento se dejó impresionar. Corrieron como jabatos, apretaron arriba como nadie lo había hecho en esta Eurocopa, ensuciaron cada hoja que los jugones de la Roja querían escribir. Un centímetro de error suponía una pérdida de balón, una decisión del árbitro, fuese la que fuese, un carrusel de protestas de unos portugueses tan antipáticos como su estrella y capitán.
Del Bosque optó por un nueve para fijar a los centrales portugueses. Ni un solo español –salvo, quizás, los progenitores del futbolista- entendió que fuera Negredo. Si ya no cree en Torres ¿para qué queremos a Llorente? Nos pasamos una hora muriendo no en la orilla, sino a kilómetros de allí. No es que Portugal supusiera un gran peligro. Solo Arbeloa, empeñado en que Ronaldo escale algún peldaño más en su carrera, ponía algo de emoción al asunto con faltas sin sentido que Cristiano desperdiciaba sin despeinarse –la gomina tiene esas cosas-. España no fue mejor que Portugal. Tampoco fue peor. Un Ramos imperial, el mejor central del momento sin duda alguna, se encargó de dejar las cosas en su sitio cada vez que alguien quería importunar a Iker.
Nos fuimos a la prórroga sin noticias de los porteros. Y ahí empezó a notarse que Pedro estaba en el campo. Si Negredo y Navas son jugadores por lo general irrelevantes en este equipo, las jugadas de Pedro suelen siempre acabar en algo. España empezó optando por lo de los últimos años –tiquitaca- y, cuando vio que no salía, terminó con lo de toda la vida –los extremos-. Del Bosque volvió a dar con la tecla. Portugal no podía con las botas. Alba, colosal, hizo auténticos destrozos por su banda y no hubo un español que no deseara que la prórroga durase un cuartito de hora más.
Quien diga que los penaltis son una lotería no hace más que ignorar la realidad. Es una suerte más del fútbol, tan importante como cualquier otra. Los equipos que tienen buenos lanzadores y un buen portero vencen. Los demás perecen. Siempre fuimos malos hasta en eso –¿nos acordamos de Zubizarreta?-. Ahora tenemos a un tío, central para más señas, que se atreve a hacer de Pirlo. Si el italiano decantó la tanda contra Inglaterra con un lanzamiento a lo Panenka, Sergio destrozó la moral portuguesa haciendo lo propio. Venía de mandar una pena máxima a la luna contra el Bayern y su respuesta fue esa. Crack, figura mundial, pedazo de futbolista, monumento a las agallas y todo lo que se os ocurra. Reconozco que solo lo vi repetido. Pero no me perdí el último de Cesc. Me veo campeón y a mí, como a vosotros, me va a saber a gloria.
Junio 24, 2012 at 9:21 · Clasificados en General
Después de lo visto anoche, parece mentira que ni un siglo nos alcanzara para ganarles a los franceses. O mucho ha mejorado España, o todavía más se ha venido abajo Francia. O, pensándolo bien, un poco de ambas cosas. A los chicos del gallo les podíamos haber alargado el partido cien años más, que ni aún así. Iker no recordaba un partido tan tranquilo desde que era pre-benjamín y jugaba de extremo derecha. Los que lo vimos en cuadrilla mirábamos a un lado y a otro con cara de no entender, luego al reloj para asegurarnos de que no se había parado el tiempo y más tarde al calendario para comprobar que esto de verdad eran unos cuartos de final ¿Tan difícil era, queridos Camacho, Sáez, Clemente, Miera, Kubala, Suárez y compañía? ¿Tan difícil era?
Salió Del Bosque con su plan A, que por fin sabemos en qué consiste. Pone a los bajitos, hace correr el balón y a los rivales, busca alguna entrada por banda y espera a la segunda parte para romper el partido con Torres y un extremo. Le salió bien y tendremos que envainar la espada. No vimos el mejor fútbol de nuestras vidas, pero tampoco hacía falta. La Roja cazó el gol bastante pronto, como lo hiciera contra Irlanda, y le bastó con seguir el plan. Nada que objetar, pues, a Don Vicente, que contó con la complicidad de un once que, esta vez sí, salió a comerse la hierba si necesario hubiera sido. Un poco más de velocidad en la circulación y, sobre todo, una agresividad en la presión sobre el rival que aún no habíamos visto, bastaron para desactivar a Francia. El gallo bien pareció un pollo recién salido del cascarón.
Creo que a estas alturas tenemos que asumir que España practica otro fútbol. El tiquitaca es solo un recurso más. Se utiliza como principio general, pero sea porque es imposible que salga como salió contra Rusia en el antecedente inmediato de la semi del miércoles, sea porque Del Bosque considera que es mejor esto otro, lo cierto es que la Roja propone otra cosa. Hay que cambiar el prisma del análisis. Esta España de Del Bosque juega para ganar y yo, llegados a este punto, lo que quiero es eso. Escribía ayer en Súper que no tenía duda de que los futbolistas ofrecerían otra cara a partir de cuartos. Son demasiado buenos como para permitirse otra cosa. Y en eso, hay que reconocérselo, algo tendrá que ver también Del Bosque. Ver a Pedro -¡qué pedazo de crack!- salir a comerse el mundo cuando no había jugado un solo minuto dice mucho del jugador, pero también del entrenador (y de todos los que nos llevamos las manos a la cabeza cada vez que juega Navas). Lo bueno que tiene lo que queda es que, como lo de ayer, va a exigir lo mejor de los nuestros para ganar. El nuevo fútbol es la paciencia, el desesperar al rival, la calma. Lo bueno es que todavía nunca hemos tenido que echar mano del plan de emergencia. Lo increíble es que nuestro plan de emergencia tenga tíos como Pedro, Torres o Mata, que aún ni siquiera ha jugado. Portugal tiene, para eso, a Almeida, Cuaresma y un sobrino de Nuno Gomes.
Y si Del Bosque demostró saber lo que hacía, otro que nos dejó boquiabiertos fue Alonso. Sus defensores –también los tiene fuera de Madrid- salen hoy a
la calle con sonrisa de oreja a oreja. Ni los más viejos del lugar recuerdan un partidazo de este calibre del mediocentro merengue. Se hizo con la manija, marcó los tiempos y se permitió marcar un auténtico golazo. Al César lo que es del César. Tenemos futbolistas tan sobresalientes que incluso un sospechoso habitual como Xabi es capaz de salirse en cuartos de final de una Eurocopa (ya solo nos falta que Arbeloa le gané tres carreras a Ronaldo para que tengamos que bajarnos los pantalones de forma definitiva). Jugadón, por cierto, de Alba en el primero. Se consagró Alba el día que más lo necesitaba el equipo. Los del Barça se frotan las manos.
La gente de Francia, una banda. El amigo Blanc se amilanó cuando menos le interesaba, dilapidando de un plumazo el cartel de entrenador valiente que tenía entre nosotros y que había llegado a hacer que sonase para el Barça. Lo de poner dos laterales nos suena demasiado familiar como para que nos embauquen con milongas. Sin Nasri –cuando saltó al campo, tampoco estuvo porque no le dio la gana-, Francia lo fiaba todo a Ribéry, por mucho que algunos se empeñen en hacer de Benzema el clon de Ronaldo. Y entre que el chico del Bayern no tuvo su noche y Ramos decidió hacer de Puyol, Casillas puso una conferencia con sus padres y el resto de españoles empezamos a pensar en qué grande sería que el gran partido que aún no nos acaba de salir lo tuviéramos contra Ronaldo y los otros diez de Portugal –que es eso: Cristiano y diez más-.
Y así, casi sin enterarnos, estamos ya en semifinales. Y no tiene pinta de que vaya a quedar ahí. La Roja, como esperábamos, ha puesto una marcha más. La quita cuando no la necesita, pero sabemos que la tiene. La parroquia duerme a pierna suelta. Las pinturas de guerra regresan, por unos días, al cajón. Y sí, somos España y somos mejores que los franceses. Al menos en esto. Au revoir, La France. Qué bonito es ganar.
Junio 19, 2012 at 10:09 · Clasificados en General
Nos vamos a pasar de aquí al sábado oyendo lo mismo. Del Bosque, sus chicos y su constelación de aduladores nos recordarán sin tregua lo difícil que era nuestro grupo, que no hay enemigo pequeño, que España ha hecho su fútbol y ha jugado como siempre, que siguiendo así, con humildad -¿qué demonios es la humildad?- vamos a llegar lejos. Me temo que se equivocan. Porque el juego que ha llevado a España al lugar que ocupa, salvo que el seleccionador nos contradiga, no se reducía a pasar el balón de uno a otro de nuestros futbolistas sin mayor objetivo que no perderlo. Eso para Luis Aragonés era solo un medio. Ahora parece ser un fin.
Y así nos encontramos con que el equipo volvió a tirar a la basura todo el primer tiempo llevando el balón de uno a otro de sus componentes como si la portería contraria no existiera. Los peculiares analistas que se llenan la boca con la cantidad de veces que Xavi o Iniesta tocan el balón levitan aún a esta hora en éxtasis contemplativo ¿Cuántos fueron? ¿500? ¿800? ¿3200? ¿Para qué exactamente? Del portero de Croacia ni supimos. Ni con nueve, ni sin nueve. A poco que Iniesta se tomó un respiro -no puede ser siempre el mejor- se nos pinchó el globo. Si, por añadidura, el rival es un equipo de la antigua Yugoslavia, capaz de defender por tanto un cero a cero hasta la muerte aunque con él se queden fuera de la Eurocopa -el entrenador apareció sin gorro y, por tanto, sin papeles-, bien podría la UEFA devolver la mitad de la entrada a todos los que en Gdansk estuvieron padeciendo todo aquello.
Y si en la primera parte nos fue mal, la segunda fue peor. Porque en cuanto al rockero que entrena a los chicos de Modric y compañía alguien desde Zagreb le avisó de que quizás era conveniente que marcasen algún gol -se sospecha que el hombre tenía ya el paquete de vacaciones comprado a partir de mañana y no le apetecía demasiado perderlo-, se fueron para arriba y crearon bastante más peligro que España. No dieron diecisiete mil pases horizontales, pero Casillas tuvo que volver a salvar los muebles. Esto, después de lo de Italia, ya no es ningún accidente tipo Suiza. Ante Suiza, en el Mundial, España disparó infinidad de veces a puerta, tuvo ocasiones de sobra para ganar y el rival se impuso de pura chiripa. Croacia no fue mejor que España entre otras cosas porque ni siquiera salió a disputar el partido. Se negó a jugar al fútbol y, durante setenta minutos, se limitó a poner a diez hombres dentro de su área. Pero aún y así, con un equipo en el que Rakitic, el del Sevilla, es un puntal, fue capaz de hacernos sufrir.
La falta de frescura de nuestros futbolistas no se vio, desgraciadamente, compensada por el virtuosismo del seleccionador, cuya primer decisión relevante fue sacar del campo a Torres para introducir a Navas. Y Jesusito se pasó diez minutos intentando meter centros para que los rematase Silva entre dos centrales de otros tantos metros. La banda derecha de la Roja, o lo que queda de ella, la ocupaban por entonces Arbeloa y el extremo del Sevilla. Croacia se relamía y muchos nos temimos lo peor. El gol postrero resultó engañoso. Los defensores de la irrealidad se aferrarán a la victoria para vender continuismo. Pero así vamos directos al fracaso. Así de claro. Sin ir más lejos, el cruce de cuartos nos puede enfrentar a Inglaterra, cuya forma de jugar será idéntica a la de Croacia, pero con futbolistas bastante más hábiles que los croatas. El día de Irlanda, el gol de Torres abrió la lata y propició que el equipo jugara como sabe. La obligación de Del Bosque es buscar una manera para que la Roja siga siendo la Roja aunque la lata esté cerrada.
Junio 15, 2012 at 9:59 · Clasificados en General
Ha pasado el tiempo suficiente para que imaginéis que esta mañana uno tenía ganas de ponerse a escribir. Hay días que te levantas, desayunas, llevas a los niños al colegio como todo padre de familia español y una vez cumplida tu tarea, cuando te quedas solo con tus pensamientos, se te pone esa sonrisa tonta en la boca. Algo tiene que tener el fútbol para sobreponerse a tanto partido soporífero y seguir siendo esa fuente de pasión que tanto nos gusta a todos. Y que, en definitiva, nos tiene aquí.
Cuando el Niño cogió ese balón suelto en el área con la velocidad de un expreso de medianoche, se escoró un poco a la derecha y luego nos dejó estupefactos con ese obús imparable que a punto estuvo de deshilachar la red del portero irlandés yo -no sé vosotros- tuve claro que Torres había vuelto. Ya le vi suelto el otro día contra Italia. No era el Torres atemorizado, tambaleante, objeto de burlas de gradas enemigas que se ha visto en algún momento de esta durísima temporada. Era un Niño valiente, que pedía el balón, que tiraba un desmarque tras otro. Falló dos goles, sí, pero ¿quién no falla? ¿No falla Cristiano, el autonominado próximo balón de oro? El global de la aportación de Fernando fue entonces más que esperanzador. Le faltaba, sin embargo, porque no deja de ser un nueve, el gol. No tanto para convencer a su constelación de detractores -algunos, dilectos compañeros de fatigas en este foro, como botón de muestra de lo que es un país ajeno a la sensibilidad que hace falta para apreciar el fútbol de The Kid- sino para acabar de convencerse a sí mismo.
He defendido que la baja de Villa me preocupaba solo relativamente. Primero porque este Villa de ahora está al final de su carrera y no es el de hace cuatro años. Y segundo porque al ataque de España -me refiero al que marca la lógica, el que vimos ayer- le sobra talento y capacidad. Alguien dijo aquí el otro día con mucha razón -y algo de mala leche- que los defensas rivales no temen a nadie como a Torres. Algunos os seguís empeñando en que eso responde a una mera confabulación astral, al fruto de la casualidad, al manejo interesado de cuatro frikis que vemos en el Niño a un verdadero fenómeno. Los defensas, sin embargo, están ahí abajo y saben lo que se cuece. Diferencian sin obstáculo alguno el nivel de dificultad que conlleva neutralizar a Negredo -lo podría hacer yo- o a Cesc -enorme jugador, discreto delantero centro porque su cuerpo está hecho para otras cosas- y tener que enfrentarse al Niño. Así, se podrán montar campañas de todo tipo, acordarse de Pepito Pérez, aquel que le metió siete goles al Rayo Vallecano o de Manolo Martínez, que tras una espectacular temporada consiguió doblar en goles a Torres a base de significarse ante Mallorcas, Racings, Granadas y Albacetes. En las grandes ocasiones, se requieren grandes jugadores. He repetido muchas veces que en esta España, en esta campeona del mundo en la que han coincidido a la vez el mejor portero de la historia de España, los mejores centrales de la historia de España -Puyol y Piqué-, el mejor lateral derecho de la historia de España -Ramos-, los mejores centrocampistas -ya sabéis-, el mejor goleador -Villa- y el mejor delantero de la historia de España -Torres, claro-, en esta Roja no caben medianías. Se puede pretender introducirlas con calzador, pero acaban siendo expulsadas de un cuerpo sublime por el peso de la realidad. Y arriba, en España, a día de hoy, solo puede jugar Torres.
El regreso del Niño tiene, además, una importancia descomunal. No se recuerda un solo gran campeón sin un delantero sobresaliente. Lo tenemos, que no le quepa duda a nadie. El enorme empeño que le puso fue superior, incluso, al que es habitual en él. Es un Torres en ebullición, omnipresente en el ataque, rabioso en el inicio de la presión, generoso en la combinación. El socio perfecto que andan buscando desde hace tiempo Iniesta y Silva. Esa tripleta, amigos míos, no tiene parangón. No lo tiene en esta Eurocopa y no sé si lo ha tenido en alguna. Y sí, es cierto que no es Irlanda un rival definitivo a la hora de extraer conclusiones. Pero sí es significativo para palpar sensaciones. Y la sensación es que nuestros dos jugones máximos se hallan más a gusto con alguien que les abre espacios, que los libera de la responsabilidad de buscar puerta en cada jugada de ataque, que inicia la presión a la salida del balón rival a la carrera -y no al trote cochinero, como sucedió ante Italia-. El equipo se dinamizó al completo, jugó dos marchas más arriba que el otro día, el personal se dio cuenta de que aquí no sirven medias tintas, que para ganar hay que ponerlo todo.
Cómo sería la cosa que Alonso batió su récord, en positivo, de pérdidas de balón: siete. No había perdido tan pocos balones ni ante Liechtenstein. Podríamos pensar que para que eso sucediera, lo del partido tuvo que ser un entrenamiento. No. Ni siquiera en un entrenamiento Alonso pierde tan pocos balones no forzados. Las ráfagas de buen juego de España fueron tan productivas que se llegó a anular también el “factor Arbeloa”, nombre con el que se conoce el tembleque en las extremidades inferiores que se apodera de españoles de toda condición cada vez que uno de nuestros rivales ataca nuestro flanco derecho. Ramos resultó un coloso, Piqué salió como un toro al corte y Alba se vio más tranquilo que el otro día. Solo falta por explotar nuestro capo di tutti capi, Xavi, que supongo espera a que lleguen palabras mayores para dar el puñetazo encima de la mesa.
Imagino que aquí acabará el absurdo debate sobre si tiene o no que jugar un nueve. Descarto que acabe el debate sobre Torres, porque aunque marque diez goles en cada partido y sea, como ayer, el mejor futbolista sobre el terreno de juego, siempre habrá quien se acuerde de sus fallos ante Italia, del dinero que pagó por él Abramovich o de aquella ocasión clarísima que marró contra el Blackburn Rovers en febrero de hace cuatro años. Lo de ayer, con la cautela que haya que tomarlo por ser ante un equipo menor como Irlanda, sí resulta suficientemente ilustrativo. Más si cabe, cuando pudimos ver por la tarde el verdadero nivel de Italia, que no es otro que el que ya habíamos comentado aquí. Un equipo plagado de medianías, a una distancia sideral de todos esos que consiguieron las estrellas que lucen sobre el escudo en su camiseta. La excusa que los apologetas de Del Bosque buscaron en el empate contra “una gran Italia” quedaron convertidas en eso: excusas. Da rabia, en retrospectiva, haber desperdiciado la oportunidad de ganar a los italianos por un capricho incomprensible del entrenador. Era la ocasión perfecta.
Más detalles. El primero: golazo de Silva, que jugó mejor que contra Italia. Recuerdo pocos goles con caño incluido. Este chico todavía no se ha soltado del todo. Si llega a hacerlo hará olvidar a Villa. Creo que lo hará. El segundo: Del Bosque sigue empeñado en ponernos de los nervios. Anoche era la noche de Torres, se veía que iba a volver a marcar. A su entrenador pareció no interesarle eso. Lo cambió. Que alguien me lo explique. El tercero: me pareció ver a un Piqué muy metido en el partido. Era uno de mis grandes temores y espero que se confirme esa línea de mejoría. El cuarto: Busquets recibió la consigna de tapar la banda de Arbeloa. Ya que el seleccionador no va a quitar de ahí al flojísimo lateral merengue, bien está que al menos le ponga un escudero que coloque un peaje en las autopistas que construye nuestro lateral en cada una de sus actuaciones. El quinto: qué grande eres, Torres.
Junio 11, 2012 at 8:07 · Clasificados en General
Noventa y dos años sin ganar a Italia en partido oficial y todo apunta a que pasarán otros tantos, o más. Ni nuestros nietos se darán ese capricho. Y eso que esta Italia es como un león sin dientes. Le quedan garras sin mucho filo -Balotelli es un regalo para cualquier rival- y esa defensa numantina que tendrán hasta el fin de los tiempos. Poco más. Y, sin embargo, durante más de una hora fue mejor que España. O lo que fuera que nos preparó Del Bosque ayer.
Resulta difícil saber si la desesperante lentitud con la que se movían los campeones del mundo obedecía a una consigna o era producto de un sistema absurdo -no sabemos qué es peor-. Quiso el seleccionador copiar a Guardiola hasta en lo de jugar sin delanteros, olvidando que Guardiola tiene a Messi y él no. El resultado fue descorazonador. La primera parte de España fue de lo peor en muchos años, recordó tiempos pretéritos, derrotas contra Corea, gatillazos que creíamos extintos. Iniesta, Silva y Fábregas chocaban una y otra vez contra una defensa amurallada que se relamía de gusto, derrochando miradas de incredulidad ante las facilidades concedidas. No hubo un desborde en velocidad porque nadie la tenía, españoles de toda condición maldecían su suerte y Buffon bien pudo haberse permitido darse una vuelta por Turín para ampliar su colección de relojes.
Mala cosa el orgullo. Tras ese desastre descomunal, tras esos cuarenta y cinco minutos tirados a la basura, Del Bosque no hizo cambio alguno. Italia sí. Liquidó al “amigo” Balotelli y su reemplazo no tardó ni tres minutos en adelantar a su equipo. Yo decía que echaríamos de menos a Puyol. No sabíamos cuánto. La pareja Piqué-Ramos no funciona, por si teníamos pocos problemas. El empate de Fábregas, una genialidad, fogonazo aislado fruto del privilegio de contar con futbolistas excepcionales.
La cosa empezó a cambiar con Navas y dio el vuelco definitivo con la salida de Torres. Hubo dos partidos. Hasta que apareció el Niño todo era oscuridad, parsimonia y lamentos. Con Torres se abrieron los huecos, le ganó las primeras carreras del partido a los defensas italianos y puso el miedo en el cuerpo al humorista Chiellini -el catenaccio italiano fue de catálogo la mayor parte del encuentro- y compañía. Pero como en esta España de hoy no estamos para muchas alegrías, el Niño dejó también argumentos de sobra para sus detractores. Falló dos goles cantados. Yo me quedo con que con él apareció la Roja y los italianos empezaron a sufrir. Los que había en Polonia y los que lo veían desde su casa.
Hay que consolarse pensando en todo lo que se puede mejorar a poco que se pongan los medios. La desaparición de Arbeloa se antoja imprescindible. Sus autopistas a Cassano, su debilidad en el choque y su nulidad en cuanto pisa el área contraria fueron desesperantes. El regreso de Ramos al lateral no debería postergarse. Otro invento que no ha funcionado. Lo de Alonso ya no es invento. Es una afrenta nacional -ya sabemos que la prensa merengue se considera de un país aparte-. Creíamos que su capacidad para perder balones había alcanzado el cénit. Pero crece con los años. También crece Iniesta, como enorme futbolista, pero hay que ponerle alguien a quien le pueda dar el balón dentro del área. Yo reclamo a Torres y, si no, a Llorente. Pero déjese usted de ñoñerías, seleccionador.
Lo increíble del asunto es que un barco que hizo aguas por tantos sitios, no acabara hundiéndose. Hace una década, Italia nos habría masacrado. Ayer, cedió un empate y no acabamos ganando porque Torres sigue sin estar fino de cara a puerta. Es tanta la diferencia de calidad entre los futbolistas de España y el resto que incluso se pueden permitir a Del Bosque, Arbeloa, Alonso y a los corifeos exigiendo más madera blanca para el fuego patrio. Un poco de sentido común puede aún llevar la nave a puerto. Estoy convencido que el seleccionador rectificará.
¿Y Alba? Fue de menos a más, acusando los lógicos nervios de debutar en una Eurocopa y nada menos que ante Italia. Habrá que ver cómo evoluciona para ver si es cierto eso de que en Polonia su precio va a crecer. Nadie parece haberse planteado que, a lo mejor, sucede todo lo contrario. De momento, no ha hecho olvidar a Capdevila.
Junio 9, 2012 at 11:03 · Clasificados en General
Dicen que a la Merkel le gusta el fútbol. Si ayer por la tarde se puso a ver el Grecia-Polonia, no se descarta que haya dado órdenes de hacer a Salpingidis primer ministro griego y dejarse de elecciones que no van a hacer más que complicar el asunto y nuestra prima de riesgo. El jugador del PAOK salió del banquillo para dar un recital. Pudo con todos y fue el líder de una Grecia ante la que hay que quitarse el sombrero. No repetirá el resultado de 2004 porque, entre otras cosas, no tiene a Charisteas, Nikopolidis y aquellos dos pedazo de centrales de entonces, pero aprovecha como nadie el escaso armamento del que dispone. Es el Levante UD de Europa y hay que perdonarle que no se atreva a más.
Se merendó Grecia a los polacos –a los que el gas les duró un cuarto de hora- y no sucumbió ni a su peor enemigo ayer: el árbitro. Por desgracia, estamos demasiado acostumbrados a que los colegiados españoles den la nota un campeonato tras otro. Desde el atraco de Lamo Castillo a la URSS en el 82 –cómo sería de grande que, treinta años después, yo mismo me acuerdo de aquello ¡y era un chaval de once años!-, cuando UEFA o FIFA necesitan a un tipo que eche una mano –entonces que pasase Brasil, ahora que los polacos no lo hagan demasiado mal como país anfitrión- siempre recurren al Velasco Carballo de turno. El único español sobre el terreno de juego fue el peor. Lamentable.
Paradójico, cuanto menos, después de ver a los polacos, que España, como campeona, haya tenido que disputar fase de clasificación y estos chicos estén jugando de gorra. Buen delantero centro en Lewandowski, aceptable su banda derecha y poco más. Su portero, tan proclive a meter la pata como en el Arsenal y su defensa, para echar a correr. Lástima que Karagounis les regalara el penalti porque en absoluto merecieron el empate que se llevan para casa.
Y si el primer partido no estuvo nada mal, el segundo resultó hasta divertido, confirmando que el fútbol de verdad solo se juega cada dos años –solo imaginar un Sevilla-Mallorca tras un Osasuna-Rayo Vallecano conduce directamente al insomnio-. Vimos que por Rusia no ha pasado el tiempo. Juegan tan bien como hace cuatro años, cuando tuvieron la mala suerte de toparse con la mejor versión de la Roja. Además, han incorporado jóvenes futbolistas que apuntan maneras en un momento de casi absoluta sequía de nuevos valores a nivel continental. Muy bien Dzagoev, un chico de Osetia cuya página de wikipedia –en inglés- ya se había actualizado con sus dos goles a Chequia tres minutos después de que fuera substituido. Tiene maneras y seguidores de lo más activos a nivel cibernético. Cañonazo inapelable el del Pavlyuchenko en el cuarto de Rusia por mucho que el 5 de Chequia seguramente recortará esa jugada cuando les enseñe a sus hijos el partido. Que juegue Kerzhakov teniendo a Pavlyuchenko es otro de los misterios que solo entiende un entrenador.
No fue rival Chequia, a la que solo le queda el carácter irreductible de los paisanos del soldado Svejk respecto a aquel equipo que deslumbró hace ocho años. Por entonces, Baros y Rosicky presentaron credenciales de figuras mundiales. Hoy son sombra de un pasado glorioso y a su alrededor revolotean futbolistas que apenas alcanzan el notable, cuando no el suficiente. Que agradecer, no obstante, la actitud de su entrenador. Si el de los polacos asistió pasmado a la descomposición de su equipo –hasta el punto que el único cambio que quiso hacer no puedo llevarse a cabo porque se acabó el partido-, el checo plantó a sus futbolistas con la intención de conseguir la victoria. Seguramente se irán, pero lo harán con la cabeza alta, que es de lo que se trata.
Sobre Pellegrino, nada podremos decir hasta que no hayan pasado unos cuantos partidos de Liga y veamos cómo nos sale la caja de bombones. Pero me quedo con una frase, sólida y lapidaria, de nuestro buen amigo e martin: “con la cantidad de entrenadores que hay, nosotros tenemos que contratar a uno que nunca antes ha entrenado”. Lo dicho. Lapidaria.
Junio 8, 2012 at 11:17 · Clasificados en General
La Eurocopa, como el Mundial, parece que no va a llegar nunca. Y de repente resulta que empieza hoy. Nos pilla desprevenidos, pero sabemos que el proceso de adaptación es corto. Es poner la tele para ver el partido inaugural y darte cuenta de que ahora la cosa va en serio.
Tengo delante el calendario, los grupos, las selecciones clasificadas. Veo algunas que sobran y no quiero ni pensar lo que será la próxima Eurocopa con ocho países más (no queda lejos el momento en que veamos a San Marino o Islas Feroe luchando por pasar a cuartos). Así, de entrada, lo del grupo A es como de risa. Vale que los polacos fueron muy simpáticos aceptando que la final fuera en Kiev, pero tampoco había que hacerlo tan descaradamente. El resultado es que en el grupo de al lado, el B, se la juegan cuatro selecciones de rompe y rasga. Ahí va a estar el espectáculo hasta cuartos.
La gente -o su traslación moderna al mundo del fútbol: las casas de apuestas- dan favorita a España. Antes, cuando éramos campeones mundiales de amistosos y perdedores impenitentes de todo lo demás, los únicos que nos dábamos como favoritos éramos nosostros mismos. Ahora son los demás y, como somos españoles, somos nosotros los que no lo vemos tan claro -más allá de la prensa de Madrid, que piensa que vendiendo optimismo vende más periódicos-. No estamos tan bien como hace cuatro años y estamos un poco peor que hace dos. Que los otros sean capaz de superarnos está por ver.
¿Que de qué otros hablo? Pues para empezar, de Alemania. Los hemos tumbado dos veces seguidas, lo cual engrandece nuestras victorias. La tercera será más complicada. La mayoría sube y baja al albur de generaciones más o menos brillantes de futbolistas. Los alemanes ni suben, ni bajan, siempre están arriba. Si tienen tíos que saben moverla, la mueven y, si no, buscan otra manera. El país en sí se transforma durante estas citas. Da gusto pasear por sus calles y ver cómo sacan la Eurocopa a las terrazas, los jardines, las plazas y los parques. Lo viven, en definitiva. Quizás por eso no hay futbolistas más mentalizados que los alemanes.
Siguen hablando de Holanda. Y yo la veo fuera en la fase de grupos -es desde luego un deseo, que acaso influencia mi análisis-. Simpáticos como país -al menos para mí- el actual seleccionador ha convertido a ese equipo en un batiburrillo de zapadores del antifútbol. En el Mundial -contra Brasil sobre todo- agotaron su cupo de suerte. A poco que Ronaldo, o los chicos de Dinamarca, tenga su día, De Jong y su cohorte de pandilleros volverán a casa bien pronto. A dar patadas a las latas de cerveza del Red Light District.
Italia siempre es Italia, aunque siga jugando Cassano. Es un torneo corto y se nota el partido menos que en el Mundial. Equipos que apuestan al cero-cero, tipo Grecia en la Euro que ganó, pueden apurar su suerte. Los italianos son un poco como Alemania, pero en plan depresivo, así que por el bien del fútbol sería deseable su pronta desaparición. Ver desaparecer a Balotelli de los titulares sería el premio añadido para la inteligencia mundial.
De los otros, veo muy mal a Inglaterra. Ningún inglés entiende que hayan optado por Hodgson -la gente quería a Redknap- y el pobre hombre trabaja con la espada de Damocles encima desde que llegó. A ello hay que añadir una generación bastante limitada en talento. En cambio, aprecio mejoras en Francia. Blanc es un tipo listo, tiene dos delanteros de primer nivel -Benzema y Ribéry- y una defensa más que competente. En partidos de ida y vuelta es un equipo temible.
Veremos, finalmente, si, como parece, la aborrecible corriente del fútbol tacaño y avinagrado que llevó al Chelsea a ganar la Champions tiene su continuación en Polonia y Ucrania. Que Holanda juegue al catenaccio no es, desde luego, ningún buen augurio. Ver a Trapattoni en Irlanda tampoco invita a ponerse a bailar. Habrá que esperar por dónde nos salen Francia e Inglaterra. Porque España y Alemania ya sabemos que saldrán a ganar.
Y, por cierto, bien por Llorente y su plante a Zubizarreta y compañía. Aquí se critica cuando consideramos que se hace mal y se aplaude cuando creemos que el aplauso es merecido. No es serio que vayas a trabajar y te encuentres con la televisión preparada para retransmitir tu trabajo al mundo entero, como si esto fuera el Gran Hermano. Lo que mejor ha hecho Llorente, para mi gusto, desde que llegó es, precisamente, negociar traspasos. Ha sacado precios muy favorables para su club y seguro que con Alba hará lo mismo. Ahora ya es, lamentablemente, tarde para intentar retener al chico. En junio próximo se iría libre y eso es lo que hay que evitar. El error estuvo, como sucedió con Isco, en no ver hace un par de años que este chaval era un diamante en bruto y atarlo entonces a más largo plazo. Ahí en lugar de doce podrías haber obtenido el doble. Una nueva metedura de pata de una secretaría técnica que va de mal en peor.
Ah! Dicen desde hace tiempo los béticos, tan lenguaraces ellos, que su mejor hombre en Sevilla es Monchi. Sus fichajes en el último lustro hacen de Braulio un fenómeno. Bien, pues ahora le ha salido al bueno de Monchi una desconocida vena valencianista. Él solito ha sido capaz de echar por tierra la oferta de renovación que el Valencia había presentado a Maduro -ver para creer- y se ha hecho con los servicios del vivaracho holandés. Dicen que Míchel estaba empeñado en contar con Hedwiges para su proyecto. A este paso, no tardarán en ir a hacer compañía al Villarreal. Al tiempo.