Se ha hablado de la llegada de Alonso a Ferrari desde hace más de un año y medio; ahora, la espera por fin ha terminado. Han sido meses de vueltas y más vueltas sobre el fichaje del español por el equipo de referencia en la Fórmula Uno. Todos salivábamos como el perro de Paulov a la espera de esta confirmación que tiñe de rojo este mes de octubre y, esperemos, que muchos más años repletos de éxitos.
En los últimos meses, hubo dos señales que marcaron claramente el camino del asturiano hacia la casa de Maranello. La primera fue el anuncio por parte de Ferrari de la realización de las World Finals en la pista de Cheste. Celebrar por primera vez este acto de orgullo por la marca italiana lejos de las tierras de la Emilia-Romaña nos hacía sospechar que Fernando sería parte de la fiesta y así lo será. La segunda clara indicación fue el anuncio del contrato de patrocinio por parte del banco de Santander. Siempre se ha dicho que los patrocinadores ponen a los pilotos. En este caso, incluso, ocurre que hasta el patrocinador se dedica a hacerle hueco en McLaren al cesante Kimi Raikkönen.
El sueño de una vida
Para un piloto de Fórmula Uno conducir para Ferrari es el gran sueño. Fernando lo ha confesado. Y también que no le molestará que se compare su trayectoria en Ferrari con la de Michael Schumcher. Pues hagámoslo. El piloto alemán llegó a Maranello en la temporada 1996; en el octavo Gran Premio de ese año dio su primera victoria a la Scuderia. Años después, cuando abandonó el equipo a finales de 2006, Schumi había regalado a los tifosi cinco títulos en el mundial de pilotos y seis en el de constructores.
El gran logro del piloto alemán, que desborda por sus cifras, fue sacar a este equipo de un sequía que arrastraba desde principios de los años ochenta.
Alonso llega a una Ferrari muy diferente a la que se encontró Schumacher. A pesar de su derrota en 2008 y la humillación por la que se arrastra este año, Ferrari sigue siendo candidato a la victoria.
Equipo latino, piloto latino
En una ocasión un gasolinero romano me preguntó que de dónde era; yo le dije: “De Valencia, de España”. “Ah, latino” contesto él. Así es: somos hijos del imperio (romano). Fernando llega a un equipo en el que puede hablar en italiano con sus mecánicos, ingenieros y, especialmente, con la prensa italiana. A Schumacher le costó mucho, mucho; Kimi jamás lo logró. Recuerdan el “prova d’imparare” (a ver si aprendes) que le soltó a Massa en Nüburgring en 2007. Alonso reñía delante de las cámaras en italiano al piloto brasileño del equipo italiano.
El bicampeón español llega a una nueva casa en la que se le esperaba desde hace tiempo y donde la sangre es más roja que en ningún otra parte. Si tienen ocasión, viajen a Maranello en 2010 y vean en cualquier bar o, incluso mejor, en el auditorio Enzo Ferrari una carrera: es todo un espectáculo. Ferrari es una religión.
Esta noticia parece sepultar como una gran losa los efectos del Singapurgate y nos hace desear que comience ya el mundial de 2010. Paciencia y mucho éxito para Fernado Alonso.
