Europa queda lejos.

Lyon.- Al Madrid le pasó en Lyon lo mismo que le viene pasando en Champions últimamente: cuando se quiere dar cuenta de que con el trotecito que le sobra en España no le alcanza en Europa, es tarde. Por suerte para ellos, este Lyon no es el Liverpool que los vapuleó el año pasado. Es, sencillamente, un conjunto de jugadores que no da tregua, que no da metros y que no se amilana. Algo que se echa en falta en España, donde -lo he repetido aquí quizás demasiado- la mayor parte de los partidos contra Madrid y Barcelona tienen el pronóstico en la quiniela ya asegurado. Y, si no, que se lo pregunten al Racing: tres de sus hombres más destacados buscaron la quinta amarilla en el partido anterior para no tener que ir a Barcelona.

Volviendo al Madrid, todo apunta a que remontará en el Bernabéu. Pero tendrá que ponerse las pilas si quiere seguir ahí cuando caigan chuzos de punta en forma de equipos ingleses. Sigue dependiendo en demasía de Ronaldo y cuando éste no puede aparecer porque no le dejan, el equipo se resiente. En todo caso, resulta curiosa la histeria de la gente de Madrid. Una semana siguen soñando con el triplete -aunque ya no puedan conseguirlo- y a la siguiente vuelven a dudar de Pellegrini ¿Quién dijo que en Valencia reina el extremismo?

Brujas.- En SUPER hablaré del partido de Brujas. Aquí me quedo con dos detalles. El primero, Moyà. En los porteros jóvenes, los errores continuados son un habitual accidente propio del aprendizaje. Recuerdo al Reina del Barça, inseguro, impreciso, irregular, sólo apuntaba las maneras que ha demostrado a lo grande en el Liverpool. Era joven y estaba aprendiendo. En los porteros hechos y derechos, errores continuados son sinónimo de que no sirven. Recuerdo a Lopetegui, ahora metido a comentarista, también en el Barcelona. Cada vez que salía, tenía un error garrafal que costaba un disgusto. Hay jugadores que no pueden estar en equipos grandes. La presión les puede. No es que sean malos, es que no están preparados.

El segundo detalle, Silva. Es muy joven, pero tiene experiencia de sobra para no caer en trampas del estilo de la de Brujas. Ese partido es remontable, igual que lo es el del Lyon para el Madrid, pero cuando la cosa sea ineluctable (y me refiero sobre todo a Suráfrica) espero que Silva no se comporte como un crío. Lo sabe hacer mucho mejor.

Mención aparte, Mathieu. Un soplo de aire fresco esta temporada, iba de menos a más y aportaba ese algo de entusiasmo que tan poco se ve en algunos de sus compañeros. Su lesión es una lástima y un handicap importante para una defensa que no va sobrada, precisamente, de aptitud. Lo peor de todo es que Miguel volverá a tener vía libre para trotar a su aire por la banda, llegue o no llegue al entrenamiento, se aguante o no se aguante de pie. Claro que, tal como son los portugueses, eso aumenta sus posibilidades de ir al Mundial y, por tanto, de enfrentarse a España ¡Que juegue Miguel!

Munich.- Lo del gol de Klose en fuera de juego me recordó al de Adriano en Copa del año pasado. Es una vergüenza que a estas alturas de la película no pueda haber un tipo de la UEFA -aunque sea gordo y fume puros- en un despachito en el campo, con un monitor y un teléfono que avise al árbitro en cuanto lo ve y le diga que está haciendo el ridículo. Si la Fiorentina no pasa por ese gol, ¿quién les devuelve el destrozo? Tecnología aplicada al fútbol, ya.

Oporto.- La diferencia entre Fabianski y Moyà es que el primero es joven y ha jugado muy poco en la élite. Pero sus errores -fueron dos, aunque en el segundo habría que hablar de Campbell como máximo culpable- acabaron con un Arsenal que fue mejor que el Oporto. Aún y así, los de Cesc son una especie de Barça, pero sin Ibrahimovic ni Messi y con Banega en lugar de Xavi y Capel en lugar de Iniesta. Vamos, que mucho ruido y pocas nueces. El bueno de Cesc tiene que salir de ahí de inmediato y venirse a España. Es el futuro de la Roja y merece jugar en un equipo ganador. El Arsenal no lo es.

Milán.- El geriátrico rossonero da sus últimos coletazos y falla donde nunca mostró endeblez en los últimos veinte años: su defensa. Los Tassotti, Baresi, Desailly, Costacurta, Maldini y compañía son cosa del pasado. Sus herederos parecen hermanitas de la caridad. Si a eso le añadimos que todo el resto cumplen años y que sus extremos son Ronaldinho y Beckham…apaga y vámonos.

Villarreal.- Desde hace tres temporadas no le gana a nadie en Europa y el Wolfsburgo no va a ser menos.

Que me quede como estoy.

Gijón.- Cuando el Sporting se disfraza de Sporting se convierte en un equipo rocoso, sin margen para la floritura, pero que lucha por cada metro del campo somo si fuera la línea Maginot. Le falta un algo de calidad, pero le sobra carácter. Con el que ellos tienen, otros podrían, sin duda, aspirar a cimas más altas.  Hoy, los de Gijón hicieron el partido que de ellos se esperaba.

El Valencia acumuló méritos para ganar. Llegaron sin un guión preciso, pero ¿cuándo lo ha tenido el equipo? Pero llegaron. El equipo no acaba de afinar cuando llega al área. Está necesitando muchas ocasiones para hacer gol. Justo lo contrario de lo que les sucede a los rivales: con cualquier cosita crean una ocasión y hasta un gol. Hubo dejación de funciones. Otra vez. A Castro sólo faltó sacarle el palio y convertirlo en obispo de Oviedo (quizás no aceptase). César pudo hacer más, pero también pudo hacer menos en el último minuto. Porque el Valencia también pudo perder. Otra empanada mental cuando hay que amarrar el punto conseguido estuvo a punto de echarlo todo al garete a pocos segundos del final. Injustificable en señores como Albelda o Marchena que acumulan kilómetros de sobra como para no dejar que esas cosas pasen.

Entre medias, un partido entretenido y luchado. Quizás descendió demasiado a la guerrilla como para que acabasen mandando los que más saben. El Valencia no huyó del cuerpo a cuerpo, algo que el año pasado hacía en demasiadas ocasiones. Algo se ha ganado. Pero tampoco supo salir de él. Es lo que le diferenció del Barcelona que ganó en Asturias no hace mucho. Que los de Guardiola sí supieron ceñirse a su guión. Y, con todo, el Sporting llegó a achuchar a Valdés con alguna falta en los últimos minutos. Lo dicho, les sobra coraje.

Personalmente, sigo sin saber si Domínguez es bueno, regular o estilo Zigic. Lo mismo te digo una cosa que te digo la otra, que diría Pazos. Ni entiendo a quienes exigen su presencia por el ratito que jugó el otro día, ni entiendo que el entrenador le tenga tanto tiempo en el banco cuando parece evidente que los cuatro de arriba han tenido estados de forma mucho mejores. Hoy ha salido y se ha encontrado su zona superpoblada. Villa bajaba a recibir, Mata se pasa la vida en el centro -no se sabe si siguiendo instrucciones o tirando de galones, y Silva -que se supone que tenía que haberse ido a la derecha- hace lo que sabe, que es jugar de enganche le digan lo que le digan. Total, que el buen hombre ha acabado más de defensa que de delantero. La suerte que tiene el Valencia es que sus delanteros sean tan buenos. Si no, la anarquía es tal que sería imposible hallar la luz.

Un Cohiba, un argentino y el poder del anillo.

                               

 

Contaba Banega no hace demasiado, en esa noche madrileña que a punto estuvo de poder con él, que cuando firmó el contrato con el Valencia Juan Soler se estaba fumando un Cohiba. Eran tiempos de vino y rosas para los hijos de la especulación y en las oficinas del club se fumaba cubano al tiempo que se servía etiqueta azul on the rocks. En la puerta, clase S relucientes. En un momento de la conversación, jugador y presidente se quedaron solos y este último se dio cuenta de que su flamante –y carísimo- fichaje no dejaba de mirarlo todo con los ojos de ese niño al que nunca le sobró nada. Incómodo, el cenutrio del mostacho le ofreció un pitillo al chiquillo argentino, que naturalmente aceptó.

 

            Pocas cosas me interesaron, taimado como soy,  de la entrevista a Banega en SUPER. Eché en falta alguna explicación a sus súbitas desapariciones a lo largo de algunos partidos o al innecesario riesgo que corre en determinados lances del juego. Me habría gustado saber qué confianza le merece un entrenador que la temporada pasada prefirió a Edu, Fernández y Baraja antes que a él y permitió que se pasara un año extraviado –¡y sin jugar!- en esa curiosa entelequia llamada Atlético de Madrid. Yo le habría preguntado si ha aprendido algo de Emery, qué piensa cuando ve a Miguel llegar tarde y mal a los entrenamientos y si cree que entrena lo suficiente como para llegar a ser uno de los mejores del mundo en su puesto. En lugar de eso, sé que le gustan los jueguecitos de playstation, conozco sus partes del asado predilectas o el color de sus botas. Qué le vamos a hacer. Me quedo, con todo, con una de las cosas que no dijo, pero sí enseñó: su novia.

 

            En un país –y en un club- en el que no pocos futbolistas se quitan el anillo de casados antes de comparecer ante los medios de comunicación -que les pregunten los motivos-, que Banega apareciese en las fotos de SUPER junto a su novia no deja de ser un soplo de aire fresco y una señal de que el chico está madurando. En estos tiempos en los que tan poca confianza se tiene en el buen juicio de los futbolistas, que uno de los que nunca había sido ejemplo se comporte como una persona normal no deja de ser noticia. Porque, aunque parezca baladí, de que Banega consiga equilibrar su vida privada va a depender que el Valencia disponga para el próximo lustro de un jugador de talla mundial  o se tenga que conformar con un parche para tapar los huecos que otros menos dotados pero más serenos tengan que rellenar.

 

            Y lo cierto es que hoy quería hablar de John Terry y de las manifiestas diferencias que existen en el tratamiento de la vida privada de los futbolistas por parte de la prensa inglesa y española. Allí, se tiene claro que lo que un futbolista haga en su vida privada tiene una influencia directa en su rendimiento sobre el campo. Cobran mucho dinero y se les debe exigir un comportamiento ejemplar en todo momento, es la filosofía detrás de esa realidad. Aquí, la omertá y ese curioso compadreo que acaba con más de uno tirado en la cuneta ante tanta adulación. Otro día hablamos de Terry.

Sin sorpresas.

Los tres primeros de la tabla jugaban en casa ante rivales asequibles sobre el papel. No hubo sorpresas porque se lo tomaron en serio.

Justo lo contrario que le pasó al Sevilla. Jiménez tuvo un nuevo ataque de entrenador (por eso parte de la afición no le traga) y dejó a un buen puñado de titulares descansando para jugar la eliminatoria de Copa frente al Getafe. Se parece a Emery en sus repentinos despropósitos, difiere de él en que tiene claro que la afición sevillista quiere un título y ese título puede ser la Copa.  No es ningún tonto este Jiménez.

Con el tropiezo sevillista, más el empate del Deportivo en Málaga, el gran beneficiado de la jornada ha sido el Valencia, que tiene a su rival más cercano para  arrebatarle plaza en Champions a seis puntos más goal average. Una distancia que, si no se hacen barbaridades -algo nada descartable- debería ser suficiente, habida cuenta de que Valencia, Sevilla, Mallorca y Deportivo se tendrán que jugar dos plazas. No entrar en Champions con esos rivales sería como para interponer una demanda por daños y perjuicios.

Valencia.- El Valencia hizo un buen primer tiempo, luego se ausentó del partido. La superioridad que manifestó durante los primeros 45 minutos fue tal que, de algún modo, se puede entender que salieran del vestuario a jugar la segunda mitad pensando en otra cosa. El Valladolid volvió a ser el equipo calamitoso con todo el aspecto de cadáver deportivo que ha sido durante la primera vuelta. Fue incapaz de dar tres pases seguidos. Sus jugadores se limitaban a intentar quitarse el balón de encima. Entregarlo a un compañero era una proeza. Jugarlo con sentido, una quimera. La diferencia entre ambos equipos fue abismal.

En el Valencia, me gustó ver de nuevo a dos laterales con aspecto saludable. Mathieu es tan impetuoso en ataque como aturullado en defensa, pero su entusiasmo es contagioso por momentos. En un equipo que tiende a resultar inexpresivo, el francés es un soplo de aire fresco. Cuando mejore en defensa puede ser un gran lateral.

En el otro lado del campo, Mata, Silva y Villa volvieron locos a los defensas rivales. El pobre Valladolid parecía un equipo de veteranos. Sus jugadores llegaban siempre tarde, no hacían coberturas, se colocaban como novatos y parecían estar pidiendo la hora desde el minuto cinco. Si las ocasiones creadas se hubiesen aprovechado, el resultado habría sido humillante. Pero ni Mata ni Villa tuvieron su día cara a gol. Más fácil no lo van a tener, así que habrá que esperar que cambie la racha. Sobre todo la de Mata. Está lejos de su mejor versión, aunque le alcance para marear al Valladolid y a todos los equipos de esa zona que merecen bajar a segunda división desde ya por la pobreza de su juego.

Al final jugó Marchena por exigencias del guión. Está lejos, muy lejos, de su mejor versión. Sería deseable que le dejasen unos cuantos partidos jugando ahí. De otro modo, su llamada a la selección sería una temeridad. Se le vio con las fuerzas justas para parar a un delantero del montón como Costa. Cuando pienso en Luca Toni -mi bestia negra- enfrentando a Marchena en cuartos de final, me pongo a temblar.

Barcelona.- Hacía unas cuantas semanas que no veía al Barça en directo y esta vez sí me acerqué al Camp Nou. El Getafe es de esos equipos que suele decretar buenos partidos. Y la cosa no defraudó. El Barça de inicio fue rutilante. Guardiola sacó a lo mejor que tenía. Henry al banquillo -de donde no debería salir más que para abrazar a los goleadores- e Iniesta de extremo izquierdo. Se volvió a ver al equipo alegre y concentrado del año pasado. La cosa tenía aspecto de nueva goleada porque el Getafe jugaba con dos puntas claros, no había venido a encerrarse. Y entonces…

Entonces llegó la expulsión. No la he visto repetida, pero en el campo me pareció rigurosa. La campaña del Villarato tan sabiamente urdida en Madrid empieza a dar frutos. El partido cambió. Guardiola no supo dar respuesta a la nueva situación y el Barça fue durante media hora un muñeco en manos del Getafe. Con Ibra y Messi arriba, no había presión y los tres del medio eran desbordados sin contemplaciones. El murmullo llegó a la grada… Hasta que el entrenador azulgrana corrigió su error, quitó a un Ibra desafortunadísimo y metió a Busquets. Ahí apareció el mejor Barça en mucho tiempo. Messi estuvo sublime. Hasta Maxwell jugó bien. Don Andrés emocionó a cualquiera que se sienta español y se volvió a vivir una noche de fútbol grande.

Al Getafe habría que hacerle un monumento. Un equipo modesto, con un presupuesto modesto, que ficha siempre con sentido, que puebla el equipo con chicos jóvenes y españoles y que apuesta por el fútbol de ataque. Pensar que Míchel y Hugo Sánchez coincidieron en el mismo equipo de jugadores resulta hasta ridículo cuando uno ve la apuesta futbolística por la que apuestan como entrenadores uno y otro. El equipo madrileño es de los que puede liarla contra cualquiera a poco que el contrario se descuide o sufra algún contratiempo. Ayer el Barça lo sufrió y tuvo que sacar todo el arsenal para ganar. Transmitió unas estupendas sensaciones.

Madrid.- Partido casi calcado al de Valencia. Valladolid y Español comparten la racanería de su juego, la justita calidad de muchos de sus jugadores y una cierta indolencia que resulta de lo más sorprendente. Antaño, este tipo de equipos suplía la inferioridad técnica -lógica porque la calidad se paga y muy cara- con agresividad y esfuerzo físico. Ahora ya ni eso. Lo que no encuentra lógica es que un jugador del Madrid haga más kilómetros y meta el pie con más ímpetu que uno del Español. Pues eso fue lo que ocurrió mientras el Madrid se lo tomó en serio -la primera parte-. No sólo corrieron más que su rival, sino que lo hacían mucho más rápido.

Tanto se ha partido este campeonato que hay partidos que, desde el minuto cinco, pierden toda emoción. En Mestalla y en el Bernabéu parecían enfrentarse equipos de diferentes categorías. Incluso, diría más, de diferentes planetas. No recuerdo una falta de emoción tan alarmante y no entiendo que equipos que se están jugando la vida renuncien de manera tan flagrante a dar la más mínima batalla.

En el Madrid, en todo caso, también hay buenas noticias para la Roja. Ramos está volviendo a ser el enorme jugador que fue. Una lástima que su recuperación coincida con su ubicación como central, pero en todo caso un Sergio pletórico es fundamental para la selección y lleva tres o cuatro partidos excelentes. Lo propio se puede decir de Arbeloa. Está en un momento físico impresionante y vuelve a ser el del Liverpool. Incluso Albiol, encajado entre los dos anteriores y exigido por una competencia que nunca tuvo en Valencia, se muestra mucho más atento. Si unimos éso a lo que vimos de Xavi, Iniesta y Busquets, podemos concluir que Suráfrica se nos empieza a asomar en el horizonte con las pilas cargadas hasta arriba.

Sevilla.- Recurrió Jiménez a la pareja Duscher-Lolo en el eje del centro del campo. Vamos, al equivalente del Albelda-Marchena que tanto le gusta a Emery. Los resultados fueron los esperados: el equipo no dio una a derechas. José Carlos y Capel no son Navas y Perotti, por añadidura. Si a eso le sumamos que el Zaragoza pareció un equipo diferente al que se ha arrastrado hasta la fecha por la Liga, la debacle sevillista estaba cantada. Se demostró, en todo caso, que lo que diferencia a un equipo en problemas dispuesto a salir del hoyo (Zaragoza), de uno que se hunde irremediablemente (Valladolid) es la velocidad. Los maños parecían aviones, a lo que contribuyó que su entrenador optara por dejar fuera a jugadores contemplativos estilo Pennant o Jorge López. Si siguen así, no tardarán en salir de la zona fatídica. Colunga y el Chupete son dos delanteros de los que pueden armarla en cualquier campo.

Villarreal.- Quería empezar la remontada en Mallorca. No pudo ser. Llorente nos mostró por qué Valverde no le daba más que minutos de la basura y falló goles cantados. Lo de desayunar y comer todos juntitos le supondrá un gasto suplementario al club y quedará muy bien de cara a la galería, pero no garantiza resultados. Europa, cada vez más lejos.

Levante.- Unas líneas, poco habituales, para hablar del Levante. Están los chicos de Orriols empeñados en recuperar a viejas glorias venidas a menos. Ballesteros, Juanfran, Lauren… Sólo les falta convencer a Johan Cruyff para que también se vista de corto. Entre tanto, a trancas y barrancas van para arriba. Si es que, donde hay entrenador…

La jornada.

Sevilla.- Es posible, aunque sólo remotamente, que Emery esté capacitado para entrenar al Valencia. No parece ser un tipo muy brillante, desde luego. Tampoco es Castelar a la hora de explicarse. Pero ni una ni otra son condiciones necesarias para poder entrenar al Valencia -tampoco sobrarían-. Lo que nunca va a conseguir el sr. Emery es demostrar que Albelda y Marchena pueden llevar a un equipo de la primera división española a aspirar a un campeonato. Con ellos, se puede ganar en Pamplona. Pero poco más.

Las claves internas de un vestuario son indescifrables si no se está dentro. Existen códigos, no obstante, en el fútbol que son universales. Y si tu entrenador sale con lo que Lagui califica de “leñeros” (para mí no llegan ni a eso) para organizar el juego de tu equipo, éste capta el mensaje y se pone el traje barraquero y se deja la ambición en la caseta. Por eso hasta que se vio perdiendo dos a cero, el Valencia pareció un equipito del montón que saltó al Pizjuán a llevarse un puntito y esperar tiempos mejores para volver a ganar. Cuando tu líder cambia de guión y se pone el traje de gallina cada vez que juegas contra un grande, tus perspectivas se estrechan.

Y eso que no fue el Sevilla gran cosa. Se limitó a explotar las debilidades del contrario, ésas que aquí se señalaban hace unos pocos días y que ya conocen hasta los locutores de emisoras piratas de Tombuctú. Presionó un poquito a los defensas, impidió que el balón llegase a Silva y aprovechó un córner. Con eso y algo de suerte, cualquier equipo  decente le puede ganar al Valencia. Un Valencia que si ya con Banega tiene problemas para jugarla desde atrás, con Albelda y Marchena convierte la transición en una quimera.

En estas circunstancias, estamos donde estábamos. El equipo tiene pinta de ser el tuerto en el país de los ciegos. No es la primera vez que pasa. Comenzó la primera vuelta del año pasado exactamente igual y a quienes avisábamos de que así no se iba a ninguna parte nos miraban raro -o nos llamaban madridistas-. Se ha hecho una gran primera vuelta a domicilio, pero ese domicilio no incluía Sevilla, ni Barcelona, ni Madrid, ni siquiera Villarreal. En las grandes ocasiones se conoce a los grandes hombres y Emery, a mí, me parece un tipo al que le viene grande el traje.

Gijón.- Vi al mejor Barça de la temporada. Al más enchufado a pesar de jugar contra un equipo menor. Tuvo ocasiones de sobra para haber goleado, pero le fallaron un Ibrahimovic que está en esas malas rachas de todos los delanteros y un Messi que tiene un tan elevado concepto de sí mismo que cada partido que pasa parece peor jugador. Curiosamente, ha coincidido con Villa en lo alto de la tabla de goleadores y en la demostración de que para digerir bien el éxito hay que tener una madurez que no a todos les alcanza.

La Coruña.- El Madrid sigue a lo suyo. Convirtió en muñeca de trapo a un Deportivo que lleva toda la temporada jugando en el alambre, pero mayoritariamente ganando -lo último, una eliminatoria al Valencia-. Lo hizo, además, sin Cristiano, lo cual es doblemente meritorio. De todos sus jugadores, quien más me impresiona es Alonso. Sigue perdiendo algún balón peligroso, pero reconozco que jamás creí que pudiera llegar a triunfar en el equipo blanco. Lo está haciendo y de qué manera. El taconcito de Guti ha sido convertido por el madridismo mediático en la octava maravilla cuando no fue más que una ocurrencia que, de hacerla un jugador de cualquier otro equipo, no pasaría de un mero comentario sin repetición. Guti se aprovechó de un Deportivo irreconocible y de los cinco metros que le dejaron en cada jugada. Cualquiera con una mínima idea puede convertirse en Pelé si le dejan cinco metros de libertad en cada jugada. Por lo demás, tanto él como Raúl no son más que dos restos del pasado, que se resisten a desaparecer, pero que lastran a un equipo que juega a una velocidad a la que ellos ya no llegan.

Villarreal.- ¿Hace falta que diga algo? Intelligenti pauca.

Atlético de Madrid.- Idem. Un equipo crepuscular, sin alma y con una defensa deplorable. Mucho tendrá que transformarse para ganarle la semifinal de Copa al Racing. Todas mis simpatías están con los de Santander.

De Fernandes, Cristiano y la Copa.

Fernandes.- He de reconocer que explicar el Valencia más allá de las lindes geográficas de la provincia es, a menudo, una quimera. Si el fútbol suele venir asociado con posiciones estrambóticas, en el VCF el “suele” desaparece directamente y una y otra vez nos encontramos con casos de expediente X. Analicemos, si no, el caso de Manuel Fernandes.

Como buen portugués aterrizado en Valencia para jugar a fútbol, el señor Fernandes es un caradura. En su cerebro, además, aseguran que la parte que se dedica al sano juicio no supera en tamaño a la de un coleóptero. Sobre eso pocos tenemos dudas. Pero, en su caso, es un caradura que juega de mediocentro creativo. Puede llegar a hacerlo bien y alguna vez incluso lo ha conseguido con esa camiseta. Su puesto lo ocupa Banega y el argentino, aunque tenga una alarmante inclinación a esfumarse, no lo está haciendo mal. Pero…y ahí viene la pregunta ¿qué pasaría si Banega deja de estar a ese nivel o, directamente, se lesiona? “Tenemos a Baraja”, dirígan algunos. Y, sí, está Baraja, pero este año no ha jugado ni medio partido. Más allá de que su cuerpo ya no esté para muchos achuchones, lo cierto es que el entrenador ha demostrado que no cuenta con él.

En ese contexto, ¿para qué dejan que se vaya Fernandes? ¿Cabe en cabeza humana? ¿No habría sido mejor intentar sacarle el máximo partido y luego, llegado el verano, quitárselo de encima buscándole alternativa? Máxime si consideramos que, en principio, lo que el simpático portugués desea es jugar partidos para estar en el Mundial.

Me temo que la alternativa de Emery será volver a jugar con Albelda y Marchena. Y eso puede ser un auténtico desastre. Para el Valencia, para Marchena y para la selección ¿Se dará cuenta Marchena de que su puesto es el de central? Si la evolución natural de los jugadores es ir retrasando su posición a medida que cumplen años, ganan experiencia y pierden velocidad, la pareja Emery-Marchena acabará con el sevillano jugando de delantero centro. Al tiempo.

Por cierto, y para acabar con el tema confección de plantilla, ya el año pasado se cedió a Zigic cuando el equipo no tenía delantero alguno para suplir a Villa. Este año se queda Zigic habiendo participado lo mismo -o menos- que la campaña anterior y, de postre, tenemos a Domínguez ¿Tenemos a Domínguez? Que alguien me lo explique. Expediente X.

Portugal.- Me dicen que Cristiano Ronaldo está muy preocupado. No es por la sanción que le han puesto -ya he dicho que para mí no era ni expulsión, por lo que todo lo demás es redundar en el absurdo-. Es porque está empezando a contemplar la posibilidad de que Miguel y Fernandes sean convocados para el Mundial. Tanto sufrir para clasificarse para luego esto. Yo, humildemente, le ofrezco un hueco en la Roja si quiere librarse de vividores y bebedores. Claro que Del Bosque sería capaz de no convocarlo. Delante tendría a Negredo, Capel y Navas. A la espera de algún sevillano más que pueda salir de aquella graciosa escuela.

Copa del Rey.- Emery tiró la Copa a la basura. Yo creo que fue porque alguien le dijo que su objetivo era entrar en Champions y él sólo entiende los razonamientos de uno en uno. El año anterior nadie le dijo nada y se dedicó a no ganar nada. Este año le han dicho que a Champions y el hombre va a por Champions. Para el año que viene, si continúa, vamos a introducirle una nueva variable: entrar en Champions y, si puede ser, hacer algo en Copa. Lo de Europa son palabras mayores y no sabemos si una tercera variable acabaría destrozando el disco duro.

Por cierto, gran Racing. Es un equipo que me gusta. Ya lo he dicho aquí alguna vez. Ese centro del campo con el titán Munitis, Colsa, Lacen y Serrano más Canales y Xisco arriba me parece de lo más potable de la media tabla. Un día, por cierto, alguien en el fútbol debería hacerle un monumento tamaño natural a Perico Munitis. Si lo hiciera en virtud de su rendimiento todos estos años, no cabría en un estadio. Un ejemplo para tanto cantamañanas.

¿Coloso con pies de barro?

                                          

 

            Andada la mitad del camino de esta temporada, la parroquia valencianista no sabe aún a qué atenerse. Los optimistas se agarran a la cómoda tercera posición del equipo en Liga para mostrar un entusiasmo moderado sobre lo que el futuro nos pueda deparar. Nadie puede negar que el equipo acumula cinco puntos más que el pasado año a estas alturas y que, de postre, sus rivales más temibles han pinchado más de la cuenta. Los más alborozados exigen, incluso, la renovación del entrenador por los méritos acumulados. Frente a ellos, no son pocos los que deploran el entreguismo del equipo en la Copa del Rey por ser el título que se antojaba más a tiro este curso y abundan quienes consideran que el Valencia sigue siendo un equipo con pies de barro, que basa su éxito más en la improvisación de su fenomenal delantera que en la puesta en marcha de un plan preconcebido.

 

            Pero, ¿es el Valencia un equipo fiable? ¿Ha logrado Unai Emery armar un grupo compacto en torno a un sistema de juego que nos garantice estabilidad? Cuesta creerlo. Aunque es innegable que esta temporada hemos visto buenos partidos, da la impresión que la mejora registrada se debe más a una cuestión de individualidades que a la fortaleza del conjunto. El aceptable desempeño que están teniendo algunos de los nuevos fichajes, además de la notable mejoría en sus prestaciones de jugadores antaño aletargados –Joaquín, Silva…-, han permitido dar un pequeño salto de calidad. Que no esconde, sin embargo, las lagunas que desde el banquillo no se han sabido trabajar.

 

            El Valencia es, así, un equipo incapaz de encontrar solución a los problemas que le crean los equipos que presionan la salida del balón de su línea defensiva, continúa concediendo demasiadas ocasiones a los rivales en las acciones a balón parado y no encuentra alternativas cuando la inspiración o las piernas de Banega, su evanescente mediocentro, dejan de acompañarle. Hasta ahora, le ha alcanzado para distanciarse de sus rivales, pero hay que recordar que las segundas vueltas, más dramáticas en su desenlace, suelen deparar partidos ásperos en los que los espacios en los que ha sabido moverse hasta ahora el cuarteto atacante del equipo  van a comenzar a reducirse.

 

            Ante eso, se puede esperar que los demás sigan pinchando, como han hecho hasta ahora, o exigir al entrenador que nos ponga al abrigo de la incertidumbre que genera depender del golito de Villa o de la jugada genial de Silva.  Y para ello, no basta con acudir a la oficina. Para eso hay que demostrar inteligencia, savoir faire y un nivel de impronta sobre los jugadores que, a estas alturas, no sabemos todavía si tiene Unai Emery. Lo que sí sabemos es que nadie se lo va a llevar de aquí, y menos aún con el estupendo sueldo del que disfruta, hijo de aquellos tiempos en los que los perros se ataban con longaniza.

El resumen.

            La primera vuelta de la Liga 2009-2010 no va a pasar a la historia. El nivel medio del campeonato no ha sido brillante. Bien pocas de las estrellas recién aterrizadas en España han dejado su impronta. Los que tenían que disputar el título –Barcelona y Madrid- gozan ya de una cómoda ventaja. Los equipos que vienen de Segunda ocupan puestos de descenso. Y en la tabla de goleadores mandan Messi y Villa. El margen para la sorpresa está siendo muy reducido.

 

            El Barcelona manda a pesar de no ser el del año pasado Ha perdido empuje en la presión y algunos de sus jugadores –Henry, Touré, Messi, Piqué, Márquez…- están lejos de su mejor nivel. Los otros, a menudo, parecen llevar el freno de mano echado. Tal vez porque no les ha hecho falta más. Al Barça le alcanza con unos pocos chispazos de sus cracks para finiquitar partidos ante rivales que, a menudo, salen derrotados desde la caseta. En su casillero cuenta con un solo punto menos, a estas alturas,  que el equipo rutilante del primer año de Guardiola. Habrá que ver cuando lleguen empresas mayores si consigue volver a aquel nivel. En tal caso, no tendrá rival.

 

            El Real Madrid acabó la primera vuelta del año pasado a doce puntos del Barcelona. Ahora está a cinco. Tiene, además, que recibir a los azulgranas en el Bernabéu y un calendario más benigno que el actual líder. Las dudas iniciales sobre la adecuación de Pellegrini al cargo han desaparecido y los fichajes le han funcionado razonablemente bien. Es cierto que Kaká no es el que era y que Benzema no consigue asentarse. Pero Ronaldo se está mostrando intratable y Alonso está rindiendo más de lo que muchos augurábamos. Si, de postre, Higuáin se une, como ha hecho, a la fiesta, concluiremos que Florentino tiene razones para estar satisfecho. Con Ronaldo en el campo, es un serio aspirante a todo y tiene a su favor la ambición que se empieza a echar en falta en Barcelona.

 

            La zona Champions aparece mucho menos atascada que la campaña anterior. El Valencia suma cinco puntos más que entonces. Justo al revés que sus grandes rivales para ese objetivo: Sevilla, Villarreal y Atlético de Madrid, que cuentan con cinco, siete y ocho puntos menos. Los de Emery son un conjunto más fiable esta temporada, entre otras cosas porque han reforzado su portería (César fue un fichaje invernal, recordemos), cuentan con dos nuevos laterales que mejoran en mucho lo que había y, sobre todo, han recuperado al mejor Silva. La irrupción del canario se basta por sí sola para hacer del ataque valencianista uno de los más operativos del campeonato y sirve de contrapeso a las lagunas tácticas de las que sigue adoleciendo el equipo en muchos partidos.

 

            El Sevilla mantiene una línea de juego uniforme que, salvo sorpresa, hará que se mantenga arriba, tanto más en cuanto recupere a sus delanteros titulares. Negredo no ha respondido cuando más le necesitaba el equipo y los de Jiménez han dejado escapar puntos incomprensibles que les han apeado del tren de la Liga. Atlético de Madrid y Villarreal están recogiendo lo que han sembrado mal. Los primeros parecen un equipo en liquidación y a nadie debería sorprender que acaben luchando por no pasar apuros. Desde la provincia de Castellón, por su parte, se comenzó la temporada con aspiraciones de luchar por el título y todo apunta a que tendrán que esperar algún año más. El fútbol es así.

 

            Y desde el décimo hacia abajo, todos a luchar por no descender. Con el Jerez ya defenestrado, nadie está a salvo de acompañar a los andaluces al pozo. Tenerife, Sporting, Racing y Málaga ofrecen ratos de buen fútbol. Osasuna asegura intensidad en cada partido. El resto, ni fu ni fa. Si bajaran seis, a nadie le extrañaría. Lo merecen.

Resumen de la jornada.

Tenerife-Valencia.- El único equipo que trianguló, presionó de manera concertada, defendió de manera ordenada y pareció responder a una estrategia fue el Tenerife. El Valencia, como buena parte de la temporada, fue un anárquico grupo de once jugadores entre los que había unos cuantos rematadamente buenos.  Es curioso, por no decir irónico, que durante la semana en la que no sé exactamente quién parece haber pedido la renovación de Emery (sic), el Valencia jugase como si no lo entrenara nadie. Crueldades del destino o señales del cielo, vete tú a saber.

El Tenerife, en todo caso, es un equipo que sabe a lo que juega. Y juega bien. Tiene claro que quiere sacar el balón controlado desde atrás y lo tiene trabajado. Tenía claro que tenía que presionar al Valencia arriba y lo hizo. El equipo de Champions iba de blanco, vamos. El otro, el de Emery, ni presionaba arriba, ni sabía salir de la presión rival con otro recurso que el patadón. Con la particularidad de que sus defensas suelen mandar ese patadón a la grada. Si a todo eso añadimos que Nino encaró a Navarro con la facilidad que lo haría Messi, que Mata se dedicó todo el partido a jugar por donde debía hacerlo Silva, dejando todo la banda izquierda para Bruno, que Villa sigue completamente equivocado en su concepto de sí mismo y que Emery sólo dispuso de tres cambios (cuando él necesito un mínimo de ocho para cumplir su objetivo), concluiremos que el punto hay que darlo por bueno. Con todo, el Valencia tiene gente tan buena arriba que tuvo sus ocasiones. El equipo se colgó de la espalda de Silva y con eso le alcanza para poner en aprietos a cualquiera.

Por cierto, si ayer no salió Domínguez por Villa, no lo va a hacer nunca.

Valladolid-Barça.- Es el Valladolid un equipo que huele a Segunda. Y la verdad es que sería una lástima porque Castilla bien merece un equipo en la máxima categoría. Pero más allá de la propia calidad de los jugadores, a los que se ve justitos, se ve un equipo sin alma. Pareció un juguete en manos del Barça, que a poco que se hubiera esforzado habría salido de Pucela con un saco de goles. Esta Liga no es lo que era. Hasta no hace demasiado, uno siempre se podía esperar una sorpresa en campos tipo Zorrila. Ahora la duda es cuántos le caerán al equipo de casa. Una lástima.

Madrid-Málaga.- Otro tanto se puede decir de este partido. Al Madrid le bastó con un par de fogonazos de Cristiano para echarse a dormitar a esperar palabras mayores. La diferencia entre ambos equipos era tan abismal que nunca se vio posibilidad de que pasara otra cosa. Criticar a los blancos porque no dan espectáculo es tan absurdo como esperar que alguno de los equipos de abajo puntúen en el Bernabéu. La Liga se ha partido de manera definitiva. Sólo cinco o seis equipos representan oposición puntual a los dos grandes. El resto sirven de relleno a la competición y juegan a otra cosa que se llama no descender.

Punto y aparte lo de Cristiano. Cualquiera que haya jugado un poquito a fútbol, como bien dijo el interesado, sabe que lo que hizo el portugués fue quitarse de encima a un tío que le agarraba de la camiseta de manera insistente. Tuvo la mala suerte que le dio en la nariz y le hizo daño. Pero eso no era tarjeta bajo mi punto de vista. Ni roja, ni amarilla. A los árbitros parece que les encanta hacer de justicieros y meterse con el rebelde. Cristiano ya va aprendiendo lo tiquismiquis que son los árbitros de aquí. Con o sin expulsión, Ronaldo es la gran aparición de la Liga. Con él, siempre puede pasara algo y ese algo es, casi siempre, bueno.

Sevilla-Almería.- El Almería era, con Hugo Sánchez -el peor entrenador que ha pasado por España en las últimas décadas-, una ánima en pena con el cartel de segunda división colgado al cuello. Lillo parece haberle dado otro aire. Pero mucho tendrá que trabajar para recuperar a un grupo que el mexicano dejó exangüe. El Sevilla ganó de chiripa. Gol de Negredo. Un grupo importante de aficionados dirán que para marcar esos goles “hay que estar ahí”. Yo no. Esos goles los marca hasta la castañera de la esquina.

Deportivo-Bilbao.- Uno de los partidos más raros de la temporada. Hasta el minuto 30 el Bilbao parecía el Milán de Sacchi. Luego, se vino abajo. Algo parecido al partido de Copa contra el Valencia, pero aún más exagerado. Es el Depor un equipo que te va minando el ánimo de manera imperceptible, que va adueñándose de trocitos de campo poco a poco, igual que un topo va excavando su agujero. Al final, no sabrías destacar a nadie, no podrías decir de quién ha sido culpa, pero te ha ganado el partido. Acusará la baja de Filipe.

Cuatro leches.

Apañado estaría el fútbol si tuviera que ser Unai Emery el propulsor de su evolución futura. De todas las virtudes que se suponen a un entrenador del máximo nivel, el actual del Valencia no atesora prácticamente ninguna, teniendo en cuenta que la asistencia al trabajo no es virtud sino obligación. No tiene predicamento entre los hombres a sus órdenes, practica una política de personal errática, desconoce el cultivo social donde trabaja, no planifica bien la temporada, desprecia competiciones en las que el club podría seguir creciendo, lee mal los partidos y, por añadidura, casi nunca acierta con los cambios. Éso si los hace, porque en muchos partidos ni tan sólo los agota.

En ese contexto, únicamente una luminaria puede plantearse esa absurda iniciativa. Que Emery pida poder realizar un cuarto cambio es lo mismo que si un ciego plantease cambiar el color de las luces de los semáforos ¿Para qué? Antes de siquiera abrir la boca -a menudo sin pensar lo que dice- seguramente debería reflexionar sobre el verdadero impacto que sus cambios han tenido en el equipo (más allá de la soberana idiotez de que fue la salida de Marchena la que apuntaló el partido contra un Villarreal desquiciado y con diez hombres en el último partido). Si contabilizamos los cerca de ochenta -¡válgame  Dios!- partidos que Emery ha dirigido al Valencia ¿en cuántos su política de cambios ha determinado el resultado de un encuentro? Yo diría que casi en los mismos en los que su cacareada capacidad para idear estrategias a balón parado le ha dado algún punto al equipo.  

A partir de lo anterior, seguir discutiendo es perder el tiempo.

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